
Las enfermedades crónicas no solo impactan en el cuerpo, sino también en la mente y en las emociones. Los pacientes que viven con patologías como diabetes, enfermedades cardiovasculares o respiratorias, presentan una tasa de depresión tres veces mayor que la de la población general. Se estima que más de la mitad de esas personas que conviven con una depresión no lo saben. Y de la minoría que es diagnosticada, menos del 30 % inicia un tratamiento. Por lo tanto, podemos estimar que sólo alrededor del 15 % de los afectados totales recibe un abordaje profesional. ¿Qué pasa con el 85 % restante que tiene que convivir con una enfermedad crónica y con una depresión?
La solución para romper el círculo vicioso
Vivir con una enfermedad crónica es estresante. El estrés sostenido en el tiempo, si no se maneja, lleva a la depresión. Esto complica aún más la situación puesto que el problema en la salud mental afecta la capacidad para seguir el tratamiento clínico, agravando la enfermedad de base. Para ser más claros: subdiagnosticar el cuadro de la salud mental, y por lo tanto no abordarlo, empeora la enfermedad física y perpetúa el ciclo de estrés crónico y deterioro psicológico.
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En vez de eso, si se brinda apoyo psicoterapéutico desde el momento del diagnóstico de la patología crónica -que siempre implica un impacto fuerte y conlleva cimbronazos a nivel social, laboral y personal-, se puede evitar esta cascada de padecimientos. Porque es fundamental resaltar que podemos romper este ciclo negativo.
El "Trastorno somatotímico", un término que desarrollé en mi tesis de doctorado, pone un nombre a esta realidad que está presente pero no siempre visible. Para avanzar, necesitamos una medicina que combine la excelencia técnica con una mirada integradora y humanista.
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Por qué se invisibiliza el factor psicológico
Muchos elementos estructurales conspiran contra la detección temprana de la depresión. Una persona con diabetes, por ejemplo, suele justificar su falta de motivación o su desánimo diciendo: "Es que la diabetes me tiene mal". Sin embargo, puede estar inmersa en un estado depresivo.
El sistema de salud actual no está diseñado para identificar y tratar la depresión en pacientes crónicos. Los médicos están formados para ver el síntoma y los exámenes de laboratorio y, al centrarse sólo en los parámetros físicos del paciente, a menudo pasan por alto el estado emocional.
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Por otro lado, el vínculo empático y la escucha atenta que permite la detección del componente depresivo tiende a quedar relegado en las consultas rápidas. Esto debe cambiar urgentemente.
Un enfoque interdisciplinario y humanista
Entonces, ¿cómo podemos revertir esta situación? Necesitamos romper con la visión compartimentalizada que separa el cuerpo y la mente, y comenzar a tratar al paciente como un ser completo. Un diagnóstico precoz de la depresión en pacientes crónicos debe ser prioritario ya que es probable que el paciente no lo exprese por iniciativa propia. Por eso, requiere una búsqueda activa que sólo será posible si los médicos y el equipo de salud están capacitados para detectarlo.
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En el Hospital Italiano de Buenos Aires trabajamos para integrar los servicios de salud mental en la atención de las personas con enfermedades crónicas. Esto tuvo consecuencias favorables como una mayor adherencia al tratamiento; la disminución de las complicaciones de la enfermedad; y la reducción de los costos relacionados con la salud; entre otras.
Un abordaje interdisciplinario, que incluya la psiquiatría, la psicología y terapias grupales o individuales, es clave para mejorar la calidad de vida de estos pacientes y prevenir que su situación empeore. La excelencia pasa por ese enfoque múltiple, colaborativo y cotidiano. Solo así podremos ofrecer el tratamiento que realmente se necesita: uno que no solo mejore la salud física, sino también el bienestar emocional.
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