
La autonomía y la calidad de vida tras los 55 años pueden preservarse con enfoques respaldados por la ciencia. Un reciente estudio de la Universidad de Évora, Portugal publicado en la revista Frontiers in Physiology, concluyó que el tipo de ejercicio practicado incide directamente en la fuerza y el equilibrio de las personas mayores. De acuerdo con sus conclusiones, el entrenamiento sensoriomotor y el ejercicio acuático sobresalen como las opciones más efectivas para fortalecer la capacidad física y prevenir caídas a medida que avanza la edad.
El trabajo se realizó en la ciudad Almada, con la participación de 153 personas de entre 55 y 80 años, divididas en grupos de entrenamiento sensoriomotor, aqua aerobic, Pilates y un grupo control. Durante 24 semanas, todos siguieron rutinas pautadas y monitoreadas por profesionales. Los hallazgos proporcionan orientación valiosa para quienes buscan métodos seguros y eficaces que favorezcan la independencia en la etapa madura de la vida.
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El sensorimotor y el acuático, los que más mejoran la función física

El ensayo reveló que el grupo que practicó entrenamiento sensoriomotor exhibió mejoras notables en fuerza, estabilidad, flexibilidad y movilidad. Los investigadores evaluaron la progresión física de los participantes mediante pruebas objetivas antes y después de la intervención.
Por su parte, quienes participaron en el grupo de aqua aerobic también lograron avances, sobre todo en ejercicios enfocados en la fuerza muscular y la flexibilidad articular. En contraste, los integrantes del grupo de Pilates y aquellos que no realizaron actividad física estructurada no mostraron mejoras significativas en ninguna de las variables analizadas. El artículo científico resalta que las rutinas acuáticas resultan especialmente recomendables para personas con sensibilidad articular o movilidad limitada, ya que el agua disminuye el impacto y facilita el movimiento.
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Prevenir accidentes y promover la autonomía diaria

La investigación de la Universidad de Évora subraya que tanto el entrenamiento sensoriomotor como el acuático inciden directamente en la reducción de riesgos relacionados con el envejecimiento, como los accidentes domésticos y la pérdida de independencia. Las rutinas sensoriomotoras comprenden ejercicios simples, entre ellos el equilibrio sobre una pierna, los desplazamientos laterales y la caminata talón-punta, que pueden incorporarse fácilmente en la vida diaria sin requerir equipamiento especial. Estas prácticas ayudan a fortalecer los músculos profundos del core y favorecen una buena postura.
La evidencia científica confirma que desarrollar y mantener estas capacidades físicas reduce la probabilidad de accidentes, un desafío que afecta aproximadamente al 30% de los adultos mayores que viven por cuenta propia, según datos recogidos por la revista española especializada en salud Metabolic y diversas entidades sanitarias. La integración de ejercicios adaptados a la edad y las condiciones individuales permite a las personas mayores desenvolverse con mayor seguridad tanto en el hogar como en la vía pública.
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Elegir bien el ejercicio puede cambiar el curso del envejecimiento
El estudio enfatiza que no todas las alternativas de actividad física generan los mismos efectos después de los 55 años. Especialistas consultados coinciden en que la clave reside en escoger prácticas que trabajen la fuerza, el control postural, la coordinación y la movilidad de manera integral y ajustada a las capacidades de cada persona.

El entrenamiento funcional, que reproduce movimientos habituales de la vida cotidiana, y la gimnasia en el agua, que aprovecha la flotabilidad para reducir el esfuerzo sobre las articulaciones, se consolidan como opciones eficaces y seguras en la etapa madura. La Universidad de Évora recomienda priorizar las rutinas sensoriomotoras y acuáticas para quienes desean prolongar la independencia y una buena condición física.
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La combinación de estudios científicos y propuestas de actividad física personalizadas permite a los adultos mayores no solo reducir lesiones, sino también disfrutar de una rutina más activa y autónoma. Los resultados obtenidos por el equipo portugués abren nuevas perspectivas para la promoción de la salud en la tercera edad y confirman que elegir el ejercicio correcto puede tener un impacto significativo en la experiencia del envejecimiento.
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