
Moverse, incluso de manera suave a través de una caminata, una clase de yoga o un videojuego activo, puede convertirse en uno de los hábitos más determinantes para mantener la memoria y el cerebro en forma a cualquier edad.
Nuevas investigaciones internacionales confirman que la actividad física, adaptada a cada persona y realizada con regularidad, potencia la agudeza mental, la memoria y la toma de decisiones, sin exigir esfuerzos extenuantes ni rutinas complicadas.
Lo realmente llamativo es que estos beneficios están al alcance de todos, con prácticas tan sencillas como una pausa activa en el trabajo o una partida de videojuegos con la familia.
Ejercicio físico y función cerebral: lo que revela la ciencia
El ejercicio físico, incluso en formas suaves como caminar, practicar yoga o participar en videojuegos activos, mejora la memoria y la función cerebral en personas de todas las edades.
Esta conclusión surge de una revisión coordinada por investigadores de la Universidad del Sur de Australia, que analizó más de 2.700 estudios y los datos de 250.000 participantes, según informó The Independent. El medio destaca que no es necesario realizar actividades extenuantes para obtener beneficios cognitivos sustanciales.

El estudio, dirigido por Ashleigh E. Smith y Ben Singh, evaluó el impacto de la actividad física en la cognición, la memoria y la función ejecutiva.
Los investigadores concluyeron que mantener el cuerpo en movimiento, mediante ejercicios estructurados o acciones cotidianas, contribuye a pensar con mayor claridad, tomar mejores decisiones y mantener la concentración. “El ejercicio ayuda a mejorar la función cerebral, ya sea con una caminata, ciclismo, yoga, baile o incluso el uso de videojuegos activos como Pokémon GO”, explicaron los autores en declaraciones reproducidas por The Independent.
Beneficios en todas las etapas y condiciones
Las mejoras cognitivas se manifiestan en todos los grupos etarios, aunque los avances en la memoria resultan especialmente notables en niños y adolescentes.
En personas con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), la actividad física favorece un progreso superior en la función ejecutiva frente a otros grupos analizados. Además, los beneficios pueden evidenciarse en poco tiempo: muchas personas perciben cambios positivos tras solo 12 semanas de ejercicio regular.

La revisión indica que la intensidad o el tipo de actividad no determinan en exclusiva la magnitud de los resultados.
Actividades de baja intensidad, como el yoga o el taichí, ofrecen efectos comparables a los ejercicios más vigorosos como correr o levantar pesas. Estas prácticas, además de ser accesibles, demandan concentración, coordinación y toma de decisiones en tiempo real. Según recoge The Independent: “Las actividades de menor intensidad, como el yoga, pueden ser tan efectivas como otros ejercicios”.
Rutinas recomendadas y pruebas científicas
Se observaron los mayores beneficios en quienes acumulan al menos 30 minutos de ejercicio la mayoría de los días de la semana, sumando cerca de 150 minutos semanales. Las investigaciones utilizaron pruebas como recordar listas de palabras, resolver rompecabezas o alternar tareas rápidamente para medir la función cerebral, y hallaron mejoras de leves a moderadas en cognición, memoria y función ejecutiva.
Desde el punto de vista científico, la actividad física aumenta el tamaño del hipocampo, área cerebral clave para la memoria y el aprendizaje. En adultos mayores, un año de ejercicio aeróbico eleva el volumen del hipocampo en un 2%, lo que revierte el equivalente a uno o dos años de pérdida cerebral asociada a la edad.

Los entrenamientos más demandantes, como el interval training, estimulan la neuroplasticidad, o sea, la capacidad cerebral de adaptarse y reorganizarse, lo que promueve el aprendizaje y la agudeza mental.
Adaptar el ejercicio a cada etapa de la vida
La investigación citada por The Independent destaca que incorporar ejercicio estructurado en la rutina diaria ofrece beneficios adicionales para el cuerpo y el cerebro, más allá de las actividades cotidianas. Se recomienda adaptar la actividad física a cada momento vital: desde jugar videojuegos activos con nietos, hasta breves sesiones de yoga entre reuniones o clases de baile para mejorar la concentración en adolescentes con TDAH.

Con una población mundial cada vez más longeva, el riesgo de deterioro cognitivo aumenta. Sin embargo, uno de cada tres adultos no realiza suficiente actividad física. Además, se observan mejoras en concentración y rendimiento cuando se incorporan pausas activas durante el trabajo o en el aula.
El ejercicio físico se consolida como una solución sencilla y eficaz para cuidar la mente y potenciar la memoria, accesible para personas de cualquier edad o condición física. Como recuerda The Independent, sus beneficios están disponibles para todos y pueden disfrutarse en cualquier etapa de la vida.
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