
Para muchas personas que abandonaron el consumo de carne durante meses o incluso años, reincorporarla puede convertirse en una experiencia física inesperada. La sensación de pesadez estomacal, junto con síntomas como náuseas o diarrea, fue relatada en plataformas por quienes, tras probar nuevamente un bocado, se encontraron con un cuerpo que parecía no estar listo para procesarlo.
La digestión se adapta, pero no se “olvida”
“No existe evidencia científica que respalde firmemente la idea de que el cuerpo olvida cómo digerir ciertos alimentos tras una ausencia prolongada”, afirma Trista Best, MPH y dietista registrada en The Candida Diet, en declaraciones recogidas por Well+Good.
No obstante, sí reconoce que existen procesos de adaptación fisiológica: “Las enzimas digestivas y la microbiota intestinal cambian y se adaptan a los hábitos alimenticios habituales de cada persona”.

Best explicó que la producción de enzimas digestivas responde a la composición de la dieta, y que al dejar de consumir ciertos alimentos, el organismo puede disminuir la producción de las enzimas necesarias para procesarlos.
Esto no implica pérdida de capacidad digestiva, sino un ajuste temporal en su eficiencia. “La producción de enzimas está regulada por la ingesta dietética, y cuando esta cambia, también lo hace la cantidad de enzimas digestivas producidas”, manifestó.
Cambios rápidos en el microbioma intestinal
Un estudio publicado en la revista Nature en 2014 (David et al., 2014) evidenció que los cambios en la microbiota intestinal pueden producirse en cuestión de días, dependiendo de la dieta.

En ese trabajo, los investigadores diseñaron dos planes de alimentación contrastantes para los participantes, uno basado en alimentos de origen vegetal y otro en productos animales, que incluían carnes, huevos y queso. Durante cinco días, se observaron alteraciones notables en la composición microbiana de los intestinos.
El consumo de productos animales aumentó la presencia de bacterias capaces de resistir la bilis, lo que mejora la digestión de grasas, mientras que disminuyó la cantidad de bacterias que ayudan a descomponer fibras vegetales.
Trista Best, citada por Well+Good, señaló que estos cambios, aunque rápidos, son “altamente reversibles” y que “la producción de enzimas suele volver a la normalidad cuando se reintroduce el alimento y se consume con regularidad”.
Las enzimas digestivas permanecen activas

Incluso después de largos períodos sin carne, el cuerpo conserva su capacidad para procesar proteínas animales. “Las mismas enzimas que se usan para digerir la proteína de la carne también se usan para digerir la proteína vegetal, así que aún tendrías suficientes enzimas para digerir la carne, incluso después de una larga ausencia”, explicó Roshini Raj, gastroenteróloga certificada de NYU Langone y cofundadora de YayDay a Well+Good.
Las enzimas clave involucradas en la digestión de proteínas —como la pepsina, las proteasas y la tripsina— no se detienen mientras haya una fuente de proteínas en la dieta. Por eso, a pesar de la eliminación temporal de la carne, estas enzimas continúan activas y disponibles.
La grasa y el método de cocción: dos factores clave
El malestar que muchas personas experimentan al volver a consumir carne podría explicarse más por su alto contenido graso que por una supuesta incapacidad digestiva.

Según la doctora Raj, también citada en Well+Good, es más probable que alguien se sienta menos tolerante a la carne después de no consumirla por un tiempo porque tiene un mayor contenido de grasa que los platos a base de plantas.
Además, el modo de preparación también influye. Un estudio publicado en el Journal of Animal Science and Technology en 2023 (Kim et al., 2023) indicó que técnicas como el sous vide pueden ayudar a descomponer mejor las proteínas, acelerando el proceso digestivo y disminuyendo las probabilidades de malestar.
Cómo reincorporar la carne de forma gradual
Para quienes desean volver a introducir carne en su dieta, los especialistas recomiendan hacerlo de forma progresiva. “Reintroduce el alimento gradualmente, como una o dos veces por semana, para evitar síntomas digestivos indeseados”, aconsejó nuevamente Raj en diálogo con Well+Good.
Dawn Jackson Blatner, dietista, también citada por el medio, sugirió comenzar con porciones pequeñas, del tamaño de un condimento, e incrementar gradualmente hasta alcanzar una ración completa en el transcurso de varias semanas.

Esta transición puede incluir platos mixtos como ensaladas con una rebanada de carne o guisos de legumbres con carne molida. Incluso cocinar verduras con grasa de res puede facilitar el ajuste digestivo.
Blatner enfatizó además la importancia de mantener una dieta rica en alimentos diversos y naturales. “La clave es nutrir las bacterias beneficiosas que favorecen la digestión, el sistema inmunitario e incluso el estado de ánimo mediante el consumo de una amplia variedad de alimentos, como frutas, verduras, cereales integrales y alimentos fermentados”, dijo.
Además, advierte que las dietas altas en productos ultraprocesados y azúcares añadidos pueden promover el crecimiento de bacterias intestinales menos beneficiosas, deteriorando la salud digestiva.
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