
El brócoli se ha consolidado como uno de los alimentos más valorados en planes de alimentación equilibrada. Su perfil nutricional y su reducido aporte energético lo colocan como una opción frecuente en menús enfocados en el bienestar integral.
De acuerdo con el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria, pertenece a la familia de la col y está estrechamente relacionado con la coliflor y las coles de Bruselas. Su composición lo distingue por la presencia de vitaminas y compuestos bioactivos.
A ello se suma su versatilidad culinaria, que permite incorporarlo en preparaciones frescas o cocidas sin perder de vista sus propiedades.
Alto contenido de vitaminas y minerales esenciales

“El brócoli es miembro de la familia de la col y está estrechamente relacionado con la coliflor y las coles de Bruselas; es rico en vitaminas A, B, C, K y fitonutrientes que ayudan a disminuir el riesgo de desarrollo de cáncer y diabetes”, señala el organismo.
La misma fuente detalla que “una porción de 100 gramos de brócoli proporcionará más de 150 % de la ingesta diaria recomendada de vitamina C”. Este dato lo convierte en un aliado para fortalecer el sistema inmunológico.
Además, aporta hierro, magnesio, zinc, cromo, cobre, potasio, fósforo, proteína y fibra, elementos clave para múltiples funciones del cuerpo.
Bajo en calorías y prácticamente sin grasa

La Dirección General del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera destaca que “debido a su bajo aporte calórico y el hecho de, prácticamente, carecer de grasas, el brócoli es un alimento altamente consumido en la dieta de personas que sufren padecimientos cardíacos”.
Su perfil lo hace compatible con planes alimenticios orientados al control de peso y al cuidado cardiovascular, sin sacrificar densidad nutrimental.
Esta combinación de bajo contenido energético y riqueza en micronutrientes explica su presencia constante en recomendaciones dietéticas.
Cómo consumirlo para conservar sus propiedades

Los especialistas coinciden en que la forma de preparación influye en la conservación de nutrientes. “La mejor forma para consumirlo es en crudo”, precisa la dependencia.
En caso de optar por la cocción, se sugiere hervirlo el menor tiempo posible para evitar la pérdida de sus propiedades durante el proceso.
Así, ya sea en ensaladas, al vapor o como acompañamiento, el brócoli mantiene su lugar como un recurso accesible y nutritivo dentro de la alimentación diaria.



