
Imagina que los sonidos cotidianos, desde una simple conversación hasta el zumbido de una heladera, se convierten en una fuente de molestia constante e incluso dolor. Esta situación es parte de la vida diaria de quienes sufren hiperacusia, una hipersensibilidad auditiva que, según la Universidad de Montreal, afecta a cerca del 15% de la población y provoca un impacto importante en más de uno de cada cien individuos.
Una investigación reciente realizada en Canadá aporta un avance clave: la detección de la hiperacusia en rangos de frecuencia superiores a los que habitualmente se estudian, lo que podría revolucionar el diagnóstico y el tratamiento de este trastorno sensorial.
Por qué la hiperacusia convierte sonidos normales en una molestia extrema
A diferencia de la pérdida auditiva tradicional, la hiperacusia no implica dejar de oír, sino sentir que los sonidos comunes llegan con una intensidad desbordante. Actividades diarias como hablar con amigos, trabajar en una oficina o disfrutar de un café en una cafetería pueden transformarse en experiencias abrumadoras o incluso dolorosas para quienes conviven con este problema.

El origen de la hiperacusia puede estar en traumatismos cerebrales, trastornos del espectro autista, enfermedades del oído o, en muchos casos, no presentar una causa clara. Charlotte Bigras, audióloga e investigadora de la Universidad de Montreal, resalta que las personas afectadas suelen evitar espacios ruidosos para protegerse del malestar, lo que, a largo plazo, conduce al aislamiento social y a la incomprensión de quienes las rodean.
Además, la dificultad para comprobar el trastorno mediante pruebas objetivas agrava la estigmatización. “Muchos pacientes escuchan que ‘todo está en su cabeza’, pero en realidad se trata de un trastorno sensorial”, explica Bigras.
A diferencia de la hipoacusia, cuya medición objetiva es sencilla con estudios auditivos, la evaluación de la hiperacusia se realiza principalmente a través de cuestionarios y escalas subjetivas, lo que complica no solo el diagnóstico, sino también el acceso al tratamiento o al reconocimiento legal, como señala la experta canadiense.

Un descubrimiento clave: la importancia de las frecuencias altas
Hasta ahora, la valoración clínica de la hiperacusia se centraba en frecuencias sonoras que van de los 250 a los 8.000 hertzios, que corresponden al rango más relevante para comprender el habla. Sin embargo, el equipo de la Universidad de Montreal investigó qué ocurre más allá de ese espectro.
Publicado en la revista Hearing Research, su estudio analizó el umbral de incomodidad ante sonidos de frecuencias superiores a los 8.000 hertzios, que habitualmente no se estudian en las consultas audiológicas rutinarias.

La evidencia científica reciente demuestra que alteraciones auditivas como el tinnitus pueden aparecer primero en estos rangos altos y pasar inadvertidas en pruebas convencionales.
Los resultados fueron reveladores: los casos de hiperacusia pueden aparecer y detectarse primero en las frecuencias más altas, incluso cuando las pruebas tradicionales salen normales. Este hallazgo sugiere la utilidad de incorporar la medición de estos rangos en la práctica clínica. Al hacerlo, se lograría identificar tempranamente a personas con hiperacusia que hoy no logran un diagnóstico claro ni acceso a un tratamiento adecuado.
El desafío de una evaluación objetiva y los obstáculos sociales
Una de las grandes barreras para quienes padecen hiperacusia es que el diagnóstico aún se basa, en buena medida, en reportes personales y en escalas de molestia ante el sonido. Para muchos, sobre todo para los sistemas de salud y aseguradoras, este carácter subjetivo dificulta tanto el reconocimiento como la financiación de intervenciones.
La audióloga Charlotte Bigras insiste en la necesidad de “criterios diagnósticos validados y objetivos” para que la condición sea reconocida de pleno derecho en ámbitos clínicos y laborales. Por eso, el avance de medir frecuencias superiores a 8.000 Hz resulta especialmente valioso y puede ser el punto de partida para métodos más certeros.

En la práctica, la falta de diagnóstico adecuado significa años de incomprensión y sufrimiento. Las personas con hiperacusia suelen ser percibidas como poco sociables, ya que evitan encuentros y ambientes ruidosos. Este aislamiento social no hace sino agravar el malestar emocional, generando un círculo vicioso difícil de romper sin el acompañamiento especializado correcto.
Nuevas perspectivas para el tratamiento y el acompañamiento
El abordaje terapéutico de la hiperacusia suele combinar diferentes estrategias, especialmente cuando el diagnóstico se realiza a tiempo. Una de las más utilizadas es la terapia cognitivo-conductual, que ayuda a gestionar el miedo al ruido, la ansiedad y las reacciones emocionales asociadas.
También se emplea la terapia sonora o de “reentrenamiento auditivo”, que expone gradualmente al paciente a sonidos ambientales o ruido blanco de baja intensidad, buscando desensibilizar y reeducar el sistema auditivo.

La colaboración entre especialistas en audiología y psicología es esencial para ofrecer un tratamiento integrador que apunte tanto a las causas físicas como emocionales del trastorno. Gracias al avance en la detección en frecuencias más altas, cada vez más personas podrán acceder a un diagnóstico certero y comenzar una intervención antes de que el malestar se vuelva crónico.
La Universidad de Montreal apunta a que, con criterios diagnósticos objetivos y validados, las personas con hiperacusia podrán recibir el reconocimiento y la atención que necesitan, mejorando no solo su salud auditiva sino su calidad de vida y bienestar emocional.
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