
La posibilidad de medir la edad biológica y desentrañar los misterios del envejecimiento, dejó de ser una fantasía para convertirse en un campo de investigación en plena ebullición. Los llamados relojes del envejecimiento, herramientas científicas que analizan marcadores epigenéticos y otros biomarcadores, están revolucionando la forma en que científicos y médicos comprenden por qué envejecemos y si es factible revertir este proceso.
El interés por estos relojes no se limita a los laboratorios: desde clínicas de longevidad hasta celebridades e influencers, la promesa de “rejuvenecer” capturó la atención pública y comercial, aunque la ciencia advierte que el fenómeno es mucho más complejo de lo que sugieren los titulares, según documentó MIT Technology Review.
Relojes del envejecimiento: origen y funcionamiento
El desarrollo de los relojes del envejecimiento comenzó con los estudios sobre la metilación del ADN, un proceso regulatorio que modifica la expresión génica sin alterar la secuencia genética.
En 2011, Steve Horvath identificó una relación entre la edad y la metilación en posiciones del genoma humano, lo que le llevó a desarrollar en 2013 el primer “reloj epigenético”, estudio basado en el análisis de 353 sitios de metilación con un margen de error por debajo de los tres años.

A partir de este avance, surgieron múltiples variantes: el PhenoAge, que integra marcadores clínicos y celulares; el Dunedin Pace, que estima la velocidad de envejecimiento individual; y el GrimAge, orientado a predecir la longevidad esperada. Existen cientos de relojes con aplicaciones y límites distintos. Algunos buscan aplicaciones clínicas, otros, investigación básica o predicción demográfica.
Cambios en la comprensión del envejecimiento
Una utilización de estos relojes permitió abordar cuestiones fundamentales sobre el envejecimiento. Se observó que la edad biológica, medida por estos marcadores, puede diferir notablemente de la edad cronológica. Mayor edad epigenética se asocia a mayor deterioro cognitivo y riesgo de enfermedades como el Alzheimer, mientras una edad biológica baja indica mejor salud física y mental.
El desarrollo de relojes “universales”, como el pan-mamífero de Horvath, mostró que el envejecimiento sigue patrones similares en mamíferos, lo que sugiere la existencia de mecanismos biológicos comunes.
Investigaciones más recientes sugieren que el envejecimiento comienza muy temprano, posiblemente durante etapas iniciales del desarrollo embrionario, en un momento definido como el “punto cero” de juventud biológica.

Experimentos y avances: de ratones a humanos
La experimentación en animales tuvo un papel clave en el estudio de la reversibilidad de la edad biológica. En la Universidad de Duke, Jim White realizó parabiosis heterocrónica uniendo pares de ratones jóvenes y viejos para compartir sangre.
En este abordaje, los ratones viejos prolongaron su vida y mejoraron su función física, además de mostrar una reducción en la edad biológica según los relojes epigenéticos. Estos experimentos evidencian que, en ratones, la juventud tiene influencia sistémica y que la edad biológica es reversible, al menos temporalmente.
Mientras que en humanos, los relojes sirvieron para analizar el envejecimiento de órganos trasplantados. Estudios sobre corazones jóvenes trasplantados en adultos mayores revelan que estos órganos rápidamente igualan la edad biológica del receptor, lo que sugiere que, sin intervenciones integrales, los beneficios pueden ser efímeros.

Aplicaciones clínicas y comerciales
El atractivo de medir la edad biológica traspasó la ciencia y se presenta en clínicas de longevidad, entornos mediáticos y comercios minoristas. Figuras públicas y empresas promocionan pruebas y tratamientos supuestamente antienvejecimiento, a menudo sin que exista respaldo científico suficiente.
Empresas afirman que sus productos pueden revertir la edad biológica, pese a la ausencia de ensayos clínicos rigurosos en humanos. Steve Horvath, inventor del primer reloj epigenético, se mostró incómodo con el uso comercial prematuro de estas herramientas, mientras que reconoce la sinceridad de las personas que promueven estos métodos.
Limitaciones y debates científicos
Pese a sus avances, los relojes del envejecimiento mantienen limitaciones significativas. No hay modelos capaces de predecir la edad biológica individual con suficiente fiabilidad: distintas herramientas pueden ofrecer resultados contradictorios frente a la misma muestra, y existen variaciones entre mediciones sucesivas en un mismo sujeto. Como reconoció Horvath, el margen de error todavía es relevante.
El debate también se plantea sobre lo que realmente miden estos relojes. Algunos científicos consideran que los biomarcadores utilizados responden a mecanismos poco claros, por ejemplo, siendo causa, consecuencia o correlato del envejecimiento.
Sumado a esto, la comunidad aún discute qué regiones del genoma deben priorizarse para lograr mediciones más precisas. Hay consenso en que el campo atrae promesas exageradas y requiere cautela en su aplicación comercial y médica.

Perspectivas de futuro y plasticidad de la edad biológica
La investigación sobre relojes epigenéticos está abriendo nuevas posibilidades para comprender y modificar la plasticidad de la edad biológica. Observaciones recientes evidenciaron que factores como el estrés agudo, el embarazo o ciertas infecciones pueden aumentar temporalmente la edad biológica, pero este impacto resulta reversible. Esto impulsa la hipótesis de que existe una “ventana” para intervenir antes de que surjan daños irreversibles.
El avance hacia relojes universales y la identificación temprana de los procesos de envejecimiento podrían permitir, en el futuro, el desarrollo de terapias para restaurar la juventud celular.
Aunque la reversión completa de la edad biológica en humanos todavía es remota, la comunidad científica considera que estas investigaciones abren la puerta a nuevos enfoques en medicina geriátrica y de precisión.

La posibilidad de restablecer el reloj epigenético hacia un estado juvenil se perfila como uno de los grandes desafíos del campo, sosteniendo el interés y el debate tanto en ciencia básica como en aplicaciones futuras.
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