
Durante siglos, distintas culturas confiaron en el poder de las plantas medicinales para tratar dolencias físicas, emocionales y espirituales. Una de ellas, la melisa (Melissa officinalis) —conocida también como toronjil—, ha sido valorada desde la antigüedad por sus efectos sobre el sistema nervioso, la digestión y el sueño. Su nombre, de origen griego, significa “abeja”, en alusión a su aroma cítrico que atrae a estos insectos.
Actualmente, en medio de una búsqueda creciente por alternativas naturales a los medicamentos convencionales, la melisa ha recuperado un lugar protagónico en la vida cotidiana. Investigaciones recientes confirmaron sus usos tradicionales y ampliaron el conocimiento sobre sus efectos bioquímicos y su versatilidad como remedio natural.
Las propiedades de la Melisa
Las múltiples aplicaciones terapéuticas de la melisa se explican por su rica composición química. Según el sitio especializado, Iberogast, esta planta aromática contiene una gran variedad de compuestos activos que le confieren sus propiedades terapéuticas, entre los que destacan los aceites esenciales como el citral, el citronelal, el geraniol y el linalol, además de los flavonoides, los taninos, los ácidos fenólicos y los triterpenos. Estos principios activos intervienen en distintas funciones del organismo, y su acción conjunta se traduce en beneficios tanto físicos como emocionales.

Entre las propiedades más reconocidas se encuentran sus efectos sedantes y relajantes, que actúan directamente sobre el sistema nervioso central. Esto sucede porque reduce la actividad de algunos neurotransmisores implicados en el estrés y la ansiedad, como el ácido gamma-aminobutírico (GABA) y la acetilcolina. A esto se suma un efecto antidepresivo, al favorecer la producción de serotonina y dopamina, hormonas asociadas al bienestar y la estabilidad emocional.
En el plano físico, la melisa es antiespasmódica y carminativa, lo que la hace eficaz contra dolores abdominales, cólicos, gases e indigestión. Además, estudios de laboratorio demostraron su “efecto gastroprotector” ante úlceras inducidas, al actuar sobre la mucosa estomacal.
La melisa también tiene propiedades antimicrobianas, al inhibir bacterias como Staphylococcus aureus y Escherichia coli, y antivirales, particularmente útiles en el tratamiento tópico del herpes simple, donde ayuda a reducir el dolor, la hinchazón y acelera la cicatrización de las lesiones. A esto se suman sus efectos antioxidantes y antiinflamatorios, ya que, según Iberogast, neutraliza los radicales libres que causan daño celular y modula la respuesta inmunitaria.
¿Por qué la Melisa ayuda a dormir mejor?
Uno de los usos más populares de la melisa es como ayuda natural para el insomnio y otros trastornos del sueño. Su eficacia en este campo está respaldada por diversas investigaciones científicas y organismos oficiales. Su acción sedante se debe a los compuestos fenólicos de la planta, como el ácido rosmarínico, que tienen propiedades que favorecen un sueño más profundo y reparador. Un estudio de 2019 reveló que, tras consumir melisa durante siete días, la calidad del sueño mejoró significativamente en un 54% de los participantes.
La Agencia Europea del Medicamento (EMA) avala su uso tradicional para “aliviar síntomas leves de estrés mental y facilitar el sueño”. A su vez, la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland observó que combinar la melisa con otras hierbas sedantes, como valeriana y manzanilla, puede potenciar sus efectos relajantes. Esto sugiere que su efecto hipnótico no solo está relacionado con una reducción del estrés, sino también con una modulación del sistema nervioso que facilita el inicio y la continuidad del sueño.

En conjunto, estas evidencias indican que la melisa ayuda a dormir mejor, contribuye a un descanso más profundo, reduce la frecuencia de los despertares nocturnos y mejora el estado de ánimo al día siguiente.
Cómo preparar infusión de Melisa, paso a paso
La forma más común y accesible de consumir melisa es en infusión. Esta preparación conserva sus propiedades naturales y se adapta con facilidad a la rutina diaria, especialmente en horas nocturnas.
El procedimiento paso a paso:
Ingredientes:
- 4 hojas frescas de melisa (o 1 cucharada de hojas secas)
- 1 taza de agua caliente
- Miel al gusto (opcional)
- Unas gotas de jugo de limón (opcional)
Preparación:
- Colocar las hojas de melisa en una taza.
- Verter el agua caliente sobre las hojas.
- Tapar y dejar reposar de 5 a 10 minutos.
- Colar para retirar las hojas.
- Endulzar con miel y agregar limón, si se desea.
Incorporarla como hábito nocturno puede, además de favorecer el sueño, aliviar molestias digestivas y reducir el estrés acumulado al final del día.
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