
Los perros de razas braquicéfalas, como el bulldog, el carlino (o pug), el pequinés, el Boston terrier y el shih tzu, se han convertido en una presencia habitual en los hogares urbanos.
Sus rostros achatados, ojos prominentes y carácter afable han fascinado a muchos, en especial a quienes buscan un compañero tranquilo y adaptable a espacios reducidos.
Sin embargo -advierte National Geographic-, tras esta apariencia entrañable se esconden numerosos problemas de salud que afectan seriamente su calidad de vida.
La braquicefalia, cuyo nombre significa literalmente “cabeza corta”, implica una modificación anatómica radical respecto a la estructura natural de los cánidos.
Mientras que la mayoría de los perros salvajes poseen un hocico alargado, los ejemplares braquicéfalos presentan un cráneo ensanchado y acortado que compromete funciones vitales como la respiración.
Esta alteración, resultado de la cría selectiva orientada a fines estéticos, desencadena múltiples complicaciones.
Los principales problemas de salud
Entre las principales afecciones se encuentran la estenosis de las narinas —una estrechez extrema de las fosas nasales—, el alargamiento del paladar blando que obstruye parcialmente la laringe, la desproporción entre las mandíbulas y el estrechamiento traqueal.
Estos rasgos anatómicos provocan un esfuerzo respiratorio constante que se manifiesta en ruidos como jadeos intensos y ronquidos, frecuentemente interpretados de manera errónea como parte del encanto de estas razas.

Los riesgos asociados no se limitan al sistema respiratorio. La mala ventilación favorece el colapso laríngeo, un fenómeno en el que las vías aéreas se bloquean por secreciones, agravando la hipoxia.
Además, debido a su limitada capacidad para regular la temperatura corporal, estos animales son altamente susceptibles a golpes de calor, especialmente en climas cálidos o durante el ejercicio físico.
Afecciones digestivas y oculares
Las complicaciones digestivas también son frecuentes. Los vómitos, la regurgitación y las dificultades para tragar derivan de la presión anómala ejercida sobre el sistema gastrointestinal por los músculos respiratorios, sobrecargados en su intento constante de suplir oxígeno.
A ello se suma la exoftalmia, o protrusión ocular, que aumenta el riesgo de infecciones, úlceras corneales y lesiones por la imposibilidad de cerrar los párpados completamente.

Consciente del grave impacto sobre la salud animal, algunos países, como Noruega y Países Bajos, han implementado restricciones o prohibiciones a la cría de razas braquicéfalas en defensa del bienestar animal.
La modificación extrema de los estándares morfológicos, promovida durante décadas sin considerar sus consecuencias sanitarias, hoy se cuestiona abiertamente desde la ética veterinaria.
Opciones para mejorar su calidad de vida
Pese a que muchos de los problemas son congénitos, existen medidas que permiten mejorar considerablemente la calidad de vida de estos perros. La cirugía correctiva es una de las más eficaces en casos severos.
Procedimientos como la estenoplastia —que amplía los orificios nasales— o la resección del paladar blando ayudan a aliviar los síntomas respiratorios, incrementando la tolerancia al ejercicio y al calor.
En ocasiones, también puede considerarse la ampliación traqueal, aunque se trata de una intervención más invasiva que requiere una evaluación cuidadosa de riesgos y beneficios.
Los especialistas recomiendan realizar estas operaciones cuando los animales son jóvenes y se encuentran en buen estado general, ya que la anestesia implica mayores riesgos en ejemplares de edad avanzada o con patologías preexistentes.

Cuidados diarios fundamentales
Más allá de las intervenciones quirúrgicas, hay prácticas cotidianas que contribuyen significativamente a preservar la salud de los perros braquicéfalos: evitar ejercicios extenuantes, especialmente en épocas de calor; mantenerlos en ambientes frescos; utilizar arneses en vez de collares para reducir la presión sobre las vías respiratorias; controlar el peso corporal; y proporcionarles una dieta adaptada a sus necesidades particulares.
Asimismo, es crucial la atención oftalmológica periódica para prevenir infecciones o lesiones oculares.
Desde una perspectiva a largo plazo, expertos en bienestar animal y genética proponen una revisión profunda de los estándares de cría. No se trata de erradicar estas razas, sino de fomentar ejemplares con características menos extremas que permitan conservar su expresividad sin comprometer su salud.
En un momento en que la conciencia sobre el bienestar animal crece, se vislumbra la esperanza de que la braquicefalia extrema pase de ser un rasgo estéticamente deseado a convertirse en una excepción corregible, en beneficio de los propios animales que hoy, tras sus entrañables rostros, esconden una lucha diaria por respirar.
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