
¿Cuánto cuesta un docente? Me urge intentar responder esta pregunta, ante el cuestionamiento crónico respecto del trabajo de los profesionales de la educación.
A lo largo de los años, el imaginario social –definido por Castoriadis como aquellas imágenes que dan respuesta a qué somos para los otros o qué necesitamos- se ha ido construyendo una cierta mirada acerca de la docencia que aún permanece, basada en un docente que trabaja pocas horas, con varios meses de vacaciones, con manejo de rutinas preestablecidas, con un mínimo saber básico y algunas técnicas para el aula y sin mayor cuestionamiento de enfoques o paradigmas.
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Sin embargo, desde lo laboral, la docencia es un trabajo que responde a la regla, es decir, tienen las mismas vacaciones que un trabajador común y horas predeterminadas de tarea, más allá de la fecha que comience o termine el ciclo lectivo de los niños.
No obstante, en estos tiempos de crisis y de sueldos magros, los docentes son cuestionados y su trabajo, considerado low cost, término que refiere a servicios con tarifas más bajas de lo normal y que se usa en las aerolíneas aéreas que ofrecen menos comodidades, con precios más accesibles.
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Ahora bien, ¿quién educa a los empresarios, a los obreros o a los funcionarios, a cada uno de los que conformamos la sociedad? Educan los docentes. Por ende, cumplen una función primordial. Son quienes enseñan a leer y escribir, a formar el pensamiento crítico para resolver los problemas a los que se enfrentan a diario, a desarrollar la creatividad para diseñar propuestas alternativas, quienes fomentan las habilidades comunicativas para que puedan expresarse en público, para que sepan escuchar al otro, quienes promueven la reflexión y la búsqueda de nuevos aprendizajes y, fundamentalmente, quienes enseñan a vivir en sociedad formando ciudadanos capaces de hablar, de argumentar, de representar colectivamente, de comprender reglas y de participar democráticamente en sus contextos.
Por ende, la escuela es mucho más que la enseñanza de lectoescritura y cálculo: es un espacio para promover la ciudadanía.
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En consecuencia, hoy por hoy, es fundamental invertir en capacitación docente que abarque los desafíos actuales, que promueva otras estrategias didácticas necesarias para los niños y adolescentes de hoy, capaces de formar a todos los ciudadanos en los tiempos que corren. Y, sobre todo, de revalorizar el lugar de la escuela, a sabiendas de que la educación es una herramienta de transformación social, de democratización y de desarrollo económico.
Un docente vale porque se dedica a lo más básico y, a su vez, a lo más importante, a ir configurando la sociedad, se ocupa de educar. El debate es qué sociedad queremos tener y cómo lograr la convivencia tan requerida, más allá de tener buenos caminos para andar.
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