
Incluir amaranto en la dieta diaria es una de las alternativas más recomendadas para quienes buscan una alimentación saludable, variada y con raíces en la tradición de México.
Este pseudocereal, originario del país y apreciado desde tiempos prehispánicos, destaca por su alto valor nutritivo, su versatilidad en la cocina y las múltiples formas en que puede encontrarse.
La mejor manera de añadir amaranto a la dieta es elegir la presentación que más se adapte a tus hábitos —en semilla, harina, reventado o palanqueta— y sumarlo a preparaciones como ensaladas, licuados, panes u otros platillos.
Consumir amaranto de manera regular tiene múltiples beneficios para la salud. Su contenido de proteína vegetal es elevado, incluso el grano puede tener el doble de proteína que el maíz y el arroz, y entre 60% y 80% más que el trigo. Además, contiene todos los aminoácidos esenciales, con alta presencia de lisina y triptófano.
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En su composición se encuentran:
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Entre sus efectos positivos, el amaranto ayuda a regular el perfil de lípidos, favorece la salud digestiva, aporta antioxidantes y contribuye a mantener estables los niveles de glucosa en sangre. Además, por su alto contenido de hierro, es útil para personas con riesgo de anemia.
La versatilidad del amaranto está en las diferentes presentaciones que ofrece el mercado nacional y la variedad de formas de incorporarlo en la cocina mexicana.
Las semillas de amaranto pueden consumirse crudas, tostadas o reventadas; el proceso tradicional de reventado se realiza sobre un comal a 260°C, logrando texturas distintas que mejoran tanto el sabor como el valor nutricional.
Algunas de las presentaciones más comunes son:
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El amaranto es sencillo de sumar a la dieta diaria gracias a sus distintas presentaciones y a su sabor neutro. Entre las opciones más prácticas para incluirlo en el menú se encuentran:
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Las hojas del amaranto también pueden emplearse guisadas con jitomate y cebolla, o agregarse a tortillas y omelets.

Para obtener sus beneficios, la Secretaría de Salud sugiere consumir una porción diaria de entre 30 y 50 gramos. Al preparar productos horneados, sustituir entre 60% y 70% de la harina tradicional por harina de amaranto mejora textura, digestibilidad y contenido proteínico. Esto es ideal para quienes no toleran el gluten, pues el amaranto es naturalmente libre de esta proteína.
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Algunas recomendaciones clave incluyen:
El incremento en la producción nacional y las nuevas tecnologías han hecho que el amaranto sea más accesible y que se integre tanto en recetas tradicionales como en opciones más actuales.
El amaranto simboliza una fuente relevante de nutrientes y un ingrediente que mantiene viva la identidad gastronómica del país. Gracias a su flexibilidad y aporte a la salud, permanece como uno de los alimentos más completos de la cocina mexicana.
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