
La sandía suele cargar con ciertos estigmas en torno a su consumo, especialmente en la cena, donde se le considera “fría” o pesada. Sin embargo, más allá de las creencias populares, se trata de una fruta con propiedades relevantes para la salud.
Su alto contenido de agua y su sabor dulce la convierten en una de las opciones favoritas durante temporadas de calor. Aun así, sus beneficios van mucho más allá de la hidratación.
Diversas instituciones coinciden en que la sandía aporta vitaminas, minerales y antioxidantes que impactan positivamente en el organismo, desde el sistema inmunológico hasta la salud cardiovascular.
Nutrientes que fortalecen el organismo

De acuerdo con información de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), la sandía es rica en vitaminas A, B y C, además de minerales como potasio y magnesio. Estos elementos son esenciales para funciones básicas del cuerpo.
La dependencia señala que también contiene licopeno, un antioxidante asociado con efectos cardioprotectores. “Disminuye los niveles de colesterol”, destaca la SADER al referirse a este compuesto.
Gracias a esta combinación, su consumo regular puede apoyar la respuesta del sistema inmunológico y contribuir al equilibrio de distintos procesos metabólicos.
El licopeno y la salud cardiovascular

Según El Poder del Consumidor, uno de los mayores atributos de la sandía es su contenido de licopeno, pigmento responsable de su color rojo intenso y una de las principales fuentes dietéticas de este antioxidante.
Diversos estudios han vinculado el licopeno con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, ya que ayuda a reducir el colesterol y a inhibir la oxidación del LDL, considerado de alto riesgo.
Además, aunque existe menor evidencia, también se ha asociado con la protección frente a algunos tipos de cáncer, lo que refuerza su valor nutricional.
Ligera, baja en calorías y muy versátil

El Poder del Consumidor también subraya que, debido a su alto contenido de agua, la sandía tiene un aporte energético bajo. Aunque no destaca por su fibra, resulta ideal para dietas ligeras.
Puede consumirse en agua fresca, smoothies, cócteles, ensaladas, salsas, sándwiches o simplemente picada. Su versatilidad facilita integrarla a distintos platillos.
Así, la sandía se posiciona como una opción accesible y funcional para sumar beneficios a la dieta diaria y favorecer la salud del cuerpo humano.



