
La jubilación marca una etapa clave en la vida, en la que una persona deja de trabajar y comienza a recibir una pensión o prestación económica que le permite mantener su nivel de vida. Aunque este cambio puede representar una oportunidad para el descanso y la exploración de nuevos intereses, también implica desafíos emocionales y psicológicos que pueden afectar la salud mental.
De acuerdo con la Revista Española de Geriatría y Gerontología, la jubilación no tiene por qué ser una experiencia negativa, ya que muchas personas logran adaptarse de manera positiva. Sin embargo, para algunos puede generar estrés y afectar su bienestar emocional. La pérdida de la rutina laboral y del sentido de propósito asociado al trabajo puede incrementar el riesgo de ansiedad y depresión, especialmente en quienes no cuentan con una red de apoyo o actividades que den estructura a su vida diaria.
En México, la edad mínima para jubilarse varía según el régimen de seguridad social y las condiciones del trabajador. Los dos principales sistemas son el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), cada uno con requisitos específicos para acceder a la pensión. La transición a la jubilación no solo depende de la edad y los años cotizados, sino también de la preparación psicológica para afrontar esta nueva etapa.
Diversos estudios sugieren que la jubilación puede precipitar cambios en la salud del cerebro, incluido un mayor riesgo de deterioro cognitivo. El profesor de la Universidad Estatal de Arizona y experto en envejecimiento cognitivo, Ross Andel, señala que la pérdida de la rutina laboral después de décadas de trabajo puede afectar la agilidad mental y la memoria.

El deterioro cognitivo tras la jubilación
El impacto de la jubilación en la salud cognitiva ha sido objeto de numerosos estudios en los últimos años. Un análisis publicado en la Revista de Economía de la Salud examinó a más de 8,000 jubilados en Europa y encontró que la memoria verbal, es decir, la capacidad de recordar un conjunto de palabras después de cierto tiempo, tendía a deteriorarse más rápidamente tras la jubilación en comparación con el periodo en que las personas aún trabajaban. Esto sugiere que la actividad laboral podría desempeñar un papel crucial en la preservación de ciertas funciones cognitivas.
Además, una encuesta realizada en Inglaterra en 2017 reforzó estos hallazgos al mostrar un marcado descenso en la memoria verbal después de la jubilación. Sin embargo, otras capacidades mentales, como el razonamiento abstracto, no parecieron verse afectadas. Esto indica que la jubilación no impacta de manera uniforme todas las funciones cognitivas, sino que afecta principalmente aquellas relacionadas con la memoria y el uso del lenguaje en el día a día.
De acuerdo con un estudio publicado en la Revista Europea de Epidemiología, el nivel de exigencia laboral podría ofrecer una protección contra el deterioro de la memoria verbal mientras las personas continúan trabajando. “Observamos que un mayor nivel laboral podría proteger contra el deterioro de la memoria verbal mientras las personas aún trabajaban, pero este efecto protector se perdió al jubilarse”, menciona el artículo. Esto sugiere que la estimulación mental constante en el entorno laboral ayuda a mantener la agilidad cognitiva, pero una vez que desaparece esa estimulación, la memoria puede empezar a declinar.
Además de los efectos en la memoria, la jubilación también puede influir en la salud emocional. Un estudio del Centro de Epidemiología Social y Salud Poblacional de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Michigan encontró una relación entre el retiro y la aparición de la depresión. “Entre los adultos mayores, los jubilados tienen mayor probabilidad de experimentar depresión en comparación con quienes aún trabajan. Este riesgo elevado refleja la interrelación de los procesos sociales, biológicos y psicológicos de la salud, así como las barreras para acceder a la atención de salud mental”, se explica en el artículo.
Si bien la jubilación representa una etapa de descanso y nuevos comienzos, los estudios sugieren que es fundamental mantenerse mentalmente activo para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y depresión. Participar en actividades intelectuales, sociales y físicas puede ayudar a contrarrestar estos efectos negativos, permitiendo que las personas jubiladas mantengan una mejor calidad de vida en esta etapa.

¿Cómo evitar los efectos de la jubilación en el deterioro mental?
La jubilación no tiene por qué ser sinónimo de deterioro mental; por el contrario, puede representar una oportunidad de crecimiento si se planifica con anticipación. Según los artículos citados por el The New York Times, la clave está en sentar bases firmes antes de dejar de trabajar para evitar una sensación de vacío o pérdida de propósito.
Muchas personas ven la jubilación como unas vacaciones prolongadas, pero este enfoque puede dificultar la adaptación. “El plan no puede ser: ‘He trabajado tanto durante tanto tiempo que me voy a tomar estas vacaciones largas y luego veré qué hago’”, advirtió Ross Andel, especialista en envejecimiento cognitivo.
Para una transición más saludable, es recomendable incorporar nuevas rutinas que sean mental y físicamente estimulantes incluso antes de retirarse. La jefa de la división de geriatría, gerontología y cuidados paliativos de la Universidad de California en San Diego, Alison Moore, sugiere planificar estas actividades con anticipación, aunque no se implementen de inmediato. “Posponer esas decisiones —si vas a pasar medio año viajando, por ejemplo— hasta después de haberte jubilado hace más difícil lanzarse”, explicó Moore. Tener un plan estructurado puede facilitar la transición y reducir el impacto emocional del cambio.
El reto principal es sustituir la estructura diaria del trabajo por una nueva que incluya actividades significativas. Esto puede implicar aprender un nuevo idioma, dedicarse al voluntariado, tomar clases de arte o participar en clubes sociales. “El objetivo es ‘pasar de un tipo de vida cotidiana a otro’”, destacó Moore. Mantenerse abierto a nuevas experiencias antes del retiro facilita el proceso de adaptación y prepara la mente para el cambio.
En definitiva, la jubilación puede ser una etapa enriquecedora si se aborda con previsión. Mantenerse mental y socialmente activo no solo ayuda a prevenir el deterioro cognitivo, sino que también mejora la calidad de vida en esta nueva etapa. La clave está en ver el retiro no como un final, sino como una oportunidad para explorar nuevas facetas de la vida.