
En la costa oeste de Cumbria, un laboratorio de robótica nuclear concentra la atención de expertos y observadores. Spot, el perro robot amarillo de Boston Dynamics, se convirtió en un elemento fundamental para la gestión de residuos radiactivos en una de las instalaciones nucleares más complejas del Reino Unido: Sellafield.
Allí se almacenan materiales que conservarán su radiactividad hasta por 100.000 años, y la innovación tecnológica se ha vuelto una necesidad para garantizar la seguridad y eficiencia en el manejo de desechos.
La escena es llamativa: ingenieros y científicos programan a Spot en una nave industrial reciclada, preparándolo para tomar muestras en superficies de difícil acceso y recoger escombros. El ambiente, regido por estrictas medidas de seguridad, es el punto de encuentro entre la herencia industrial y el futuro de la robótica nuclear.
Robots autónomos y control remoto para residuos peligrosos
Durante décadas, Sellafield, reconocida por su tamaño y actividad, requirió la intervención directa de personas en áreas peligrosas.
Equipos humanos, protegidos por trajes estancos y sistemas de oxígeno, solo soportaban tiempos breves en las zonas más críticas. La llegada de Spot y otros robots permite ampliar la operatividad a distancia y reducir los riesgos para la salud.

Jeff Slater, ingeniero robótico a cargo de Spot, explicó a The Telegraph que el robot puede apagarse y retirar su batería de manera sencilla. También describió cómo Spot, capaz de trotar, girar y manipular objetos, recoge materiales contaminados usando su “boca” como pinza, escanea superficies con láser y genera mapas 3D de los interiores de las instalaciones.
El Centro de Colaboración en Robótica e Inteligencia Artificial (RAICo) integra a la Autoridad de Desmantelamiento Nuclear del Reino Unido, la Autoridad de Energía Atómica, AWE Nuclear Security Technologies y la Universidad de Manchester.
El equipo desarrolla sistemas de control de alta precisión y ha creado accesorios impresos en 3D diseñados para la mandíbula de Spot, que le permiten tomar muestras de manera eficiente en zonas de difícil acceso.
Un entorno pensado para el desmantelamiento y la experimentación
Sellafield tiene su origen en una fábrica de bombas de la Segunda Guerra Mundial y evolucionó hasta albergar los primeros reactores comerciales británicos. Con el tiempo y la tecnología, se formó una variedad de residuos difíciles de clasificar y manipular.

La estrategia actual implica mover los residuos intermedios y de alta actividad a un futuro depósito geológico profundo aún por definir, utilizando tecnología de última generación.
Con más de mil edificios y una superficie equivalente a la mitad del aeropuerto de Heathrow, el sitio almacena desde materiales altamente radiactivos hasta simples trajes o guantes descartados en épocas de máxima actividad.
En los complejos, robots gigantes y operadores coordinan el traslado y la encapsulación de residuos en contenedores de acero sellados, preparados para almacenamiento temporal hasta su enterramiento definitivo.
Simulación, inteligencia artificial y robótica acuática
Las innovaciones tecnológicas no se limitan a los robots terrestres. RAICo trabaja con prototipos acuáticos que aspiran lodos contaminados en los antiguos estanques de almacenamiento.

Matt Hale, investigador en robótica, empleó un mando modificado de PlayStation para guiar sumergibles por los estanques, evitando la necesidad de intervención humana en zonas de elevada radiación.
La clasificación y el tratamiento de los residuos radiactivos utilizan otros sistemas inteligentes: brazos robóticos guiados por inteligencia artificial ejecutan escaneos 3D y aplican láseres para descontaminar superficies.
La capacitación de los operadores incluye simuladores avanzados, una respuesta a la meta de vaciar los principales silos de residuos antes de 2050.
El desafío a largo plazo de la gestión nuclear
El Reino Unido apuesta al desarrollo de depósitos geológicos profundos y la expansión de su matriz nuclear, confiando en la robótica como garantía de operaciones seguras y sostenibles.
RAICo ya incorporó nueve perros robot Spot, adaptando sus funciones a las necesidades actuales de Sellafield. La importancia de esta tecnología se entiende al considerar que gran parte del complejo fue desarrollado durante la Guerra Fría, una etapa marcada por la urgencia y la experimentación.

Según Roddy Miller, director de operaciones de la planta, en ese momento, la gestión de los residuos no fue concebida como una prioridad, y muchos de los materiales quedaron almacenados sin una estrategia a largo plazo.
Actualmente el panorama cambió totalmente y la planta debe enfrentar ese legado y desarrollar en soluciones seguras y sostenibles, donde la robótica cumple un rol central.
El avance tecnológico observado en Sellafield responde a necesidades presentes y anticipa el futuro, con la expectativa de que los robots continúen activos y operativos durante las próximas fases del desmantelamiento nuclear en Reino Unido.
Últimas Noticias
Cómo Amazon y Anthropic están redefiniendo el futuro de la inteligencia artificial empresarial
La empresa de investigación y desarrollo de IA ha dejado de ser un actor menor con recursos limitados para consolidarse como el referente en LLM dentro del ámbito corporativo

Apple lanzaría el iPhone 17e con chip A19 y compatibilidad MagSafe
El teléfono incorporaría los chips celulares e inalámbricos más recientes desarrollados por la compañía, lo que permitiría optimizar el consumo de energía y mejorar la conectividad

La fiebre de la IA encarece los componentes y amenaza el precio de las computadoras
El crecimiento exponencial de la IA ha provocado que los fabricantes de memoria prioricen a los centros de datos sobre el mercado de consumo tradicional

OpenAI dejaría en pausa su hardware avanzado para centrarse en auriculares
Este producto buscaría competir en el mercado con otros audífonos inteligentes, pero sin las prestaciones avanzadas de IA que distinguían al proyecto inicial
La computación cuántica de IonQ abre nuevas posibilidades en la lucha contra el cáncer
El laboratorio en Maryland impulsa procesadores cuánticos capaces de modelar reacciones entre fármacos y células cancerosas, acelerando el desarrollo de tratamientos innovadores y transformando el futuro de la investigación médica y tecnológica


