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Los avances de inteligencia artificial (IA) transformaron la manera en que los humanos interactúan con la tecnología. Desde los primeros intentos de dotar a las máquinas de habilidades humanas hasta los actuales sistemas de IA capaces de generar lenguaje natural, la relación entre las personas y la automatización evolucionó drásticamente. Sin embargo, a pesar de los logros alcanzados, persisten grandes desafíos como las tareas sensoriales y sociales. El MIT Technology Review publicó un informe con las perspectivas de especialistas en informática.
El contraste que caracteriza a estas tecnologías es conocido como la Paradoja de Moravec, es solo una de las muchas cuestiones que emergen en el debate sobre la inteligencia artificial y su impacto en la sociedad. A medida que se desarrollan robots sociales y la voz sintética se vuelve indistinguible de la humana, surge una pregunta central: ¿los humanos se dirigen hacia un mundo en el que los robots serán más humanos?
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La delgada línea entre humanos y máquinas
A pesar de los esfuerzos por diferenciar a las máquinas de los humanos mediante pruebas como los captchas, diseñadas para detectar si un usuario es un robot o una persona, los avances tecnológicos pusieron en evidencia la fragilidad de estos mecanismos. En la actualidad, los algoritmos demostraron ser incluso más eficaces que los propios humanos en superar estas pruebas.
En el mundo físico, la distinción entre ambos sigue siendo más clara. Mientras que los humanos dominan tareas motoras y sociales con facilidad, las máquinas destacan en ámbitos donde el pensamiento abstracto y la rapidez de procesamiento son esenciales. Este fenómeno descrito por el roboticista Hans Moravec en los años 80, establece que las capacidades que requieren razonamiento lógico son más sencillas de programar en una máquina que aquellas que implican coordinación motriz o interacción social.
No obstante, con la evolución del aprendizaje automático y las redes neuronales, algunos investigadores creen que este paradigma podría estar cambiando. La escritora científica Eve Herold sostiene en su libro Robots and the People Who Love Them que las mejoras en la IA están comenzando a desafiar esta dicotomía, allanando el camino para la llegada de los robots sociales, diseñados para interactuar con las personas de una manera más natural y afectiva.
Los robots diseñados para la interacción humana fueron objeto de grandes expectativas en el mundo de la tecnología. Modelos como Pepper, desarrollado por SoftBank, fueron promovidos como la vanguardia de una nueva era de inteligencia artificial social, capaces de reconocer emociones y responder de manera adecuada. Aunque, la realidad no cumplió con las promesas: la producción de Pepper fue suspendida en 2021 debido a su bajo
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Historia de las máquinas parlantes
El desarrollo de la síntesis de voz estuvo marcado por un esfuerzo constante por replicar la comunicación humana en dispositivos tecnológicos. En su libro Vox ex Machina, la investigadora Sarah A. Bell analizó la evolución de esta tecnología desde sus orígenes en Bell Labs en los años 30, cuando el habla comenzó a considerarse como un conjunto de señales acústicas susceptibles de ser descompuestas y reproducidas por máquinas.
Uno de los primeros dispositivos capaces de generar voz sintética fue el Voder, presentado en la Exposición Universal de Nueva York en 1939. Operado manualmente por mujeres que recibían un entrenamiento intensivo, el Voder podía emitir sonidos que, con suficiente destreza, se asemejaban al habla humana. No obstante, a pesar del esfuerzo humano requerido para su funcionamiento, los periódicos de la época atribuían el mérito a la máquina, describiéndola como un dispositivo autónomo capaz de hablar por sí mismo.
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A lo largo de los años, esta tendencia a percibir las voces sintéticas como entidades independientes influyó en la manera en que se interactúa con asistentes virtuales como Siri y Alexa. A medida que la tecnología avanzó, la línea entre una respuesta automatizada y una conversación genuina se volvió más difusa, por eso muchas personas llegan a percibir la inteligencia artificial como una personalidad propia.
El mito de la automatización completa
A pesar de la creencia popular de que la automatización está reemplazando el trabajo humano, en realidad la mayoría de los sistemas de inteligencia artificial dependen en gran medida de la intervención humana. El sociólogo Antonio A. Casilli, en su libro Waiting for Robots, argumenta que el supuesto reemplazo de los trabajadores por máquinas es en gran parte una ilusión, ya que la IA todavía requiere grandes cantidades de supervisión y entrenamiento proporcionado por humanos.
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Casilli expone ejemplos como Amazon Mechanical Turk, una plataforma que emplea a miles de personas en tareas repetitivas como etiquetado de imágenes y filtrado de contenido, actividades que en teoría, deberían estar automatizadas. Incluso los captchas, diseñados para diferenciar humanos de bots, son aprovechados por compañías como Google para mejorar sus algoritmos de visión artificial mediante la recopilación de datos generados por los propios usuarios.
En este sentido, la IA no se encuentra reemplazando a los humanos, sino que está fragmentando el trabajo en tareas más pequeñas y menos significativas, muchas de ellas ejecutadas por trabajadores subcontratados en países subdesarrollados.
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