
El cuerpo humano es casi un 60% agua, un recurso vital que protege órganos y articulaciones, transporta nutrientes, elimina toxinas y regula la temperatura. Junto a electrolitos como sodio, potasio y cloruro, este equilibrio permite mover los músculos, transmitir impulsos nerviosos y mantener la presión arterial. Por eso, síntomas como cansancio, irritabilidad o falta de concentración después de dormir pueden tener una explicación simple y a menudo ignorada: la deshidratación.
Como chequear la orina para mejorar la hidratación
El Dr. Jamin Brahmbhatt, urólogo y cirujano robótico vinculado a Orlando Health y la Universidad de Florida Central, sostiene que observar el color de la orina y la cantidad es una herramienta fundamental para ajustar los hábitos de hidratación y mantener el equilibrio corporal.
Según el especialista, el control permite adaptar la ingesta de líquidos a las necesidades reales del organismo, sin depender de cálculos estrictos ni fórmulas universales. Asimismo, enfatiza que la clave no reside en contar cada vaso de agua, sino en prestar atención a la hora de ir al baño.

El objetivo debe ser mantener un color amarillo pálido durante todo el día. Un tono más oscuro suele indicar que la hidratación es insuficiente, aunque ciertos alimentos, vitaminas o la primera orina de la mañana pueden modificar el color de forma puntual.
Este método sencillo permite ajustar la ingesta de líquidos de manera personalizada, considerando factores como el tamaño corporal, el nivel de actividad, el clima o los medicamentos que se consumen.
Cuánta agua tomar al día y riesgos del exceso
En cuanto a las necesidades diarias de agua, varían según la persona y las circunstancias. La Academia Nacional de Medicina sugiere como referencia 3,7 litros al día para hombres y 2,7 para mujeres, incluyendo todas las fuentes de líquidos y alimentos (equivale al 20% del total).
Las pautas de urología recomiendan producir al menos 2,5 litros de orina al día para reducir la recurrencia de cálculos renales. Sin embargo, estas cifras deben considerarse orientativas y no como límites estrictos, ya que factores como el calor, la humedad, el ejercicio prolongado, entre otros, pueden aumentar la necesidad de líquidos.
En condiciones de calor, el doctor Brahmbhatt aconseja beber a sorbos regulares, aproximadamente 240 mililitros cada 15 a 20 minutos, y evitar superar los 1,4 litros en una hora para no correr el riesgo de hiponatremia, una condición en la que el sodio en sangre desciende a niveles peligrosos.
El exceso puede ser perjudicial, especialmente durante actividades de resistencia. El fenómeno de la hiponatremia se ha observado en corredores de maratón que consumen grandes cantidades durante las carreras. Para quienes practican deportes de larga duración en condiciones de calor, se recomienda combinarla con sal, ya sea mediante bebidas deportivas o alimentos salados.
Recomendaciones profesionales y evidencia científica
La ciencia respalda la importancia de una hidratación adecuada en la prevención de infecciones urinarias. Un ensayo clínico aleatorizado en mujeres premenopáusicas propensas a infecciones urinarias recurrentes demostró que quienes aumentaron su consumo de agua en 1,5 litros diarios experimentaron 1,7 infecciones al año, frente a 3,2 en el grupo de control, lo que representa una reducción cercana al 50%. Además, necesitaron menos ciclos de antibióticos.
El experto también advierte que las personas con enfermedades crónicas, como insuficiencia renal o cardíaca, deben extremar la precaución, ya que el organismo puede no gestionar adecuadamente grandes volúmenes de líquidos. En estos casos, esa cantidad debe ajustarse siempre bajo supervisión médica.
Qué agua elegir y cuáles evitar
Respecto al tipo de agua más adecuado, el Dr. Brahmbhatt sostiene que la natural es la opción ideal, aunque no la única. El café y el té, consumidos con moderación, también contribuyen a la hidratación, ya que estudios controlados han demostrado que hidratan casi de igual manera.

El alcohol, en cambio, favorece la pérdida de líquidos. En cuanto a las variedades comerciales, la mayoría no ofrecen beneficios adicionales para la salud y suelen responder a estrategias de marketing. Los riñones no distinguen entre agua de la canilla, filtrada o embotellada; lo relevante es la regularidad en el consumo.
Para quienes la encuentran insípida, se pueden añadir unas gotas de limón, rodajas de fruta o potenciadores de sabor. La mejor es aquella que se consume de forma constante a lo largo del día. En actividades que impliquen sudoración intensa, es recomendable añadir electrolitos o alimentos salados para reponer el sodio.
En la vida diaria y con ejercicio moderado, basta con agua y una alimentación equilibrada. Lo mismo ocurre con las botellas: la mejor es simplemente la que te ayuda a tomar más líquido. El doctor Brahmbhatt lo resume sin rodeos: lo importante no es el envase, sino mantener el hábito de hidratarse de forma constante y sencilla.
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