
Dormir solo cuatro horas provoca un aumento del apetito y una notoria dificultad para concentrarse. Cuando el cuerpo recibe menos descanso del necesario, se altera el equilibrio hormonal: la grelina, conocida como la hormona del hambre, incrementa su presencia y, al mismo tiempo, el organismo pierde eficacia para controlar la glucosa.
Este doble efecto favorece los antojos intensos —por lo general, de alimentos ultras procesados o ricos en azúcar— y dificulta tomar decisiones acertadas para mantener la energía durante el día.
En un ensayo, mujeres que durmieron en promedio 6,2 horas por noche durante 6 semanas presentaron una disminución significativa de la sensibilidad a la insulina, independientemente de su cambio de peso o composición corporal.
Según especialistas citados por Vogue, estas alteraciones hormonales y metabólicas explican la fatiga, el desgano y la falta de claridad mental tras una noche en vela.
Desayunos ricos en proteínas, la primera clave

Hannah Alderson, nutricionista y especialista consultada por el medio, recomienda comenzar la jornada con un desayuno rico en proteínas tras una noche de mal sueño. Los huevos se posicionan como la opción estrella: no solo aportan proteínas de alto valor biológico, sino también vitamina B12 y leucina, nutrientes que favorecen la reparación celular y ayudan a regular el metabolismo energético.
Si se los combina con carbohidratos ricos en fibra, como pan multicereal o avena, se logra mayor saciedad y estable nivel de glucosa en sangre, facilitando la concentración y previniendo caídas energéticas inesperadas.
Alimentos aliados para días de déficit de sueño

Además de los huevos, plátanos y avena forman un tándem recomendado para quienes buscan energía sostenida. El potasio y los carbohidratos de digestión lenta del plátano, sumados al betaglucano de la avena —un tipo de fibra que ayuda a estabilizar la glucosa—, arman un desayuno que evita los típicos picos de insulina y contribuye a mantener la atención durante toda la mañana.
También destacan las almendras y los frutos secos por su contenido en magnesio, grasas saludables y vitaminas del grupo B, vitales para transformar los alimentos en energía y reducir la sensación de fatiga. Un pequeño puñado al día ayuda a frenar los antojos y a despejar la mente, especialmente en quienes tienen déficit de magnesio.
La remolacha y su jugo sobresalen por su alta concentración de nitratos, que fomentan el flujo de oxígeno y la regulación de la presión arterial. Este efecto impacta directamente en la resistencia física y mental, por lo cual muchos atletas adoptan la remolacha como aliado antes de entrenar. Para contrarrestar el bajón de energía vespertino, este vegetal es una alternativa eficaz.
Té verde y café: qué tomar y cuándo para potenciar la concentración

En el universo de las bebidas estimulantes, el té verde surge como la opción más equilibrada. Aporta una dosis suave de cafeína y L-teanina, aminoácido que favorece la concentración, sin provocar nerviosismo ni altibajos. El doctor Vijay Murthy, referente en medicina integrativa, afirmó en Vogue: “El té verde es la mejor opción para la recuperación. Proporciona un subidón más suave, sin nervios ni bajones”.
En cuanto al café, los especialistas sugieren limitar su consumo a una o dos tazas diarias y evitar la ingesta inmediata al despertar, ya que los niveles de cortisol son elevados tras dormir mal y la cafeína puede intensificar la ansiedad.
Un consejo útil consiste en añadir proteína en polvo o colágeno para potenciar el valor nutritivo, y sumar cacao o canela como fuente de antioxidantes, todo sin alterar el índice glucémico.
El descanso, insustituible, pero la alimentación ayuda

No todos los alimentos son buenos aliados después de dormir poco. Las bebidas energéticas, los cereales azucarados y el pan dulce provocan subidas rápidas de glucosa que derivan en bajones energéticos y más hambre a corto plazo. Murthy advierte en Vogue: “Después de una mala noche quizás sienta que un dulce lo animará, pero terminará sintiéndose aún más cansado y con hambre”.
Los pescados grasos y las semillas (nueces, lino, chía) se suman a la lista de recomendaciones por su aporte de ácidos grasos poliinsaturados (PUFA). Los omega-3 contribuyen a mejorar la claridad mental y reducir la fatiga diurna.
Aunque una noche de sueño insuficiente deja huella, elegir alimentos estratégicos y priorizar micronutrientes y proteínas puede ayudar a mantener la vitalidad y la concentración hasta recuperar el descanso perdido.
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