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Cien días para comenzar a cambiar el rumbo de la educación peruana

Los primeros cien días marcarán el rumbo de toda la gestión. Recuperar los aprendizajes, fortalecer a los docentes, reducir las brechas y asegurar la continuidad de las políticas educativas son decisiones impostergables para transformar el futuro del país

Caricatura de Keiko Fujimori en saco naranja entregando diplomas con íconos de oficios a estudiantes, frente a una bandera peruana y el texto 'Educación para el futuro'.
Una caricatura muestra a Keiko Fujimori entregando diplomas de certificación laboral a jóvenes, destacando la importancia de la educación para su futuro en Perú. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Hay una pregunta que todo gobierno entrante debería hacerse antes de pronunciar su primer discurso: ¿qué es lo que ya no se puede seguir postergando? En educación, la respuesta es incómoda pero clara. Llevamos años hablando de reformas, de calidad, de futuro, mientras miles de niños y adolescentes terminan la primaria o la secundaria sin comprender un texto sencillo o resolver una operación matemática básica. No es una cifra abstracta ni un titular más: es una generación entera que está creciendo con menos herramientas de las que necesita para su propia vida.

Los resultados de la Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje (ENLA) 2025 lo confirman con crudeza. En cuarto de primaria, apenas 10 de las 26 regiones del país lograron superar en lectura los niveles que tenían antes de la pandemia; en matemática, solo tres —Ucayali, Loreto y Ayacucho— lo consiguieron. La foto es aún más dura cuando se mira a los estudiantes que están a punto de egresar del colegio: en quinto de secundaria, solo 11,3% alcanza un nivel satisfactorio en lectura y 12,8% en matemática. En las zonas rurales, esas cifras caen a 2,7% y 4,1%, respectivamente. Dicho de otro modo, en las zonas rurales prácticamente ningún adolescente termina el colegio con las competencias matemáticas que se esperan de él. Eso no es una brecha; es un abismo.

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Ese compromiso no se sostiene sin maestros en condiciones, profesionales y humanas, de enseñar bien. La formación inicial docente, el desarrollo profesional continuo y el liderazgo pedagógico dentro de las escuelas siguen siendo tareas pendientes, pero hay una dimensión que solemos pasar por alto: el bienestar emocional de quienes enseñan. Un maestro sobrecargado o desmotivado difícilmente puede sostener el vínculo que un aula necesita para que el aprendizaje ocurra.

A esto se suma un desafío que no da tregua: la inteligencia artificial ya está en las aulas, quieran o no las autoridades reconocerlo. La pregunta ya no es si debe entrar al sistema educativo, sino cómo evitar que profundice las desigualdades existentes. Los colegios privados urbanos la incorporan con naturalidad; muchas escuelas públicas rurales ni siquiera cuentan con conectividad estable. Sin una estrategia nacional que cierre esa distancia, la IA corre el riesgo de convertirse en otra fuente de inequidad, no en una herramienta que potencie los aprendizajes.

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Más allá del colegio, el país también necesita repensar cómo forma a los jóvenes que ya salieron de la educación básica. La educación técnica y universitaria tiene que dialogar mejor con un mercado laboral que cambia a una velocidad que las mallas curriculares tradicionales no siempre logran seguir.

Nada de esto será posible, sin embargo, si cada nuevo gobierno vuelve a empezar de cero. La educación peruana ha sufrido más por discontinuidad que por falta de buenas ideas. Programas que funcionan se abandonan, evaluaciones se interrumpen, prioridades cambian con cada ministro. “Garantizar continuidad y una gobernanza real entre el gobierno nacional y los regionales quizás sea, de las decisiones pendientes, la más difícil de tomar, pero también la que le da sentido a todas las demás.”

Estos serán, precisamente, algunos de los temas centrales que se discutirán en CADE Educación 2026, foro que este año presentará como su principal legado una Hoja de Ruta con propuestas concretas para recuperar los aprendizajes, fortalecer el liderazgo docente y avanzar hacia una educación con visión de largo plazo. El país ya tiene el diagnóstico; lo que falta es la decisión política de actuar sobre él, empezando por los primeros cien días.

Imagen LAZ5GG5DSBGMFM27QU3HX7U4WU

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