
A pesar de que el penal de Challapalca está considerado como uno de los centros penitenciarios de máxima seguridad en Perú, un brutal crimen se produjo dentro de sus muros el último 25 de marzo de 2025. Ever Arelllan Solís, un interno de 35 años, fue asesinado a puñaladas en lo que parece haber sido un ataque directo y premeditado. Las autoridades se han desplegado rápidamente para investigar el crimen, que involucra a uno de los prisioneros más peligrosos del país: Segundo Abel Castillo Abanto, líder de una banda criminal de extorsionadores.
El asesinato ocurrió en el Ala C del penal de Challapalca, un establecimiento penitenciario ubicado en la provincia de Tarata, en la región Tacna, cerca del límite con Puno. Según las primeras investigaciones, Solís, quien estaba cumpliendo una condena de 16 años por robo agravado, fue atacado con un arma blanca en su celda por otro interno. La víctima presentaba múltiples heridas punzo-cortantes en el pecho, el cuello y el ojo izquierdo, lo que le causó la muerte en el acto. La situación fue confirmada por el personal del Tópico del penal, quienes intentaron sin éxito asistir al herido.
El director del penal, Omar Córdova Villar, fue quien solicitó la intervención policial tras el hecho, indicando que se trataba de una muerte violenta dentro de la cárcel. Al llegar los agentes de la Policía Nacional del Perú (PNP), encontraron el cuerpo de Solís tendido en un pasadizo del penal. La escena del crimen fue acordonada mientras las autoridades iniciaban las investigaciones correspondientes.

Identificación del agresor
El principal sospechoso del asesinato fue identificado como Segundo Abel Castillo Abanto, un interno de 35 años con antecedentes de homicidio calificado. Castillo Abanto cumple una condena de 15 años de prisión y es conocido por ser el líder de la organización criminal “El Único”, dedicada a actividades delictivas como extorsión, cobro de cupos y homicidios en varias regiones del norte de Perú, incluyendo Ascope en la región de La Libertad.
Tras el ataque, Castillo Abanto fue aislado del resto de los internos debido a las pruebas que lo vinculan con el asesinato. Se le encontraron manchas de sangre en su ropa, lo que reforzó la teoría de que él fue el autor material del crimen.
Reacción de las autoridades
La noticia del asesinato causó conmoción en el establecimiento penitenciario y en las autoridades locales. El director del penal, junto con el personal de seguridad del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), comunicaron inmediatamente el hecho a las autoridades pertinentes. Fue así que una comitiva de la Policía Nacional del Perú, integrada por agentes de la Sección Homicidios de la División de Investigación Criminal (Divincri) y peritos de la Oficina de Criminalística (Oficri) de la Región Policial Tacna, se desplazó al penal para realizar las primeras diligencias. Además, el fiscal provincial de Tarata, Jhonatan Mendoza Aruquipa, también llegó al lugar para supervisar las investigaciones.
Las autoridades confirmaron que, a pesar de las estrictas medidas de seguridad del penal, no es la primera vez que ocurren incidentes de violencia entre los internos. Sin embargo, la magnitud del crimen y la implicación de un líder de una organización criminal de tal envergadura ha generado una atención aún mayor por parte de los investigadores, quienes buscan esclarecer el móvil del asesinato y conocer más de la relación entre los dos internos involucrados.

No es la primera vez
En febrero de este año, un interno del penal de máxima seguridad de Challapalca, Iván Darío Padilla Rocha, fue hallado sin vida en su celda. Padilla Rocha, un ciudadano colombiano de 37 años, había sido arrestado en 2022 tras protagonizar una fuga del penal de Samegua. Su muerte ocurrió una semana después de un operativo de seguridad que desmanteló estructuras ilegales utilizadas por reclusos para comunicarse con redes criminales externas.

Según informó el Instituto Nacional Penitenciario (INPE), el hallazgo se realizó durante una ronda de rutina en el pabellón 1, alero 1B. El personal penitenciario encontró a Padilla Rocha colgado de los barrotes de su celda y, de inmediato, notificó al alcaide de servicio y al personal de salud, quienes confirmaron que el interno no presentaba signos vitales.