
Litros de tinta y kilos de papel describen el fracaso educativo de la Argentina. Sigue vigente “La tragedia educativa” de Jaim Echeverry. Abundan los diagnósticos cuali y cuantitativos. Los planes de estudios están escritos sobre papiros amarillentos, los “neoalumnos” no encuentran “neodocentes”, el nivel secundario sigue planificado para que los graduados ingresen a la Universidad, pero escasean las propuestas educativas orientadas a los empleos que demanda la sociedad actual.
La improvisación y los parches fueron insuficientes para salir del eclipse educativo, los intentos por “hacerla fácil” para el estudiante mejoraron los resultados estadísticos, pero no el fruto de la educación. Resultado no es lo mismo que fruto, este último requiere de madurez, producto de buena semilla, tierra fértil y pasión del campesino para cuidar al sarmiento.
PUBLICIDAD
Es requisito excluyente entender el entorno para construir el nuevo modelo educativo.
Salgamos del valle de los lamentos y pensemos en grande para entender las raíces del problema:
- Efecto cuna: según la última medición del ODSA un 10% de la población infanto-juvenil vive bajo la línea de indigencia, los trastornos nutricionales afectan gravemente la maduración cerebral y su desempeño escolar.
- Efecto pobreza: el mismo informe registra un 53% de menores de 17 años bajo la línea de pobreza. La necesidad laboral supera a la motivación de estudiar.
- Des familiarización: la destrucción de la familia como núcleo del tejido social, así como otras redes de contención del niño vulnerable son un camino seguro para ingresar al mundo de la droga, que no solo destruye el cerebro, sino que les quita la vida.
- Fusilamiento público de la figura paterna: los padres tienen miedo de ejercer autoridad, cuando un padre se convierte en el mejor amigo de su hijo este último queda huérfano.
- Hipertecnicismo: pantallas que facilitan todo, pero anulan el pensamiento crítico y reflexivo. Solo inducen al hiperconsumismo, egoísmo, y últimamente impulsan a las adicciones y el juego por dinero.
- Escuelas que no motivan: falta el fuego de la pasión motivadora que atraiga al alumno, que lo conmueva, lo impulse a la búsqueda de la verdad verdadera.
- Falta vocación para la docencia: cada año es menor el número de postulantes para ingresar a la carrera de formación docente.
- Perdida de reconocimiento social del docente.
- Débiles programas para rescatar al alumno que abandona la escuela.
El desarrollo de un país requiere de educación, salud, capitales, cultura de trabajo y libertad. Todos ellos al servicio del hombre. Argentina parece no haber entendido que tenía todo esto y que lo fue perdiendo.
Parafraseando al Papa Francisco podemos decir que “solo cambiando la educación se puede cambiar nuestra querida Argentina”.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
La decisión económica detrás del voto
En esta segunda vuelta, corresponde pedir prudencia y veracidad en las propuestas, transparencia y compromiso con el crecimiento económico y con el desarrollo integral y solidario del Per

Derechos Humanos para el mundo libre
No pertenecen a izquierdas ni derechas, a gobiernos ni oposiciones. No son herramientas de una facción. Son el límite moral que toda forma de poder debe respetar

¿Una ley para aliviar el sufrimiento o para eliminar al que sufre?
El proyecto de eutanasia presentado en el Congreso pone en juego el valor que la sociedad otorga a la dignidad de quienes sufren

La educación como puente: la apuesta de la Fundación San Lucas
Los sueños de los jóvenes no deben estar limitados por su contexto económico. Cómo acceder a las becas

Modernizar el trabajo sin debilitar al trabajador
Las sociedades modernas deben encontrar mecanismos para equilibrar la relación entre empresas y empleados, que es desigual por naturaleza




