
En un genial ensayo que nada tiene que ver con la economía, José Ortega y Gasset planteó el problema de confundir ideales con realidades. “Los ideales son las cosas recreadas por nuestro deseo -son desiderata-. Pero ¿qué derecho tenemos a considerar lo imposible, a considerar como ideal el cuadrado redondo?… Tal vez lo que más diferencia la mente infantil del espíritu maduro es que aquélla no reconoce la jurisdicción de la realidad y suplanta las cosas por imágenes deseadas”.
Son reflexiones válidas al momento de decidir cuál es el régimen monetario que mejor nos asegura la estabilidad de precios y el crecimiento económico. Confundir lo ideal con lo posible no contribuirá a tomar la mejor decisión. Como decía Voltaire, “lo perfecto es enemigo de lo bueno”.
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Muy común en el debate es la falacia del nirvana, que consiste en comparar los costos y riesgos de una dolarización oficial (tal como la definí aquí) con los de un régimen ideal pero inasequible basado en el peso (por ejemplo, aquel vigente en Perú o Uruguay). Lo correcto sería compararlos con los de las alternativas posibles en Argentina.
Como ya he argumentado en otro artículo, la noción de que podemos tener un banco central competente e independiente es quimérica. Ergo, cualquier régimen que se base en ese supuesto para alcanzar los objetivos de estabilidad y crecimiento está condenado al fracaso. Para ponerlo en palabras de Ortega, equivale a pretender un cuadrado redondo.
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La noción de que podemos tener un banco central competente e independiente es quimérica
Otra falacia recurrente es la del “hombre de paja”, que consiste en imaginar una dolarización que no funciona (pero que tampoco se parece a ninguna de las que se han implementado en otros países) y concluir que todas sus variantes de implementación son inviables. Más útil resulta imaginar de qué manera sería viable una dolarización, porque no hay duda alguna de que Argentina necesita un cambio de régimen monetario.
De continuar con el peso, tarde o temprano, algún gobierno volverá a las andanzas y tendremos nuevamente una inflación alta, persistente y volátil.
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Teniendo en cuenta que vivimos bajo un régimen democrático con alternancia periódica en el poder -sin duda el mejor posible-, extrapolar al futuro lo que ha ocurrido desde diciembre de 2023 hasta hoy en el plano fiscal sería una ingenuidad peligrosa.
La elección de un régimen monetario implica un trade-off que requiere un cálculo de probabilidades. Para simplificar imaginemos dos regímenes monetarios, uno basado en el peso (R AR$) y otro bajo una dolarización oficial (R USD).
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Supongamos, además, que hay solo dos estados posibles de la naturaleza en términos de estabilidad y crecimiento: un escenario bueno y uno malo. Para simplificar, podríamos expresar el valor esperado (E) de cada régimen (R) de esta manera:
Supongamos también que EB (estabilidad con crecimiento) es similar bajo ambos regímenes. En tal caso, el ejercicio se reduce a cuantificar el primer término de ambas ecuaciones.
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En el caso de un régimen basado en el peso contamos con 80 años de evidencia. Argentina es el país que tuvo mayor cantidad de años con una tasa de inflación entre las más altas del mundo y una caída del PBI per cápita. Si la historia indica algo, es que p1 es significativamente superior a cero y al promedio del resto del mundo.
Argentina es el país que tuvo mayor cantidad de años con una tasa de inflación entre las más altas del mundo y una caída del PBI per cápita
¿Qué podemos imaginar como un escenario malo bajo una dolarización? No tenemos experiencia con este régimen. La convertibilidad es una mala proxy.
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La experiencia de Ecuador en los últimos 20 años nos da una respuesta: estabilidad de precios (tasa de inflación anual promedio de 2,7%) con una tasa de crecimiento del PBI per cápita de 1,7% similar al promedio de América Latina. En comparación, durante ese mismo período y enfrentando los mismos shocks externos, las cifras respectivas para Argentina fueron 48% y 0,9 por ciento.
Si tomamos una perspectiva de largo plazo para Ecuador, los resultados son los siguientes:
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Es decir, una inflación menor y menos volátil y una tasa de crecimiento del PBI per cápita más alta y menos volátil.
En el caso de Argentina, los peores valores bajo el régimen del peso coincidentemente se dieron en 1989, cuando la inflación anual promedio alcanzó 3.079,5% y el PBI per cápita cayó 7,7%. En el caso de Ecuador, no hubo tal coincidencia.
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Los peores valores bajo el régimen del peso coincidentemente se dieron en 1989, cuando la inflación anual promedio alcanzó 3.079,5% y el PBI per cápita cayó 7,7 por ciento
Pero si suponemos que cualquier tasa de inflación anual por encima de 50% es igualmente perniciosa, la peor combinación bajo el régimen del sucre ocurrió en 1999, un año antes de la dolarización, cuando la inflación promedió 55% y el PBI per cápita cayó 6,4 por ciento.
Otra manera de cuantificar los escenarios buenos y malos es calcular para el período 1946-2024, el porcentaje de tiempo que Argentina y Ecuador tuvieron:
- tasa de inflación anual superior a 8%,
- variación negativa del PBI per cápita,
- ambas a la vez (alta inflación y caída de la actividad agregada.
Para calcular estas cifras en el caso de Argentina tomo el régimen de convertibilidad desde 1992 a 2001 como (mala) proxy de un régimen de dolarización. No considero el 2002 para Argentina y 2020 para ambos países. En el caso de Ecuador, el régimen de dolarización empieza en 2001. La tabla siguiente resume los resultados de este ejercicio:
Los datos históricos sugieren que, para ambos países, el peor escenario en términos de inflación y caída del PBI per cápita tiene mayor probabilidad de ocurrencia bajo un régimen de moneda propia. Es decir, para ambos países, p1 > p2.
Además, teniendo en cuenta que en términos absolutos, tal escenario bajo ese régimen fue peor tanto en Argentina como en Ecuador, E (R US$) > E (R AR$). Por lo tanto, convendría dolarizar. La metodología propuesta tiene obvias limitaciones, pero sirve para ilustrar el problema.
En conclusión, dadas las circunstancias actuales, ningún régimen monetario asequible a Argentina está exento de riesgos y/o costos macroeconómicos. Ninguno nos puede asegurar el nirvana.
Ningún régimen monetario asequible a Argentina está exento de riesgos y/o costos macroeconómicos
Como muestra la tabla anterior, desde hace décadas que con el peso la economía ha alternado abruptamente entre equilibrios sub-óptimos en términos de estabilidad y crecimiento. El resultado ha sido una estanflación única en el mundo.
En última instancia, la elección de un nuevo régimen implica un trade-off. Obviamente, aunque el cálculo de probabilidades indique que para la economía en su conjunto un régimen es preferible a otro, esto no necesariamente implica que también lo sea para quien formula la política económica. Este es otro factor a considerar al momento de evaluar la probabilidad de que el gobierno decida dolarizar.
El autor es Economista e historiador. Esta columna fue publicada en el Blog del Libro Dolarización: Una solución para la Argentina
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