
En los últimos días se instaló un debate en el que el Gobierno denuncia que hay sectores que piden una devaluación del peso. Según funcionarios públicos, esos sectores buscan empobrecer a la gente y no aceptan la necesidad de ser más competitivos.
En otras palabras, plantean subir el tipo de cambio para ocultar su ineficiencia.
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El argumento del Gobierno es válido. Si Argentina ganara competitividad por la devaluación, hoy sería el país más competitivo del mundo dada la cantidad de veces y la magnitud de las depreciaciones de su moneda. Pero, en rigor, no hay solo un debate entre devaluadores y quienes rechazan la devaluación.
¿Qué significa devaluar?
En términos simples, implica que el gobierno aumenta el tipo de cambio oficial, es decir, sube el precio de la divisa. Hoy el tipo de cambio mayorista ronda los $1.000. Devaluar implicaría, por ejemplo, elevarlo a $1.200, aunque ese número está lejos de ser el que propongo. En cambio, sugiero liberarlo.
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En definitiva, devaluar es lo que hizo Milei en diciembre de 2023 al llevarlo de $381,31 a $832,64. Modificó el precio máximo del dólar, lo mismo que proponen quienes creen que Argentina está cara en dólares. El Gobierno considera que con un ajuste del 1% mensual es suficiente, mientras que sectores industriales demandan un porcentaje mayor.
Devaluar es lo que hizo Milei en diciembre de 2023 al llevarlo de $381,31 a $832,64. Modificó el precio máximo del dólar
Pero hay otra alternativa a la devaluación: liberar el mercado cambiario y dejar que los agentes económicos determinen el valor de equilibrio. No es diferente a lo que ocurre con otros precios ya liberados, como los de los alimentos, la ropa o el turismo.
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Se argumenta que si se deja flotar el tipo de cambio, habría un descontrol del precio. Si esto fuera cierto, significaría que el valor actual no refleja el equilibrio del mercado, entendido como aquel en el cual la oferta cubre plenamente la demanda. En ese caso, la existencia de demanda reprimida indicaría que el tipo de cambio está atrasado.

Hoy, al precio fijado por el gobierno, la oferta no alcanza para cubrir la demanda. Obviamente, los llamados mercados libres no son totalmente libres, porque el BCRA interviene de distintas formas: con el dólar blend, vendiendo dólares directamente y regulando la tasa de interés.
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Un argumento en contra de liberar el mercado es que hay una demanda acumulada desde el inicio del cepo en agosto de 2019, especialmente para giros de utilidades y dividendos de filiales de empresas extranjeras.
Considerando que el Gobierno canceló la deuda a los importadores con los Bopreal -a quienes el BCRA autorizó a importar pero no entregó dólares antes de la devaluación-, el ente monetario podría hacer lo mismo con las empresas que hoy tienen retenidos sus giros de utilidades y dividendos a sus casas matrices del exterior. Algo parecido hizo con Cammesa: le debía dinero y le pagó con un bono del Tesoro.
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Considerando que el Gobierno canceló la deuda a los importadores con los Bopreal, el ente monetario podría hacer lo mismo con las empresas que hoy tienen retenidos sus giros de utilidades y dividendos
Por lo tanto, podría aplicar la misma solución: emitir un bono para saldar esos montos y liberar el mercado. Sería más sano que permitir el carry trade de quienes no pueden girar utilidades, evitando que el problema se vuelva impagable.
Sin embargo, el Gobierno insiste en que mantendrá el tipo de cambio y que su estrategia es reducir costos para mejorar la competitividad. Ese camino tiene lógica, pero parte de un nivel cambiario que no refleja el equilibrio del mercado y aún no implementó las reformas estructurales.
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Esta situación alimenta el argumento de quienes piden una devaluación en lugar de la liberación cambiaria. Si se libera el tipo de cambio, el peso se fortalecerá gradualmente con el avance de las reformas. El dólar barato debe ser el punto de llegada tras las reformas, no el punto de partida.
Por último, un mercado libre evitaría la necesidad de recurrir al BCRA, salvo que se busque intervenir, como ocurrió en la crisis de 2018.
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En síntesis, el Gobierno devaluó y sigue ajustando mensualmente, pero hay sectores que piden más.
La solución no pasa por establecer un tipo de cambio arbitrario y debatir qué precio máximo prefiere cada uno, sino por una flotación limpia, sin intervención oficial.
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