
Puesto en boca de Sergio Massa es, por supuesto, graciosísimo. Me refiero a la versión de “El Hijo de Hernández” del Cuarteto Nos que se presentó en la Fábrica de Jingles, la maravillosa sección del streaming Gelatina que conducen Pedro Rosemblat, Ivana Szerman y Marcos Aramburu. Si tenés más de 55 y no entendiste una palabra de lo que acabo de escribir, poné “jingle yo no soy Alberto Fernández” en Google. Me lo vas a agradecer.
Como dijo Tamara Tenenbaum, “la fábrica de jingles es lo único que me dio alguna fe en este país en estas semanas”. Para mí, un mix perfecto de algunas de nuestras mejores tradiciones post primavera alfonsinista. Una especie de revival de tolerancia cívica, resiliencia colectiva y sátira política con dejos de tangalanguismo explícito, estética de rebeldía pergolinesca y banda sonora de kitsch publicitario, todo transmitido por streaming, el híbrido radio-televisión en vivo que más atrae a las estrellas electorales del momento: los jóvenes. Un gol.
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En ese contexto, hubo jingles para todos los gustos, desde Myriam Bregman hasta Javier Milei. Para mí el mejor fue, lejos, la versión pro-Grabois que hizo Negro Andante con Bohemian Rhapsody de Queen. Les recomiendo mucho también el que mandaron el humorista Roberto Moldavsky y la banda La Valentín Gómez sobre Bregman con la música de Hava Nagila. Me comprenden las generales de la ley, pero es escandalosamente bueno. No sé cómo haré en el próximo Bar-Mitzvá para no cantar “Myriam Bregman es judía, fue al schule con mi tía”.
Y luego estuvo, por supuesto, “Yo no soy Alberto Fernández”, el tema que ganó el oro en La Vedada, una suerte de Martines Fierro de los jingles que se transmitió en plena veda electoral hasta la madrugada del sábado previo al domingo de las PASO, con 27 mil viewers en vivo. Pero a los pibardos no les interesa la política, no.
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El jingle de oro está construido en la primera persona de Massa y, en lo esencial, dice que a él no le va a pasar lo mismo que a Alberto Fernández. “Soy Sergio, hincha de Tigre y simpático, me gusta estar con la gente y palmearlos porque soy lo que soy: un tipo como vos. Cristina ya dijo qué es lo que pretende, los kucas lo niegan, se ve que no entienden, tendrán miedo de que yo me ablande y yo no soy Alberto Fernández. Y no me jodan con que soy traidor, que más de uno de acá fue y volvió. No se hagan los boludos, que ya somos grandes y yo no soy Alberto Fernández”.
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Un hit, sin dudas. Lo que me impresionó fue que esta semana encontré el jingle puesto no ya en cabeza de Massa, sino del propio presidente. Y en el mundo real. “Hubo elecciones la semana pasada y todos están muy preocupados con mi agenda: ¿qué estamos haciendo?, ¿dónde está?, ¿por qué no habla? Miren, básicamente no hablo porque no soy candidato. Soy presidente y tengo que seguir trabajando y resolviendo los problemas que los argentinos tienen”, dijo Alberto Ángel Fernández en un acto en Neuquén.
Bueno, pero justamente, ¿no? Si Alberto Fernández es Alberto Fernández y Alberto Fernández es, todavía, el presidente de este país, ¿no sería bueno que hable? No sé, digo yo. Tal vez es mucho pedir, eh, no sé. A mí se me ocurre, de intensa que soy nomás, que estaría bueno que el presidente de la Argentina le hable a la ciudadanía de los múltiples problemas que la aquejan. De la inflación, de la inseguridad, de las reservas, del FMI, del ascenso meteórico de la extrema derecha al calor de su gobierno, de la lesión del Colo Barco, no sé, de algo.
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Porque “yo no soy Alberto Fernández” es graciosísimo cuando lo dice el Massa hipotético del jingle. Incluso es más gracioso después de la estoica presencia del ministro luego de las PASO en un programa de televisión en el que se vio obligado a hablar mucho más de la economía que de su candidatura. Porque en un momento, yo estimo que ya un poco hinchado los quinotos de estar ahí poniendo la caripela por el gobierno de “yo no soy Alberto Fernández”, Massa dijo, textualmente, “yo no soy el presidente, yo soy candidato a presidente”. O sea: ¡yo no soy Alberto Fernández!
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Ahora, esto que es gracioso dicho por un Massa hipotético y hasta por un Massa real, en la voz de Alberto Fernández resulta trágico. No tragicómico. Trágico. Pero lo más increíble es que Alberto Fernández no es el único que no es Alberto Fernández. Esta semana también me enteré de que Gabriela Cerruti, la portavoz del presidente, tampoco es la portavoz del presidente. Parece que en este país nadie es quien dice ser.
¿Qué pasó? Bueno, resulta que con el quilombo de los saqueos (ya veremos que, según dicen los mismos que niegan que Alberto Fernández sea Alberto Fernández, tampoco son saqueos), Gabriela Cerruti, cuyo cargo oficial en el gobierno de la Argentina es el de “portavoz de la presidencia”, hizo un video-selfie en el que apuntó contra Javier Milei y su partido, La Libertad Avanza, por armar una “operación” con rumores de saqueos para “generar desestabilización, generar incertidumbre e ir contra la democracia”.
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Por estos dichos, que terminaron con la funcionaria imputada (a mi juicio en forma absolutamente exagerada, pero ese es otro asunto) por omisión de denuncia e incitación a la violencia, salió a hablar el jefe de gabinete y candidato a vicepresidente Agustín Rossi, que de momento sí admite ser, en efecto, Agustín Rossi. No sabemos por cuánto tiempo, pero por ahora sigue, así que aprovechemos a escucharlo porque el hombre tiene un cargo importantísimo.
A Rossi lo consultaron al llegar a la reunión paqueterrima del Consejo de las Américas por los dichos de Cerruti y contestó que “la portavoz habla por la portavoz”. O sea, la portavoz no es la portavoz. O al menos no es la portavoz de la presidencia. Sería bueno que lo aclaren, ¿no? Porque si la portavoz va a seguir, como su nombre lo indica, portando la voz, es importante saber si va a ser del presidente, ¿no? O en todo caso de quién, digo. Porque si va a portar la suya propia no hace falta que aclaren que es la portavoz. Basta con que porte su propia cara que con eso alcanza, en general, para que sepamos por quién habla una persona. Y si Gabriela Cerruti va a empezar a hablar por sí misma y no ya por el presidente, entonces no sé si es necesario que siga siendo la portavoz del presidente. No sé, digo yo.
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Y fue ahí mismo, también, que Rossi explicó lo de que los saqueos no son saqueos, sino robos. O “hechos delictivos”, como dijo el ministro de Seguridad Aníbal Fernández, que es abogado, así que de eso debe saber un montón. Yo no sé, realmente, si los hechos fueron planeados, operados o qué. Sería fantástico que se investigue. Ahora, para saber si hubo saqueos o no hubo saqueos basta con mirar los videos de los saqueos. Lo podemos llamar de otra manera si prefieren. No tengo drama con los eufemismos para preservar la salud mental y la gobernabilidad, que es como la salud mental, pero de los países. Pero sepamos que aunque los llamemos “robo en poblado y en banda” o “paseos delictivos por el súper”, son saqueos.
En fin. Por suerte, quedan los jingles.
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