
No siempre salen bien los cambios de frente. Hay que tener espalda para aguantar y prestigio para ser creído. En 1951, por poner algún ejemplo relativamente reciente de nuestra historia, el general Perón le imprimió un giro copernicano a su gobierno estatista, intervencionista y antiimperialista. Procuró recomponer relaciones con los Estados Unidos, acceder a créditos internacionales, hablar de productividad y convocar a la Stándar Oil de California para extraer nuestro petróleo. ¡Era otro Perón! Un sector de su partido, no obstante la confianza en su líder, quedó petrificado frente al cambio. John W Cooke fue uno de ellos. Años después afirmó: “Combatí el proyecto. Me opuse al contrato con la California por entender que era un mal precedente y que no era el camino para lograr el autoabastecimiento y que podría desviar al movimiento de otras posiciones de profundo contenido revolucionario”. Era obvio, se había producido un cambio ideológico.
La oposición política y militar asumió las banderas del antiimperialismo y se alzó en armas. Sánchez Zinny en su libro “Culto a la Infamia”, en pentagrama nacionalista afirmaba: “Perón prepara la venta de nuestra riqueza petrolífera y la entrega de nuestro territorio al capitalismo imperialista”.
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Lonardi, que era un nacionalista católico, seguramente corregiría esos errores del primer trabajador. Así pensaban muchos. El 13 de noviembre se hundieron las esperanzas.
Frondizi y la confusión de las ideas
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Con su libro “Petróleo y política”, Frondizi enfrentó la política “entreguista” de Perón. No hablaremos de ese líbelo, sino del que publicó un año después, “La lucha antiimperialista”, al que abordaremos con más detenimiento. La influencia marxista es evidente en ese texto, incluso leninista. Escribía: “En la misma forma como antes el viejo capitalismo se caracterizaba por la exportación de mercancías, el nuevo capitalismo se caracteriza por la exportación de capital. El capital imperialista se proyecta sobre países y regiones del mundo cuyo desarrollo capitalista no existe o se encuentra en los comienzos. El mundo entero queda así repartido entre las potencias imperialistas, las cuales mediante la explotación de las regiones poco desarrolladas, aprovechan las riquezas y el trabajo realizado por millones de hombres que pueblan esas regiones. Nuestro país ha recibido distintas formas de capital extranjero en diferentes períodos de su historia. A este respecto no está demás que recordemos que el capital extranjero ha procedido generalmente como un factor perturbador de la moral, la política y la economía argentina”.
Dos años después e inmediatamente que ganó las elecciones, en febrero de 1958, apareció de golpe otro Frondizi. Su vice Alejandro Gómez no aceptó el cambio, especialmente la novedosa política petrolera que se daba de bruces con lo que el Presidente había escrito y tuvo que renunciar, al parecer involucrado en un intento de golpe de Estado. Duró seis meses. El año 1959 fue altamente conflictivo, motivado en gran parte por este giro a la ortodoxia de Frondizi, dado sin fuerza y sin convicción. El periodista Emilio Perina, artífice del acuerdo Perón-Frondizi, recuerda, en 1960, una conversación mantenida con Perón un tiempo antes de la elección presidencial: “Si Frondizi quiere realmente hacer la política de expansión y desarrollo que está anunciando, no le queda otro remedio que entregarse en brazos de las derechas. Pero él no lo hará, porque es un prisionero de su formación izquierdizante. Le va a faltar coraje. Va a tener miedo que lo llamen reaccionario” (Detrás de la crisis).
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El 11 de junio de 1959, a poco más de un año de gobierno de la UCRI, Perón hace público el acuerdo con Frondizi. La presión de los partidos políticos antiperonistas y de la FF.AA. arrinconan al Presidente obligándolo a un giro reaccionario, al decir de Perón, y convocó el 25 de junio al Ministerio de Economía al ingeniero Álvaro Alsogaray. No estaba convencido, estaba acorralado, explicar que el liberalismo era una opción para su gobierno resultaba antipático. No se amilanó, si lo corrían por derecha él se colocaría más a la derecha. Ese giro a la ortodoxia confundió a propios y extraños. Isidro Odena que fuera Ministro de Frondizi asegura “que la designación de Alsogaray desorientó a los partidarios del Presidente” (Libertadores y Desarrollistas). Ni la Revolución Libertadora se había animado a tanto. El general Aramburu fue un pertinaz crítico de la movida política, no cesaba de insistirle a Frondizi que renunciara al Ingeniero pro norteamericano.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia
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Alsogaray no formaba parte de los amigos del gobierno, el economista presidía su partido, Cívico Independiente, y su acceso al gobierno, según nos informa, consistía: “En un verdadero cogobierno en el cual el área económica y social nos estaba reservada. Nosotros teníamos grandes dudas acerca de los motivos y de la sinceridad del Presidente al formular aquel ofrecimiento. Se sospechaba que después de un período durante el cual ayudaríamos a recomponer la situación, el Presidente pediría nuestras renuncias y retornaría a sus anteriores concepciones”.
Alsogaray, para mostrarse como alternativa, aceptó la propuesta siempre y cuando se le otorgara el Ministerio de Economía y el de Trabajo. Le fue concedido. Desde el punto de vista económico Alsogaray debía realizar la tarea sucia: estabilizar la economía y olvidarse del desarrollo, el Estado no debía gastar más de lo que recaudaba, control de la inflación, los salarios aumentarían en función de la productividad, racionalización de empleados del Estado y empresas públicas, y prohibir la emisión de pesos. Austeridad y acumulación de divisas fue la consigna. Para Alsogaray su gestión fue exitosa: bajó la inflación del 113% a cero, acumuló divisas que al día de hoy podrían calcularse en 30 mil millones de dólares, asegura que la inversión creció holgadamente. No fue la opinión de Rogelio Frigerio que tanto hizo para que Alsogaray asumiera como Ministro.
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Corresponde observar que había un punto donde el liberalismo de Alsogaray se tocaba con el desarrollismo y este era la disminución del déficit fiscal, la acumulación de reservas y las inversiones extranjeras. Ese fue el sentido de su acercamiento a Frondizi. No pudo ser. Escribió Alsogaray: “Mis relaciones con el Presidente eran normales y cordiales. El doctor Frondizi dejaba hacer y nosotros hacíamos.” Pero cuando se presentó el proyecto ferrífero de Sierras Grandes, Alsogaray se opuso. De modo que el 23 de abril de 1961 estando en Olivos: “Noté a Frondizi algo alterado y con signos de grave preocupación. Sin mayores prolegómenos me dijo, Ingeniero es un hecho lamentable para el país pero me veo en la necesidad de reorganizar mi gabinete. A lo cual respondí Doctor debo entender que eso implica mi renuncia. Me contestó afirmativamente. Fin.
Frondizi se debilitó aún más, sus amigos estaban decepcionados y los opositores envalentonados. Alsogaray no pudo realizar su programa en un gobierno que a todas luces pregonaba otro sistema de ideas.
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Cosas que pasan cuando el panorama económico se ensombrece y se apela a soluciones que nada tienen que ver con el sentido del voto por el cual fueron elegidos.
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