
“Las imágenes, los dibujos, los templates unifican el lenguaje, y eso es algo muy primitivo en nosotros”. Con esa base, Dina recorre cómo el pensamiento visual transforma la comunicación interna de organizaciones que operan con procesos complejos y equipos internacionales.
La comunicación cambió radicalmente en los últimos años. ¿Cómo lo ves desde tu campo?
El cambio fue brutal. Pasamos de una comunicación unidireccional a algo multicanal, multidireccional, multi todo. Antes la voz estaba en manos de unos pocos: publicistas, periodistas. Hoy cualquiera puede comunicar sus ideas en gran cantidad de plataformas.
Eso democratizó algo importante, pero también generó mucha saturación y mucho ruido. En digital hoy es difícil para todos. Hay tanto y tan nuevo que uno termina como intoxicado de información. Te propones hacer algo y terminás cliqueando en cualquier otro lado. Estamos todos naufragando en un mar de ideas y cosas nuevas, y eso nos cuesta para conectar con lo que realmente importa.
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¿Cómo surgió tu interés por el pensamiento visual?
Siempre me dediqué a la comunicación. Pero en un momento, trabajando en una empresa, me di cuenta de que aunque todo el mundo hablaba de comunicación, parecía que nadie se entendía. En toda organización, chica o grande, lo primero que sale es: "el problema acá es la comunicación“.
Investigando para una nota sobre “reunionitis” vi que había mandos medios con toda la información que nunca tenían tiempo de contarle a sus equipos qué pasaba. Y emails copiados a veinte personas con cosas que ni interesaban. Ahí encontré un libro donde el autor explicaba cómo, con algunos gráficos simples en una servilleta de tren, logró que alguien entendiera perfectamente una presentación de último minuto. Eso fue la frutilla de la torta: lo visual como síntesis de la comunicación.
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En entornos de comercio exterior, donde conviven distintos idiomas y culturas, ¿qué rol puede jugar el “visual thinking”?
Un rol enorme. Hay un lenguaje que es universal: el de las imágenes. En todos los países, una taza de café es una taza de café. La podés dibujar, y más o menos ya se entiende qué es. Algo simple que universaliza el lenguaje.
Si estás en una reunión donde todos tratan de hablar en inglés, uno con acento de Inglaterra, otro de Estados Unidos, otro desde Latinoamérica, a veces ni entre nosotros nos entendemos en el mismo idioma. Pero un flujo de proceso acompañado con un gráfico simple hace que la otra persona entienda mucho mejor.
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Las imágenes, los dibujos, los templates unifican el lenguaje. Y eso es algo muy primitivo en nosotros: antes de que apareciera cualquier idioma escrito, en las cavernas la gente ya dibujaba su vida, lo que veía y lo que deseaba.

En logística hay muchos actores involucrados, procesos encadenados, responsabilidades cruzadas. ¿Cómo ayuda el pensamiento visual a alinear equipos en ese contexto?
En entornos complejos, el “visual thinking” funciona como una brújula: alinea, simplifica y da claridad a los mensajes. Cuando algo falla en una cadena logística, pasan dos cosas típicas: cada área ve solo su parte de la película, y nadie quiere asumir su cuota de responsabilidad.
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Si en lugar de buscar culpables ponés a todas las personas juntas a pensar en el proceso de manera visual y sincrónica, ven el panorama completo al mismo tiempo. Y ahí podés encontrar dónde estaba realmente el cuello de botella. A veces uno cree que el problema es uno y cuando lo visualizás te das cuenta de que era otro. Nosotros tenemos un caos adentro de la cabeza: ideas, problemas, emociones, tareas. Cuando lo sacamos hacia afuera y lo vemos, los problemas suelen ser más manejables de lo que parecían.
¿Por qué cuesta tanto ordenar y transmitir ideas dentro de las organizaciones, aunque sean buenas ideas?
Veo varias razones. Una es que cada área representa un pedacito de la película: ve su parte, reacciona en función de eso y muy pocas veces se toma el trabajo de entender qué le pasa a otra área. Como dice el dicho: por ver el árbol te perdés el bosque.
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Y también hay mucho movimiento interno: cambios de cultura, de valores, fusiones, nuevos liderazgos. Eso hace que la gente se sienta perdida a la hora de comunicar hacia adentro y hacia afuera. La comunicación externa es más fácil porque se la delegás a una agencia o la controlás mejor. La interna es más compleja porque cada persona arma su propio radio pasillo. Entonces tenés ideas excelentes, pero parece que hablaras idiomas diferentes o que estuvieras viendo películas distintas.
¿Hay una base más profunda, biológica, que explique por qué lo visual funciona mejor?
Totalmente. Nuestro cerebro no piensa en palabras: piensa en imágenes. Si ahora te digo “helado”, ¿qué ves? No ves la palabra H-E-L-A-D-O. Ves un color, una textura, un sabor, algo asociado a eso. Pensamos en imágenes, soñamos en imágenes y recordamos en imágenes.
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De todas nuestras neuronas sensoriales, el 75% están abocadas a procesar el mundo visualmente. El otro 25% se reparte entre olfato, audición, gusto y tacto. Y cuando procesamos texto el cerebro hace un gran esfuerzo, mientras que una imagen se procesa 65.000 veces más rápido. Por eso incorporar lo visual a las tareas cotidianas no es un capricho estético: es darle al cerebro una herramienta que ya tiene, pero que solemos ignorar.
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