
El llamado hígado graso, cuyo nombre médico es esteatosis hepática, se caracteriza por la acumulación excesiva de grasa en las células del hígado. En muchos casos no provoca síntomas evidentes y se detecta de manera incidental en análisis de sangre o estudios de imagen. Sin embargo, si no se atiende, puede progresar a inflamación hepática, fibrosis e incluso cirrosis.
Contrario a lo que prometen algunas modas en redes sociales, el hígado no necesita “desintoxicarse” con jugos o suplementos. Es, de hecho, el principal órgano encargado de depurar la sangre. Lo que sí necesita es dejar de recibir agresiones constantes y recuperar el equilibrio metabólico.
¿Por qué aparece el hígado graso?
Las causas más comunes están relacionadas con:
- Consumo elevado de azúcares y harinas refinadas
- Dietas ricas en ultraprocesados
- Sobrepeso y obesidad
- Sedentarismo
- Resistencia a la insulina y colesterol alto
- Consumo frecuente de alcohol (en el caso del hígado graso alcohólico)
En la actualidad, la variante no alcohólica es la más común y está estrechamente ligada al estilo de vida.

Alimentación: el pilar del tratamiento
La evidencia médica es clara: mejorar la dieta es la estrategia más eficaz para revertir el hígado graso.
Se recomienda priorizar:
- Verduras de hoja verde, brócoli, zanahoria y remolacha
- Frutas enteras, ricas en fibra y antioxidantes
- Grasas saludables como aceite de oliva, aguacate y frutos secos
- Proteínas magras: pescado, legumbres, huevo y pollo
En paralelo, conviene reducir al mínimo:
- Azúcar añadido y refrescos
- Pan blanco, bollería y comida rápida
- Productos ultraprocesados
- Alcohol
Especialistas señalan que perder entre 5 y 10 % del peso corporal puede disminuir significativamente la grasa acumulada en el hígado.
Actividad física: moverse sí importa
No es necesario realizar ejercicio extremo. Caminar a paso rápido entre 30 y 45 minutos al día, andar en bicicleta o practicar natación de forma regular mejora la sensibilidad a la insulina y reduce la grasa hepática, incluso sin una gran pérdida de peso.
La clave está en la constancia y en evitar el sedentarismo prolongado.
Hidratación, infusiones y descanso
Beber suficiente agua durante el día favorece los procesos metabólicos. Algunas infusiones, como té verde, cúrcuma o diente de león, pueden acompañar el tratamiento gracias a sus propiedades antioxidantes, aunque no sustituyen los cambios de fondo.
Dormir bien y controlar el estrés también es relevante: el descanso insuficiente y el estrés crónico alteran el metabolismo y dificultan la recuperación hepática.
Mitos frecuentes que conviene evitar
- Ayunos extremos sin supervisión médica
- “Detox” con jugos o batidos milagro
- Suplementos sin respaldo científico
- Dietas excesivamente restrictivas
Estas prácticas pueden ser ineficaces o incluso contraproducentes.

Seguimiento médico, clave para la recuperación
Aunque el abordaje sea natural, el seguimiento profesional es fundamental. Controlar enzimas hepáticas, glucosa y lípidos permite evaluar la evolución y descartar complicaciones.
El hígado graso sí puede revertirse en muchos casos, pero no con soluciones rápidas. Alimentación equilibrada, actividad física regular, reducción del azúcar y constancia son las herramientas que realmente funcionan. Cuidar el hígado no es una moda: es una inversión directa en la salud a largo plazo.


