
La miel, uno de los alimentos más antiguos y apreciados por la humanidad, destaca por su sabor dulce y su composición única. Las abejas la producen a partir del néctar de las flores, creando una sustancia que contiene principalmente azúcares simples como fructosa y glucosa. En cada 100 gramos de miel se hallan 304 kilocalorías, 82,4 gramos de hidratos de carbono y trazas de minerales como potasio, calcio y zinc. Este alimento ha sido utilizado desde tiempos remotos tanto como edulcorante natural como en remedios tradicionales para el cuidado del aparato digestivo y la salud general.
La miel contiene una elevada proporción de fructosa (38%) y glucosa (31%), lo que la convierte en una fuente de energía de rápida absorción. Además, aporta pequeñas cantidades de minerales como potasio, calcio, fósforo y zinc. Aunque sus niveles de vitaminas y minerales no cubren las necesidades diarias, la miel proporciona ciertas enzimas, aminoácidos y ácidos orgánicos que no se encuentran en los azúcares refinados.
Se trata de un alimento con bajo contenido en proteínas y grasas, y sin presencia de fibra ni colesterol, lo que la hace apta para la mayoría de las dietas cuando se consume con moderación.

Así es como la miel ayuda a protegee el estómago de forma natural
Consumir miel diluida en agua tibia o como parte de infusiones suaves puede ayudar a disminuir la acidez estomacal, gracias a su textura viscosa y a la capacidad de formar una capa protectora sobre la mucosa gástrica. Esto puede contribuir a aliviar la sensación de ardor y favorecer la reparación natural de las paredes estomacales. Por su contenido en azúcares simples y su pH ligeramente ácido, la miel puede neutralizar el exceso de ácido clorhídrico en el estómago, proporcionando alivio en casos de gastritis leve y facilitando la cicatrización de la mucosa irritada. Además, su consumo puede aportar energía rápida en periodos de malestar digestivo, ayudando a mantener el bienestar general.
Aunque la miel es bien tolerada por la mayoría de las personas, existen algunas precauciones. Su elevado contenido en azúcares la desaconseja en personas con diabetes o con problemas de control glucémico, ya que puede elevar los niveles de glucosa en sangre. Tampoco se recomienda en menores de un año por el riesgo de botulismo infantil. En casos de gastritis severa o úlceras activas, su uso debe ser supervisado por un profesional de la salud, ya que cada organismo puede reaccionar de manera diferente. El consumo excesivo puede provocar molestias digestivas como gases o hinchazón.

Recetas para aprovechar los benficios de la miel
- Tisana de miel y manzanilla
Prepara una infusión suave de manzanilla y añade una cucharadita de miel, removiendo bien antes de beber. Esta combinación resulta reconfortante para el estómago y aporta un sabor delicado.
- Agua tibia con miel y limón
Disuelve una cucharada de miel en un vaso de agua tibia y añade unas gotas de jugo de limón. Se recomienda tomarla en ayunas para favorecer la digestión y reducir la acidez.
- Yogur natural con miel
Sirve yogur natural sin azúcar en un bol y vierte una cucharadita de miel por encima. Esta mezcla suave ayuda a proteger la mucosa gástrica y aporta energía de forma natural.



