
El consumo de ponche durante la noche genera debate entre quienes asocian esta bebida tradicional con celebraciones y quienes consideran sus efectos en el organismo antes del descanso. Ofrecido especialmente en encuentros familiares de temporada y fiestas de fin de año, el ponche suele incluir frutas, especias y, en algunos casos, alcohol, factores que influyen en la forma en la que afecta el sueño y la digestión.
El ponche, en su preparación tradicional, incorpora ingredientes como manzana, caña de azúcar, guayaba, tejocote y canela, además de agua y panela o piloncillo. Este aporte de azúcares y fruta proporciona energía rápida al cuerpo, aunque su ingesta nocturna representa ciertos desafíos para quienes presentan sensibilidad digestiva. Las personas con tendencia a la acidez o el reflujo pueden experimentar molestias al consumir bebidas ricas en frutas y especias antes de acostarse.
Además del aporte calórico, el ponche a menudo contiene alcohol, usualmente en forma de ron o aguardiente. El alcohol actúa como depresor del sistema nervioso central, por lo que a corto plazo puede facilitar la sensación de relajación o somnolencia. Sin embargo, varias investigaciones subrayan que las bebidas alcohólicas afectan la calidad del sueño y el proceso de descanso profundo. Por este motivo, los especialistas desaconsejan el consumo de ponche con alcohol antes de dormir para evitar interrupciones en los ciclos de sueño.

En cuanto a los efectos metabólicos, el consumo de ponche por la noche incide en los niveles de glucosa en sangre debido a su alto contenido de azúcar. Esta fluctuación puede resultar problemática para quienes padecen diabetes o buscan mantener estables sus niveles energéticos durante la noche. Los nutricionistas recomiendan ajustar la cantidad y los ingredientes del ponche para minimizar estos riesgos, optando por versiones bajas en azúcar o eliminando el alcohol si se planea disfrutar la bebida después de la cena.
Durante la temporada decembrina, médicos y nutriólogos advierten que beber ponche caliente con frecuencia por la noche podría dificultar el descanso, sobre todo si se acompaña con otros postres o cenas copiosas. El té de canela y los azúcares presentes estimulan el sistema digestivo justo antes de un período de reposo, lo que puede producir insomnio leve o malestar gástrico.
En contraste, el carácter social del ponche y su valor tradicional convierten su consumo en una parte central de diversas celebraciones. Algunas personas experimentan rituales nocturnos donde el ponche simboliza unidad y calidez familiar, aunque esta costumbre requiere una mirada atenta a los efectos físicos que pueden presentarse tras la ingesta tardía.

Especialistas insisten en que el consumo de ponche por la noche conviene ser moderado, priorizando opciones sin alcohol y evitando agregar azúcares adicionales. Quienes padecen enfermedades metabólicas deben consultar previamente a un médico o especialista en nutrición para determinar la mejor opción de acuerdo con sus necesidades particulares.
Entre las recomendaciones habituales figura esperar un intervalo de dos o tres horas entre la última bebida o alimento y el momento de irse a la cama, a fin de favorecer una mejor digestión y evitar episodios de reflujo, acidez o despertares nocturnos. El ponche, además de su sabor característico y su función festiva, impacta en el organismo de diferentes maneras según la composición, la cantidad ingerida y la propia sensibilidad de cada persona.



