
Entre los productos lácteos que destacan por su aporte nutricional, el queso feta griego se posiciona como una opción sobresaliente para quienes buscan fortalecer los huesos y mantener una dieta rica en proteínas.
Este alimento, tradicional de la cocina griega y cada vez más presente en las mesas de Europa, se ha convertido en un aliado tanto para la salud ósea como para quienes siguen regímenes alimenticios enfocados en el consumo de proteínas de alta calidad.
El queso feta se elabora principalmente con leche de oveja, aunque en ocasiones se mezcla con hasta un 30% de leche de cabra. Su textura firme y cremosa, junto con su característico color blanco, provienen de un proceso de curación en salmuera que le otorga un sabor intenso y una composición nutricional única.
Este producto cuenta con el reconocimiento de Denominación de Origen Controlada (DOC) por parte de la Unión Europea desde 2002, lo que garantiza su autenticidad y lo diferencia de imitaciones elaboradas con leche de vaca.

En términos de valores nutricionales, el queso feta aporta entre 14 y 16 gramos de proteínas por cada 100 gramos, una cifra que lo sitúa entre los quesos con mayor contenido proteico.
Además, contiene 300 a 400 miligramos de calcio por cada 100 gramos, superando a otros quesos frescos como la mozzarella y el requesón en este mineral esencial para la salud ósea.
Su aporte de fósforo también contribuye a la densidad de los huesos y a la prevención de la osteoporosis, lo que lo convierte en un alimento recomendado para quienes buscan fortalecer el sistema esquelético.
El contenido graso del queso feta se sitúa entre 20 y 22 gramos por cada 100 gramos, de los cuales 14 gramos corresponden a grasas saturadas.
A pesar de ser un queso semigraso, su alto porcentaje de agua facilita la digestión y existen versiones light con menor contenido de grasa. Su aporte calórico es de 264 calorías por cada 100 gramos, similar al de la mozzarella y considerablemente menor que el de los quesos curados.

Otro aspecto relevante es su bajo contenido en lactosa, lo que lo hace apto para personas con intolerancia leve a este azúcar. Además, el queso feta contiene probióticos naturales que favorecen el equilibrio de la microbiota intestinal y contribuyen a una digestión saludable.
Su riqueza en vitaminas A, K y del grupo B, junto con minerales como el zinc y el selenio, refuerza su perfil como alimento nutritivo y completo.
Gracias a la combinación de proteínas y calcio, el queso feta no solo ayuda a mantener huesos fuertes, sino que también resulta adecuado para deportistas y personas que siguen dietas hiperproteicas o cetogénicas.
Su consumo regular, dentro de una dieta equilibrada, puede ser una estrategia eficaz para mejorar la salud ósea y muscular.