Tú podrías vivir con el Trastorno del Espectro Autista sin saberlo; estos son los síntomas más comunes en adultos

A pesar de los avances médicos y científicos, sus causas aún no son claras; se han planteado hipótesis genéticas, ambientales y neurofisiológicas

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Desde 2013 se incluyen dentro
Desde 2013 se incluyen dentro del espectro autista otras afecciones antes consideradas independientes, como el Trastorno Asperger y el Trastorno Generalizado del Desarrollo no especificado. (iStock)

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición neurológica que afecta el desarrollo del cerebro y sus procesos mentales, impactando la comunicación, la interacción social y el comportamiento. Aunque lo ideal es identificarlo en la infancia, muchas personas llegan a la edad adulta sin un diagnóstico, lo que puede generar dificultades en la adaptación educativa, laboral y social.

El término “espectro” en el TEA se refiere a la gran variedad de síntomas y niveles de afectación. Desde casos donde la condición es severamente limitante hasta individuos con habilidades sobresalientes en ciertas áreas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), algunas personas pueden vivir de forma independiente, mientras que otras requieren apoyo constante.

El coordinador del área de Psicología Clínica y de la Salud en la FES Zaragoza, Gabriel Martín Villeda Villafaña, de la UNAM, explica que el autismo ha evolucionado como diagnóstico. Desde 2013, se incluyen dentro del espectro otras afecciones antes consideradas independientes, como el Trastorno Asperger, caracterizado por dificultades en la interacción social y la resistencia al cambio; y el Trastorno Generalizado del Desarrollo no especificado (TGD), que afecta diversas áreas como la psicomotricidad, el lenguaje y la memoria.

Causas y diagnóstico

A pesar de los avances científicos, las causas del TEA aún no están claras. Se han planteado hipótesis genéticas, ambientales y neurofisiológicas. Algunas investigaciones sugieren que cambios en la actividad del sistema límbico, la comunicación entre neuronas o alteraciones en la amígdala y la corteza prefrontal pueden influir en la forma en que las personas con TEA procesan la información social y emocional.

El diagnóstico del TEA es clínico, ya que no existen pruebas de laboratorio o neuroimagen para detectarlo. En niños, algunos signos pueden alertar a los padres, como la falta de respuesta al nombre, resistencia al contacto físico, retraso en el habla, dificultades para interpretar emociones y movimientos repetitivos.

En el caso de adultos que nunca han recibido un diagnóstico, algunos síntomas clave que pueden indicar la presencia de TEA son los siguientes:

  • Dificultad persistente en la interacción social.
  • Problemas de comunicación efectiva.
  • Conductas repetitivas o estereotipadas (como balanceo del cuerpo o movimientos repetitivos).
  • Resistencia extrema a los cambios.
  • Intereses restringidos o altamente específicos.
  • Problemas para obtener y mantener un empleo.
  • Dificultad para iniciar o mantener relaciones sociales.
De acuerdo con la OMS,
De acuerdo con la OMS, las personas con autismo enfrentan barreras en el acceso a la salud, educación y empleo, lo que limita su desarrollo personal y social. (@Ciencia_UNAM)

Una vez que el especialista analiza los signos y síntomas, comienza una historia clínica más profunda con otros instrumentos de diagnóstico específicos para adultos; entrevistas a familiares o personas que convivieron en su infancia; observación en escenarios reales (fuera de consultorio) de su día a día; y trabajo en terapia con algunas intervenciones conductuales para analizar si se tienen resultados positivos.

El TEA no es una enfermedad, por lo que no tiene cura. Sin embargo, existen tratamientos para mejorar la calidad de vida de las personas con autismo. La intervención temprana puede ser clave para fomentar la independencia en la edad adulta.

Las estrategias incluyen terapia psicológica, en especial la terapia cognitivo-conductual, así como el uso de medicamentos en ciertos casos para regular neurotransmisores y mejorar la conectividad cerebral. El tratamiento debe ser personalizado, adaptado a las necesidades específicas de cada individuo.

Diversidad, inclusión y desafíos sociales

Villeda Villafaña enfatiza la necesidad de cambios estructurales en la sociedad para garantizar la inclusión de las personas con TEA. Esto implica mejorar la educación especial, capacitar a familias y profesionales, y establecer protocolos adecuados para su integración en la sociedad.

La capacidad intelectual de las personas con TEA puede ser promedio, superior o inferior a la media, pero su éxito no debería depender únicamente de una medición de inteligencia. Figuras como Steve Jobs, Bill Gates, Elon Musk y Greta Thunberg han sido identificadas dentro del espectro, lo que ha generado una visión errónea y capacitista del autismo, enfocada en el “genio” y no en la diversidad de experiencias.

Asimismo, factores como el nivel socioeconómico, el acceso a la educación y los servicios de salud juegan un papel fundamental en la calidad de vida de las personas con TEA. En entornos con pocos recursos, el diagnóstico y tratamiento suelen ser inaccesibles, aumentando la vulnerabilidad de este grupo frente a la discriminación, la violencia y la exclusión.

Según la OMS, las personas con autismo enfrentan barreras en el acceso a la salud, educación y empleo, lo que limita su desarrollo personal y social.

Ante la pregunta de si las personas con TEA deben adaptarse al “estándar”, la respuesta apunta hacia la transformación social. Es necesario fomentar una perspectiva que valore los procesos neurológicos diversos y propicie entornos accesibles y respetuosos.