
El consumo elevado de sal, un hábito común en muchas dietas alrededor del mundo, puede desencadenar serios problemas de salud al afectar negativamente a diversos órganos y sistemas del cuerpo humano. Aunque el sodio, componente principal de la sal, es esencial para el funcionamiento del organismo, su ingesta en exceso puede generar consecuencias graves.
De acuerdo con el informe, los riñones son los principales afectados, ya que son responsables de regular el equilibrio de agua y sodio en el cuerpo. Un consumo excesivo de sal obliga a estos órganos a trabajar más intensamente para eliminar el sodio sobrante y mantener los niveles de líquidos en equilibrio.
Este esfuerzo adicional puede provocar una sobrecarga renal, lo que aumenta el riesgo de desarrollar insuficiencia renal crónica. Además, la alta concentración de sodio en la sangre puede dañar los filtros renales, comprometiendo su capacidad para filtrar desechos y toxinas del organismo.

El corazón y el cerebro, en la mira del sodio
El corazón también enfrenta graves consecuencias debido al consumo elevado de sal. Según un análisis, el sodio tiene un impacto directo en la presión arterial, ya que su exceso puede provocar hipertensión.
Este aumento sostenido de la presión arterial incrementa significativamente el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, como infartos de miocardio, accidentes cerebrovasculares (ACV) e insuficiencia cardíaca. La hipertensión, además, ejerce una presión constante sobre las arterias, lo que puede dañarlas y favorecer la acumulación de placa, un proceso conocido como aterosclerosis.
Por su parte, el cerebro no queda exento de los efectos negativos del sodio. La hipertensión derivada del consumo excesivo de sal puede debilitar las arterias cerebrales, lo que aumenta el riesgo de que se rompan o se bloqueen, lo que puede derivar en un ACV. Además, la presión arterial alta sostenida puede afectar la función cognitiva, incrementando la probabilidad de desarrollar problemas de memoria y otras alteraciones cerebrales a largo plazo.
El hígado y los huesos también sufren las consecuencias
Aunque el hígado no es afectado directamente por el sodio de la misma manera que los riñones o el corazón, especialistas advierten que el consumo excesivo de sal puede agravar enfermedades hepáticas preexistentes, como el hígado graso no alcohólico. En casos graves, la retención de agua causada por el exceso de sodio puede contribuir a la inflamación y al desarrollo de ascitis, una acumulación de líquido en el abdomen que suele presentarse en enfermedades hepáticas avanzadas.
El sistema óseo también se ve perjudicado por el exceso de sal. Según diversos estudios, un alto consumo de sodio puede interferir con el equilibrio de calcio en el cuerpo, ya que el organismo tiende a eliminar más calcio a través de la orina cuando los niveles de sodio son elevados. Esta pérdida de calcio puede debilitar los huesos, lo que aumenta el riesgo de osteoporosis y fracturas, especialmente en personas mayores.
Desajustes hormonales y problemas digestivos
Por su parte, el sistema endocrino, en particular las glándulas suprarrenales, puede verse afectado por el consumo excesivo de sal. Estas glándulas, responsables de producir hormonas como la aldosterona, que regula los niveles de sodio y potasio, pueden experimentar un desequilibrio en su funcionamiento debido a la sobrecarga de sodio en el organismo.
Por último, el sistema digestivo no está exento de los efectos negativos del sodio. Según un análisis, el exceso de sal puede irritar las paredes del estómago, lo que aumenta el riesgo de desarrollar úlceras gástricas. Además, se ha asociado el consumo elevado de sal con un mayor riesgo de cáncer de estómago, debido a los efectos irritantes del sodio sobre la mucosa gástrica.
En este contexto, es importante mantener una dieta equilibrada y controlar la ingesta diaria de sal para prevenir estos efectos adversos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el consumo de sal a menos de 5 gramos al día (aproximadamente una cucharadita) para reducir los riesgos asociados al exceso de sodio.