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El vocalista británico Mick Hucknall no sólo canta, también transporta. La noche del jueves, el líder de Simply Red convirtió el Auditorio Nacional en una máquina del tiempo, llevando a miles de fanáticos a un viaje sonoro que abarcó cuatro décadas de éxitos.
Con su inconfundible melena pelirroja y una voz que desafía el paso del tiempo, el británico hizo del escenario su hogar, desbordando energía y complicidad con su público.
A las 21:00 horas, la penumbra dio paso a un estallido de luces y acordes que hicieron vibrar el recinto repleto. Más de 10 mil almas, testigos de la trayectoria de la banda, se sumergieron en una velada de emociones, donde cada canción era un portal a la memoria. Hucknall, impecable en un saco azul y camisa a juego, se presentó con una sencillez que contrastaba con la grandilocuencia de su talento.
“Hola, amigos, ¿cómo están?”, saludó en un español claro, desatando vítores. Apenas arrancaban los primeros compases de “Jericho” cuando un fan irrumpió en la quietud con un espontáneo “¡Te amo!”, al que el vocalista respondió con una sonrisa cómplice: “I love you too”.
Simply Red llenó de nostalgia
El saxofón irrumpió como una ráfaga de nostalgia, envolviendo el ambiente en soul y blues. Cada nota parecía teñida de recuerdos, mientras la audiencia, mayoritariamente adulta, cantaba con una devoción que sólo el tiempo fortalece. Hucknall, consciente de la magia de su repertorio, pausó la música para presentar a su banda, en un gesto de humildad y camaradería. “Un momento por favor”, dijo en español.
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Cuando llegó el turno de “Money’s Too Tight (To Mention)”, el escenario se iluminó con imágenes de televisores antiguos, como si el tiempo se doblara sobre sí mismo. El público, algunos con celulares en alto inmortalizando el instante, otros simplemente balanceando la cabeza en un vaivén rítmico, se dejó llevar por la cadencia inconfundible de la agrupación.
Entre sorbos de agua y reverencias, el británico bromeó sobre su edad, fingiendo apoyarse en un bastón: “Cuarenta años de carrera, es un buen viaje”, dijo, entre risas cómplices.
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La vitalidad de Hucknall quedó patente con “Right Thing”, donde sus movimientos se volvieron más marcados, señalando a la audiencia como si cada espectador fuera parte de su historia. Cuando llegó el turno de “A New Flame”, la voz de Hucknall cobró una calidez que convertía cada verso en una confesión, un puente entre el pasado y el presente.
“Desearía hablar español, pero volveré a la escuela”, bromeó, provocando carcajadas entre los asistentes. Luego, entre ecos de jazz y la sutileza del oboe, “Enough” inundó el auditorio con un aire cinematográfico, reforzado por la imagen de múltiples cámaras de televisión proyectadas en las pantallas gigantes.
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Simply Red encantó con “Stars”
El clímax de la noche llegó con “If You Don’t Know Me by Now” y la esperada “Stars”, que convirtió al recinto en un mar de luces y voces entrelazadas. Hucknall, emocionado, lanzó besos al público, mientras alguien desde la multitud exclamó: “¡Ese de rojo!”, provocando risas generalizadas. La complicidad entre artista y audiencia estaba sellada.
El ambiente de nostalgia se intensificó con “The Air That I Breathe”, preludio a un amague de despedida que dejó a los fanáticos en suspenso. Pero la banda regresó, entregando un cierre vibrante con “Something Got Me Started” y “Holding Back the Years”. Con un último gesto de gratitud, Hucknall se despidió con un efusivo: “¡Viva México, viva el golfo!”. La ovación fue inmediata, resonando como un eco de cariño y admiración.
Simply Red no solo ofreció un concierto; regaló un reencuentro con el tiempo, una travesía emocional donde la nostalgia y la música fueron las guías de un viaje inolvidable.
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El ambiente en el lobby del recinto
Desde la entrada al Auditorio Nacional, la atmósfera del evento se sentía especial. En el lobby, una activación invitaba a los asistentes a capturar el momento en una fotografía que podían imprimir si la subían a redes sociales con cierto hashtag del concierto. Sonrisas, abrazos y poses nostálgicas inundaban el espacio, mientras los recuerdos de Simply Red cobraban vida en instantáneas.
En la dulcería, los vendedores repetían con paciencia: “Sí, ahora se permite entrar con bebidas, pero los nachos con queso están prohibidos”. Entre charlas, los fanáticos compartían historias de sus primeras veces escuchando a la banda, creando una especie de preámbulo emocional antes de la presentación.
Dentro del auditorio, algunas personas agitaban banderas con entusiasmo que añadían un toque de euforia a esta presentación que se repetirá este viernes y sábado en el Coloso de Reforma.
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