
A lo largo de su vida, Rafael Caro Quintero, fundador del Cártel de Guadalajara, estuvo relacionado con varias mujeres que marcaron distintas etapas de su historia. Algunas fueron testigos de su auge como uno de los capos más poderosos de México; otras lo acompañaron en su encarcelamiento y posterior fuga, aunque al final terminó solo y siendo extraditado a Estados Unidos este jueves 27 de febrero.
Entre las mujeres que lo acompañaron destacan tres nombres: María Elizabeth Elenes Lerma, su primera esposa y madre de sus hijos mayores; Sara Cosío Vidaurri, la joven de la alta sociedad jalisciense cuyo vínculo con el capo lo llevó a su captura en 1985; y Diana Espinoza Aguilar, una exreina de belleza a quien conoció en prisión y con quien se casó tras salir en libertad en 2013.
María Elizabeth Elenes Lerma: la primera esposa y socia financiera

La primera mujer con la que se le vinculó sentimentalmente fue María Elizabeth Elenes Lerma, una mujer originaria de Culiacán, Sinaloa, con quien tuvo cuatro hijos: Héctor Rafael, Roxana Elizabeth, Henoch Emilio y Mario Yibran.
Durante años, Elenes Lerma fue señalada como pieza clave en la red financiera del narcotraficante, administrando parte de su fortuna e inmuebles.
En 2013, un informe de la DEA citado por El Universal reveló que ella y su hija Roxana Elizabeth eran propietarias de una de las residencias más costosas de Caro Quintero, valuada en 10 millones de pesos. También se les vinculó con la propiedad de Las Limas, un exclusivo spa cerca de Guadalajara, que contaba con una hacienda de 15 habitaciones alquiladas en 4.500 pesos la noche por persona.
A pesar de los señalamientos, en 2021 el Departamento del Tesoro de Estados Unidos retiró a María Elizabeth y a varias empresas familiares de la lista negra de sancionados.
Sara Cosío Vidaurri: el amor prohibido que llevó a su captura

Uno de los romances más mediáticos de Rafael Caro Quintero fue con Sara Cosío Vidaurri, hija de Octavio César Cosío, exsecretario de Educación de Jalisco, y sobrina del exgobernador Guillermo Cosío Vidaurri. Proveniente de una familia influyente, Sara creció en un entorno de lujos y exclusividad.
De acuerdo con el periodista Jesús Esquivel, la joven conoció al capo en un restaurante de Guadalajara frecuentado por políticos y empresarios. Aunque su relación fue breve, se dice que Caro Quintero estaba profundamente enamorado de ella.
En 1985, tras el asesinato del agente de la DEA Enrique “Kiki” Camarena, el capo decidió huir a Costa Rica y Sara lo acompañó. Se refugiaron en una lujosa finca en San Rafael de Ojo de Agua, Alajuela, donde permanecieron ocultos por meses. Sin embargo, la familia de Sara denunció su desaparición, asegurando que había sido secuestrada.
La joven, en un intento de tranquilizar a sus padres, realizó una llamada que fue interceptada por las autoridades estadounidenses. Este descuido permitió rastrear la ubicación de Caro Quintero. El 18 de septiembre de 1985, fuerzas policiales irrumpieron en la finca y lo detuvieron.
Durante su arresto, testigos afirmaron que Sara gritaba su amor por el narcotraficante y aseguraba estar allí por voluntad propia. Sin embargo, tras su captura, la joven fue repatriada a México y nunca volvió a hablar públicamente del tema.
Diana Espinoza Aguilar: la reina de belleza
Mientras cumplía su condena en el penal de Puente Grande, Jalisco, en 2010, Caro Quintero vio por televisión a Diana Espinoza Aguilar, una reclusa que había sido coronada reina de belleza de la cárcel. Impactado por su belleza, buscó la forma de conocerla y, con ayuda de otros internos y del personal del penal, lograron entablar comunicación.
Diana Espinoza, originaria de Chihuahua, había sido detenida en 2008 por tráfico de drogas junto a su entonces pareja, un narcotraficante colombiano. En 2011, un juez determinó que no era penalmente responsable de los cargos y salió en libertad, pero continuó su relación con Caro Quintero.
Cuando el capo obtuvo su libertad en 2013, gracias a un amparo que anuló su condena de 40 años, comenzó una nueva vida junto a Espinoza. Según informes de la DEA, la pareja vivió en Badiraguato, Sinaloa, hasta que se reactivó la orden de captura del narcotraficante y este volvió a la clandestinidad.
En 2016, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos incluyó a Diana Espinoza en su lista negra, acusándola de manejar parte de los bienes del capo y realizar transacciones de lavado de dinero en su nombre. A pesar de ello, continuó defendiendo a Caro Quintero públicamente, asegurando que él no era el hombre que las autoridades describían.
Después de casi una década prófugo, Rafael Caro Quintero fue capturado el 15 de julio de 2022 en Choix, Sinaloa, durante un operativo de la Marina Armada de México en coordinación con la DEA, pero su amada sólo soportó esta situación un año.
En enero de 2023, Espinoza presentó una demanda de divorcio ante un juez de lo familiar en Jalisco, argumentando que quería proteger a sus hijos de los señalamientos derivados de la trayectoria criminal de Caro Quintero. En una entrevista con Univisión Noticias, confirmó su decisión de separarse del capo.
El declive y la recaptura de Caro Quintero

Después de más de dos años evadiendo su extradición con recursos legales y alegando problemas de salud, Rafael Caro Quintero fue extraditado el 27 de febrero de 2025 junto con otros 28 narcotraficantes. Su traslado a Estados Unidos se produce en medio de la presión del gobierno de Donald Trump para combatir el tráfico de fentanilo y evitar la imposición de aranceles a México.
El “Narco de Narcos”, quien durante décadas negó su participación en el asesinato del agente de la DEA Enrique ‘Kiki’ Camarena, ahora enfrentará la justicia en Nueva York. Washington había ofrecido 20 millones de dólares por su captura, la recompensa más alta por un capo mexicano.
La fiscal general estadounidense, Pamela Bondi, aseguró que los extraditados enfrentarán “todo el peso de la ley”, aunque el acuerdo bilateral con México impide que Caro Quintero reciba la pena de muerte.
Con su llegada a una prisión estadounidense, se cierra uno de los capítulos más largos y perseguidos en la historia del narcotráfico en México. Para la DEA, su extradición es una victoria personal y una señal de que su política de no olvidar crímenes contra sus agentes sigue vigente.