
Un reciente análisis publicado en la revista científica Nature ha revelado que la vacunación contra el herpes zóster, una enfermedad que puede surgir años después de haber padecido varicela, podría estar vinculada a una disminución del riesgo de desarrollar demencia.
El estudio, realizado por el Dr. Pascal Geldsetzer, profesor asistente de medicina en la Universidad de Stanford, autor principal, proporcionó un “experimento natural” comparable a un ensayo controlado aleatorio, considerado el estándar de oro en investigación médica. Este enfoque permitió a los investigadores comparar dos grupos de edad muy cercanos con características de salud similares.
Por lo que el estudio, que analizó datos de más de 280.000 adultos mayores en Gales, se basó en una política de salud pública implementada en 2013. En ese año, se ofreció la vacuna a personas de 79 años, pero no a quienes ya habían cumplido 80.
Según informó NBC News, los investigadores encontraron que las personas mayores que recibieron la vacuna original de virus vivos contra el herpes zóster tenían un 20% menos de probabilidades de padecer demencia en comparación con quienes no fueron inmunizados.
Un vínculo entre el virus de la varicela y la demencia

El herpes zóster, causado por la reactivación del virus de la varicela zóster, puede generar complicaciones graves, especialmente en adultos mayores. Según explicó Geldsetzer, la reactivación de este virus podría contribuir a la acumulación de proteínas anómalas en el cerebro, un fenómeno asociado con el desarrollo del Alzheimer.
Además, se ha planteado la posibilidad de que el virus de la varicela active otros virus latentes, como el herpes simple, que investigaciones previas han relacionado con un mayor riesgo de demencia.
Los virus del herpes, incluyendo el herpes simple oral y genital, tienen la capacidad de permanecer en el cuerpo de manera latente y reactivarse cuando el sistema inmunitario se debilita, un proceso que ocurre naturalmente con el envejecimiento.
Esta reactivación puede provocar inflamación en el sistema nervioso central, lo que, en casos graves, puede derivar en meningitis o encefalitis, ambas potencialmente mortales.
Impacto de las vacunas en la prevención de enfermedades neurodegenerativas

El estudio también destacó la efectividad de la vacuna Shingrix, que reemplazó a la versión de virus vivos en 2020. Shingrix, que utiliza una pequeña porción del ADN viral, ha demostrado tener un efecto más duradero y, según investigaciones previas, podría ofrecer una mayor protección contra la demencia, especialmente en mujeres.
Sin embargo, los estudios iniciales sobre esta vacuna no lograron descartar completamente factores externos, como el hecho de que las personas vacunadas tienden a tener mejor acceso a la atención médica y, en general, una salud más robusta.
En un análisis complementario publicado en Nature Medicine en 2024, que incluyó los historiales médicos de más de 100.000 pacientes, se reforzó la hipótesis de que la vacuna contra el herpes zóster podría proteger contra la demencia.
Este estudio también evaluó si otras vacunas, como las de la gripe o las combinadas contra el tétanos, la difteria y la tos ferina, tenían algún impacto en el riesgo de demencia, pero no se encontró evidencia de que estas ofrecieran beneficios similares.
Limitaciones y perspectivas futuras

A pesar de los hallazgos prometedores, los expertos advierten que el estudio tiene limitaciones. El Dr. William Schaffner, profesor de enfermedades infecciosas en el Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt, señaló que, aunque los resultados son interesantes y provocadores, no pueden sustituir a un ensayo controlado aleatorio.
Sin embargo, realizar un estudio de este tipo sería éticamente complicado, ya que implicaría negar la vacuna a ciertos participantes.
Por su parte, la Dra. Aarati Didwania, profesora de medicina en la Universidad Northwestern, destacó que aún no está claro cómo las vacunas podrían proteger contra la demencia. Entre las posibles explicaciones, mencionó la reducción de la inflamación o la prevención de la reactivación viral.
“Es una pregunta intrigante”, afirmó, subrayando que, independientemente de este beneficio potencial, la vacuna contra el herpes zóster ya es altamente recomendable debido a su capacidad para prevenir una enfermedad dolorosa y debilitante.
Implicaciones para la salud pública

El impacto de estos hallazgos podría extenderse más allá del ámbito científico. Según NBC News, es posible que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos considere incluir la reducción del riesgo de demencia como una indicación oficial en las etiquetas de las vacunas contra el herpes zóster.
Aunque esto no ocurra, los médicos podrían utilizar esta información para fomentar la vacunación entre los mayores de 50 años, un grupo en el que las tasas de inmunización aún son bajas.
“Si se comunica que la vacuna podría prevenir algunos casos de demencia, más personas podrían decidir vacunarse”, afirmó Schaffner. Este enfoque podría ser clave para aumentar la cobertura de vacunación y, potencialmente, reducir la incidencia de una de las enfermedades neurodegenerativas más devastadoras.
Este estudio, abre nuevas posibilidades para comprender la relación entre las infecciones virales y las enfermedades neurodegenerativas, al tiempo que refuerza la importancia de la vacunación como herramienta de prevención en la salud pública.