
Aranceles. Es la palabra de moda. La palabra que ha hundido las Bolsas de todo el mundo en los últimos dos días, provocando el mayor desplome en los mercados desde la pandemia. Y la palabra que, según los economistas, puede hacer que en los próximos meses aumenten la inflación y el desempleo en muchos países del mundo. Pero, ¿qué son y cómo funcionan los aranceles?
Se trata de un concepto fundamental en el comercio internacional. En términos simples, es un impuesto que se aplica a los bienes cuando atraviesan una frontera. Específicamente, grava las mercancías importadas o exportadas y tiene como fin regular el comercio internacional, incentivando o desincentivando el flujo de productos entre países. Este tributo puede incrementar el precio de los productos importados, favoreciendo así a los bienes producidos localmente. De esta manera, los aranceles buscan proteger las economías nacionales de la competencia extranjera, y esta es la razón específica por la que Donald Trump los ha aplicado ahora. Y es que los aranceles no solo son una fuente de ingresos para los gobiernos, sino también una herramienta de presión en las negociaciones comerciales internacionales.
Tipos de aranceles
Los aranceles se dividen principalmente en dos grandes categorías, según su finalidad. Por un lado, están los aranceles fiscales, que tienen una función puramente recaudatoria. En este caso, su principal objetivo es generar ingresos para el Estado a partir de las transacciones comerciales internacionales. Por el otro, se encuentran los aranceles proteccionistas, que se aplican con la finalidad de encarecer los productos importados para favorecer la competencia de las industrias locales. Sin embargo, aunque este tipo de aranceles puede beneficiar a la industria nacional, también puede reducir la disponibilidad de productos extranjeros y aumentar los precios de los bienes en el mercado local. Es el motivo por el que, en una economía tan globalizada como la actual, la mayoría de los economistas señala que Estados Unidos puede ser uno de los principales perjudicados de la actual política de su Gobierno.
Además, dentro de los aranceles fiscales de importación, se pueden distinguir tres tipos principales. El primero es el arancel ad valorem, que se aplica como un porcentaje fijo sobre el valor de las mercancías. Es uno de los más comunes y se calcula tomando en cuenta el precio de los bienes, así como el costo del transporte y el seguro. El segundo es el arancel específico, que se aplica de forma fija por cada unidad de producto importado, independientemente de su valor. Esto significa que, si un producto tiene un valor bajo o alto, el arancel será el mismo por unidad. Este tipo de arancel es común en productos que se importan en grandes cantidades y tiene el objetivo de simplificar la recaudación. Y el último es el arancel combinado, donde se aplica un porcentaje sobre el valor del producto y un monto fijo por unidad.
¿Y cómo se establecen los aranceles? Cada país tiene la potestad de definir su política arancelaria de acuerdo con sus necesidades económicas, su competitividad industrial y su postura frente al comercio internacional. Sin embargo, en muchos casos, los aranceles se fijan a través de tratados bilaterales o multilaterales que buscan facilitar el comercio entre diferentes países. Estos acuerdos pueden contemplar reducciones o exenciones arancelarias para ciertos productos o sectores estratégicos. En el contexto global, acuerdos como el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), que más tarde dio paso a la Organización Mundial del Comercio (OMC), han sido cruciales para establecer marcos comunes que faciliten el libre comercio y la eliminación de barreras comerciales.
Quién acaba pagando los aranceles
Sin embargo, una cosa es la teoría y otra la práctica. Las economías actuales están tan interconectadas que algo que puede ser sencillo —un país impone aranceles para protegerse frente a los productos extranjeros y favorecer a sus empresas locales— no lo es tanto.
Un reportaje del New York Times pone un ejemplo: el sector del calzado. “La mayoría de los zapatos que se compran en Estados Unidos están hechos en China, Vietnam e Indonesia, entre otros países, donde los costos de producción son más bajos”, señala el diario. “Incluso antes de que Trump impusiera nuevos aranceles al inicio de su segundo mandato, la mayoría de los productos que entraban en el país estaban sujetos a algún tipo de arancel”, añade. “Mientras que el arancel anterior del 20% daba lugar a un precio de importación de 24 dólares, el arancel adicional del 10% que Trump impuso a los productos chinos añade ahora 2 dólares por par, con lo que el precio total de importación asciende a 26 dólares. ¿Quién paga el aumento de precio? La mayoría de los expertos en política comercial coinciden en que lo más probable es que la economía estadounidense asuma el costo de los aranceles adicionales”.
Esto se debe a que hay tres escenarios posibles: que las tiendas suban los precios para compensar el encarecimiento de las importaciones, por lo que pagarán los consumidores; que las empresas y fabricantes estadounidenses del sector, que utilizan muchos materiales importados, asuman esos costes —podrían sustituir los proveedores chinos por otros nacionales, pero estos de todos modos son más caros—, por lo que a la larga tendrán menos dinero para invertir y contratar personal; y que los gobiernos y empresas extranjeras acepten recortar sus precios y tener menores ganancias para mantener su mercado en Estados Unidos. En dos de los tres escenarios, es Estados Unidos quien pierde.