
La pensión de incapacidad permanente es un derecho al que pueden acceder los trabajadores que, tras recibir tratamiento médico y ser dados de alta, presentan limitaciones funcionales graves que afectan de manera definitiva su capacidad para trabajar. Dependiendo del origen de la incapacidad y la situación laboral del solicitante, los requisitos para acceder a esta prestación varían.
Según la Seguridad Social, cuando la incapacidad permanente se origina por un accidente laboral o una enfermedad profesional, no se exige un periodo mínimo de cotización. En estos casos, el trabajador se considera afiliado y dado de alta automáticamente, incluso si el empleador no ha cumplido con sus obligaciones legales.
Sin embargo, si la incapacidad proviene de un accidente no laboral o de una enfermedad común, los requisitos cambian. Si el trabajador está dado de alta o similar, no se exige un tiempo previo de cotización en el caso de accidentes no laborales. En cambio, para enfermedades comunes, se requiere haber cotizado al menos 15 años, de los cuales al menos 3 deben haber sido cotizados en los 10 años previos al hecho causante. Si el trabajador no está dado de alta (en el paro, en búsqueda de empleo o en una excedencia, por ejemplo) la exigencia de cotización también es de 15 años, con la misma distribución de tiempo.
Diferencias entre los grados de incapacidad permanente
Existen distintos niveles dentro de la incapacidad permanente, cada uno con sus propias condiciones. Tal y como ha recopilado Diario Sur, a incapacidad permanente total impide al trabajador desempeñar su profesión habitual, pero le permite dedicarse a otra actividad. Para acceder a esta prestación, cuando la causa es una enfermedad común, los menores de 31 años deben haber cotizado un tercio del tiempo transcurrido entre los 16 años y el momento en que se produjo la incapacidad. En mayores de 31 años, se exige haber cotizado al menos un cuarto del tiempo transcurrido desde los 20 años hasta el hecho causante, con un mínimo de 5 años cotizados y al menos una quinta parte en los 10 años previos.
Por otro lado, la incapacidad permanente absoluta inhabilita al trabajador para cualquier actividad laboral. Los requisitos de cotización son similares a los de la incapacidad permanente total si el trabajador está dado de alta. Si la incapacidad deriva de una enfermedad común o un accidente no laboral y el trabajador no está dado de alta, se exigen 15 años cotizados, de los cuales 3 deben estar dentro de los últimos 10 años.
La gran invalidez y el complemento por asistencia
El grado más severo dentro de la incapacidad permanente es la gran invalidez. Esta situación se da cuando el trabajador, además de no poder ejercer ninguna actividad laboral, necesita asistencia de otra persona para realizar tareas básicas de la vida diaria, como alimentarse o vestirse. Los requisitos de cotización son los mismos que los de la incapacidad permanente absoluta.
Para quienes cumplen los criterios de gran invalidez, la pensión incluye un complemento económico destinado a cubrir los gastos de la persona encargada de la asistencia del beneficiario. Este complemento se calcula en función de la base reguladora y el porcentaje asignado según el tipo de incapacidad reconocida.
Cómo influye la causa de la incapacidad en la cotización
El motivo por el que se origina la incapacidad es clave para determinar los requisitos de cotización. Si la incapacidad permanente es consecuencia de un accidente laboral o una enfermedad profesional, la Seguridad Social no exige un periodo mínimo de cotización, facilitando el acceso a la prestación.
En cambio, si la incapacidad deriva de una enfermedad común o un accidente no laboral, los requisitos varían según la situación laboral del trabajador en el momento del hecho causante. En los casos en los que el trabajador no esté en alta, o en situación similar, los requisitos de cotización son más estrictos.