“Poner herramientas a disposición de alumnos, docentes y directivos es importante, pero antes tiene que estar todo lo que la herramienta no puede hacer”. La frase de Víctor Valle, CEO de Google Argentina, marca una línea de pensamiento en uno de los debates centrales de estos años: cómo integrar la tecnología en la educación sin perder de vista el desarrollo de habilidades como el pensamiento crítico y la capacidad de aprender a lo largo de toda la vida.
La inteligencia artificial forma parte de las prácticas cotidianas —muchas veces sin que se lo advierta— y las preguntas sobre qué enseñar, cómo hacerlo y con qué herramientas adquieren una nueva relevancia. El futuro estable y previsible ha quedado relegado a una época anterior; hoy la educación debe preparar a los estudiantes a un entorno cambiante, que exige flexibilidad, curiosidad y autonomía.
Estas ideas actuaron como punto de partida de la entrevista a Víctor Valle, que se realizó en el marco del ciclo de encuentros que organizan Ticmas y Argentinos por la Educación con el objeto de pensar el estado de la enseñanza y el aprendizaje en el país. La charla hizo foco en la articulación entre escuela y mundo laboral, y abordó los desafíos que enfrenta el sistema educativo frente a las transformaciones tecnológicas, pero también los perfiles que buscan las empresas y las condiciones necesarias para que las herramientas digitales potencien —y no sustituyan— el trabajo pedagógico.
El dato curioso, pero significativo es que Valle fue el primer empleado de Google en el país y desde 2021 dirige su operación local. Con casi veinte años de experiencia en la compañía, es una figura imprescindible para entender las transformaciones de la tecnología, la formación de talento, el valor del error como parte del proceso de aprendizaje.
La educación, dijo Valle, ocupa un lugar central en la misión de Google. Desde hace años la compañía desarrolló Google para Educación, “un set de herramientas para facilitar el aprendizaje y la gestión de los alumnos”. El proceso de creación y desarrollo, explicó, incluyó el aporte de docentes, investigadores, ingenieros y especialistas en aprendizaje de distintas partes del mundo. Pero, refozó, la herramientas tecnológicas no pueden reemplazar el “desarrollo de las habilidades de aprendizaje y, sobre todo en el mundo que se viene con acceso casi ilimitado a la información, el desarrollo del pensamiento crítico y la creatividad. Todo aquello que es propiamente humano. En eso, los docentes son irremplazables”.
—¿Cuáles son las habilidades del siglo XXI que busca una compañía como Google? Mencionaba el pensamiento crítico, la creatividad.
—Algo que hace la diferencia de una persona en el nuevo mundo es el pensamiento crítico. Hoy hay un montón de información y hay que saber reconocer qué es verdadero, qué sirve, qué hay que descartar, cómo sintetizar. La creatividad también es fundamental. Los talentos que uno tiene deben servir como una garrocha que lo lleven más lejos. También es súper importante la curiosidad: cómo generar en las personas ganas de saber más, de aprender más. Hay que hacer la educación más atractiva.
—¿Cómo cambian las reglas con la inteligencia artificial? Es una pregunta que podemos apuntar a la educación, pero también al trabajo.
—Cambian radicalmente, porque pone en mano de las personas una forma de aprender totalmente diferente. El pensamiento crítico, la creatividad y la curiosidad son condiciones previas para que uno pueda aprovechar el potencial de estas herramientas. Google para Educación está incorporando una versión de nuestra inteligencia artificial generativa, Gemini, adaptada a alumnos. Hoy los chicos tienen un enorme acceso a la información y pueden interactuar en tiempo real. Si el adolescente tiene más recursos de autonomía puede, con su curiosidad, su voluntad y su creatividad, usarla para prepararse más y mejor. ¿Esto reemplaza lo previo? No. ¿Reemplaza que pueda discernir qué es verdad y qué mentira? No. ¿Reemplaza que pueda sintetizar la esencia de un texto? No. Eso lo tiene que haber aprendido antes. Pero una vez que ha incorporado esa habilidad, la IA la potencia muchísimo.
—La IA es una herramienta muy poderosa, pero también es un gran desafío para los docentes. Muchos prohibieron su uso, lo que en su momento pasó con la calculadora y el smartphone. ¿De qué manera se puede hacer que la IA sea una herramienta efectiva de educación?
—Yo creo que el diálogo es fundamental, y hay tres elementos en ese diálogo: los padres, que enseñan en casa el uso en forma responsable; los docentes, que piensan cómo usarla mejor en el aula, y la escuela, que, en función de su filosofía y de su proyecto educativo, la va incorporando. Creo que decir un no rotundo es perderse el potencial de preparar a las nuevas generaciones para el mundo que viene. Está el fantasma de que uno compite con la IA, pero, como vos bien dijiste, es una herramienta. En el futuro uno va a competir contra otra persona que use IA. A los chicos hay que prepararlos para eso.
—Si salimos de la IA y vamos a la educación para la empleabilidad: ¿cómo deberían pensar los gobiernos la articulación entre educación y trabajo?
—Yo no soy experto en educación, pero, por lo que pude ir leyendo y charlando, es algo natural —y bueno— que las instituciones educativas actúen con otras instituciones que tamizan la evolución de la sociedad. Hay gente, como Argentinos por la Educación, que está muy bien preparada para pensar junto con el Gobierno la manera de aprovechar mejor estas herramientas y cómo preparar a los alumnos del futuro para que tengan un mejor trabajo. Los gobiernos y toda la sociedad tienen que ser conscientes de que es una tarea de todos el desarrollo de las nuevas habilidades. No solo de quienes ahora están en la educación formal, sino de toda la fuerza laboral que tiene que generar nuevas condiciones para el nuevo mundo. Lo que en inglés se llama reskilling.
—La pregunta del futuro siempre está presente. Algo habitual es pensar cómo será el trabajo en diez años. Ahora quizá hablamos de cómo será en cinco. Pero ¿cómo se prepara a las nuevas generaciones para el trabajo futuro? Y también: ¿cómo será el trabajo en cinco o diez años?
—No tenemos la respuesta; se irá construyendo. Lo que puedo ver es que puede acelerarse la innovación. Entonces, es muy importante responder a la necesidad de aprender y sintetizarlo que uno tiene que aprender y lo que no. Creo que se va a requerir un enfoque hacia la vida mucho más flexible que el de las generaciones anteriores. Pero tampoco creo que cambie todo radicalmente; van a coexistir diferentes modelos. Las empresas necesitan el trabajo más tradicional y también las formas más colaborativas, en red, más dinámicas. Quizás también veamos más el concepto de nómadas digitales, los jóvenes que van viajando y trabajando por el mundo.
—¿Qué características debe tener un estudiante con el potencial para trabajar en Google?
—Yo fui el primer empleado de Google y tengo muy presente cómo fue el arranque. Acá recibimos a figuras como Larry Page, el fundador de Google, y Eric Schmidt, el CEO. Google vino por dos razones: por el ecosistema emprendedor del país, que es fruto de la educación, y por las universidades. Argentina ha sido un semillero de talento para todo el mundo porque, de cierta forma, estamos bien preparados para el mundo que se viene. Somos una sociedad con una sana diversidad, que tiene múltiples fuentes culturales. También somos una sociedad familiar y colaborativa. Valoramos la amistad. Somos emprendedores. “Lo atamos con alambre”, pero eso implica mucha creatividad. Obviamente hay una deuda educativa que debemos atacar como país, pero a la vez hay una oportunidad enorme. Yendo a la pregunta, no veo diferencia entre el talento argentino y el de otros países. El empleado ideal de Google no existe. Somos bastante abiertos a la hora de contratar. Salvo que entres para un puesto muy específico, contratamos gente con formación universitaria de todas las carreras. Hemos tenido desde filósofos hasta un odontólogo que decidió reinventarse. Y ahora, para muchos puestos, no pedimos el título universitario si se demuestra experiencia equivalente.
—¿Hay una cualidad que compartan todos los empleados?
—Algo en común es que, además de la parte profesional, en la vida personal siempre tienen algo especial. En Estados Unidos tuve un compañero que había sido astronauta. En Argentina tenemos una ex bailarina clásica, lo que te permite hablar de un montón de temas de los que no hablarías normalmente en el trabajo. Había otra chica que era concertista de piano en la Sinfónica de San Francisco. Hay mucha gente realmente talentosa, no sólo en lo profesional, sino también en lo personal.
—¿Cómo gestionan el fracaso en Google?
—En general, la cultura emprendedora es un tipo de cultura en la que sabés que podés fracasar. En Google es muy normal que setees objetivos para el año y, como son híper ambiciosos, muchas veces no se alcanzan al 100%. Pero también, si pasa el año y llegás al 100% de todos los objetivos, quizás no fuiste demasiado ambicioso. Tenemos la mirada de ir por los moonshots; está muy incorporado en nuestra cultura. Entonces tenemos una mirada bastante distinta y quizás más compasiva del fracaso. Es parte de la realidad. Es una condición necesaria para poder tener otra cosa.
—Quizá sea un tipo de cultura que pueda incorporar la escuela.
—El otro día fuimos a hacer una actividad con el equipo nacional de béisbol, que está en Ezeiza. El capitán del equipo me comentaba que un bateador que se considera bueno es el que le pega bien tres de cada diez veces. O sea que él mismo ya sabe que no lo va a hacer bien siete de cada diez. Bueno, esa mentalidad se puede aplicar a la vida. Es un buen ejemplo de resiliencia. Si querés ser un gran jugador tenés que estar dispuesto a fallar algunas veces.
ultimas
Adolescencia, la serie de Netflix que replantea el rol de la escuela en la masculinidad en los niños y jóvenes
Expertos en educación y perspectiva de género abren el debate desde distintas perspectivas, pero con una convicción común: transformar la masculinidad es también una tarea colectiva y pedagógica

‘Con base en’ o ‘con base a’: cuál es la expresión correcta según la RAE
La Real Academia Española se ha convertido en la institución más relevante para fomentar la unidad idiomática del mundo hispanohablante

Padres y docentes difieren en la percepción de los logros de lectocomprensión en la secundaria
En un estudio realizado por el Centro de Investigaciones Sociales de UADE se detalla que el 74% de las familias considera que sus hijos entienden lo que leen, mientras el 70% de los docentes ven dificultades serias

Cómo lograr que nuestros alumnos “compren” conocimiento: la técnica de AIDA aplicada a la educación
Atención, interés, deseo y acción: estos cuatro pasos, nacidos en la publicidad del siglo XIX, son una herramienta clave para los docentes que buscan despertar la motivación y participación activa de sus estudiantes

Más de 12 millones de adultos no terminaron la escuela secundaria
La falta de título secundario afecta a casi la mitad de la población mayor de 25 años. Aunque existen programas provinciales, los obstáculos persisten. El desafío: construir propuestas accesibles y sostenidas, especialmente en formatos virtuales
