
En la Casa de la Lectura, en el barrio de Villa Crespo, tuvo lugar el encuentro “Leer, comprender y aprender” organizado por la solución educativa Ticmas y donde se debatió y dialogó sobre la importancia de repensar los modelos de lectura y escritura.
Paula Bombara fue quien abrió la jornada en una entrevista pública a cargo de Patricio Zunini, signada por la reflexión y el amor hacia la lectura donde su experiencia en las escuelas puso el centro en la importancia de la conversación y la construcción del amor hacia la lectura.
“Paula ha hecho de su carrera un puente entre la literatura, la ciencia y la educación”, decía Zunini. Y seguía: “En esta entrevista vamos a tocar su trabajo como escritora y vamos a plantear desde el lado de una escritora, cómo se piensa la lectura de un público que es más difícil que el público adulto, como es el de los chicos en la lectura inicial y la primaria".
El encuentro comenzó con la mención a las últimas marchas que se hicieron en apoyo a los jubilados y la respuesta del gobierno. “Me preocupan las infancias en las escuelas que rodean las zonas que hoy están blindadas. ¿Cómo explicamos eso? ¿Qué palabras le ponemos a los niños, a las niñas? ¿Qué palabras les convidamos para que comprendan la complejidad de la sociedad en la que están creciendo?“, decía Bombara.

—Hay algo que podemos tomar que tiene que ver en cómo, desde tu rol de escritora, buscás un punto de encuentro; un lugar de conexión más que un lugar de orden.
—Yo creo en los encuentros. Y esto es seguramente por la historia que viví, pero también es algo que yo traigo en mí. Cuando alguien me intenta imponer una autoridad no me genera respeto. Durante el día uno asume un montón de roles diferentes; ustedes durante una cantidad de horas son docentes, pero a la vez una parte de su cabeza sigue pensando en la realidad que tienen en sus casas, en sus parejas, en sus hijos, en sus padres. Lo que nos va conectando con los demás es el respeto. Ahí aparece la lectura. Porque me parece que lo más hermoso de lograr formar un lector es ver que se va generando ese lazo donde lo emocional y el respeto por el otro se dan la mano, se imbrican y se transmiten. Cuando lo veo en los chicos o cuando una les dice: “Ah, pero vos ya sos un lector”. Darles ese lugar genera en ellos una vuelta, y ahí se generan los encuentros.
—¿Qué significa leer hoy?
—Desde mi lugar, leer es una actividad que va extendiéndose en un mundo dominado por la imagen. Ofrece un lenguaje para algunas corrientes del pensamiento. Pero hay otras corrientes de pensamiento que hablan de la cultura visual donde más que lectura es un impacto. No está el tiempo de leer cuando una imagen te impacta; ahí hay una complementariedad que se da entre lengua escrita e imagen. Creo que la lectura hoy está permeada por esa realidad. Otra de las cosas que yo pensaba desde que me hiciste la invitación, que agradezco un montón, es en esto de la conversación que los chicos y las chicas traen de sus casas ¿no? En la práctica de conversar, que tiene tanto que ver con la práctica de la lectura. Porque la lectura, si lo pensamos de algún modo, no es otra cosa que escuchar. Y la práctica de la escucha no está hoy muy de moda. La práctica de la escucha se fragmenta y la lectura lo que trae es ese espacio de “Momento tenemos que leer hasta dónde va la historia o tenemos que leer qué conocimiento nos quiere transmitir esta persona”. Creo que en la escuela lo que sucede tanto en el nivel inicial, como en el nivel primario --y esto lo digo sin ser especialista, sino como escritora que visita un montón de escuelas a lo largo de todo el año, y eso me da cierta transversalidad en la mirada-- no sólo están presentes los niños que uno ve, sino las familias. Ahí está la cuestión de: ¿recibieron, conversación, atención, tiempo? ¿O recibieron un teléfono para que no molesten? ¿Qué tipo de familia están conociendo? Formar una persona que elija los libros como una parte de su tiempo de entretención.
—Luciano Lutereau escribió un librito muy lindo que se llama Guía para padres cansados, donde dice que a veces los padres le dan el teléfono a su hijo justamente para deconcectar y así se pierde ese espacio de comunicación que era la comida.
—Hay un problema que se suma a esto que dice Luciano que es la ansiedad. Porque en estas familias; en estos niños y niñas donde la pantalla es una parte de su vida, llegan después de ocho o nueve horas y piden por favor eso. Cuando uno ve la tecnología como herramienta y la usa está buenísimo. Ahí es donde el adulto puede guiar ese consumo de pantallas que el niño necesita, simplemente porque desde que nació está metido en esa práctica en la dinámica familiar. Uno también puede conversar con el otro mirando una pantalla. La cuestión es poner el lenguaje como protagonista del intercambio. Comentar lo que estás leyendo, sea una noticia, sea un cuento, sea un poema, sea una novela. La conversación de calidad con el otro es el principio del interés por la lectura.

—En tu experiencia como escritora que visita escuelas. ¿Qué estrategias de los docentes te parecieron efectivas? ¿Qué te llamó la atención?
—El afecto, el amor por los libros y la transmisión de la emoción en el docente. Ya sea riéndose de lo que están leyendo, ya sea releyendo partes porque se emocionó. Son historias que me cuentan tanto las maestras como los chicos. Ahora me empezó a pasar algo que me encanta y es que hay docentes que en su escuela primaria leyeron libros míos y ahora son maestras, entonces me traen el ejemplar que leyeron y eso en los chicos genera algo muy particular. “Mi maestra dice que te leía cuando era chiquita”. Y yo hago el chiste de “¡Ay, no, qué vieja que estoy! Me parece que no voy a escribir más”. Empezar a desacralizar el rol del escritor, del autor también. Y hablar de lo importante que es que haya conservado el libro. Miren lo importante de una biblioteca que hoy la seño les está compartiendo sus libros. Creo que ese amor; ese lazo afectivo que se que se ve en el estudiante con el docente, el docente con el libro y que se transfiere. Se genera un espíritu de esta imagen tan remanida de “alrededor de un fueguito que genera la lectura”. Creo que ese fueguito es el afecto. Es el compromiso de lo afectivo, no desde lo académico, no desde el cumplir con una currícula o con una actividad. Cuando se traspasa todo eso y vos ves que el docente está fascinado por eso que logró en esos chicos, deja de ser estrategia para ser parte de una identidad colectiva de ese grupo. Y eso me parece que genera lectores.
—¿Qué pasa con la autoridad? Decías que aquel que quería imponer autoridad te generaba un alejamiento. Pero muchas veces entramos a un libro como si fuera una catedral. Leemos los grandes clásicos, El Quijote, como si no lo pudiéramos tocar.
—Cuando te empezás a hacer preguntas sobre los clásicos, sobre cómo escribía Cervantes, en qué contexto histórico social, qué le pasaba, la catedral se va transformando en otra cosa, se va transformando en un escritorio, se va transformando en una práctica muy compleja que era escribir sin electricidad. ¿Y si se le quemaba la obra? (Como le pasó a Newton que se le quemó toda la obra en el laboratorio y tuvo que escribirla de nuevo). Al pensar así a los escritores en la práctica, la autoridad se transforma. Pienso en las grandes figuras que nos generan respeto. Pienso en la palabra de Liliana Bodoc, que tenía una palabra de peso, en María Teresa Andruetto, en Marina Colasanti.
En mayo voy a cumplir 20 años de la primera visita a una escuela, y se reconoce enseguida el equipo directivo que realmente goza de esa autoridad y no porque está gritando órdenes. Se reconoce porque hay una sintonía, hay una sonoridad, hay un flujo en los movimientos, como si estuvieran haciendo una coreografía muy empática, muy armoniosa, y eso no se puede inventar, no se puede fingir. Eso sucede o no sucede.
—Luis Pescentti me habló dijo una vez que la biblioteca de un docente tiene que ser muy grande. Como si comparáramos la alacena de una casa y un almacén.
—Lo deseable es que los docentes sean lectores. Quizás es una obviedad, pero hay que decirlo. Y acá surge esta complejidad del mundo que me devuelve a la ansiedad. Los tiempos son muy vertiginosos y todo se pide para ayer. Eso corta un poco los tiempos de la lectura, que son los tiempos de uno, porque en la lectura se pone en juego uno mismo y es la gran riqueza de la lectura. Si uno logra que un niño, una niña se ensimisme con un libro es un golazo. Es para sacarle una foto. Claro: ahí aparece la foto en la red. ¿Es necesario sacar esa foto? ¿O es necesario disfrutar el momento y ver qué hice yo para que esta persona esté así? ¿Lo podré repetir en otros? Muchas veces, lo que me dicen las profes es “Fue tu libro, yo no hice nada” ¡Mentira! Ahí estuvo esa profe o ese profe trabajando un montón. Lo que pasa es que es un trabajo tan de un lector de transmisión que no se vive como trabajo. Y ahí hay otra pregunta ¿qué entendemos como trabajo? Y así se van desplegando los árboles de preguntas en mis días.
—¿Te animas a hacer una lista de cinco libros ? Libros que vale la pena compartir con maestras y maestros de primaria.
—Para los chicos, Dailan Kifki, de María Elena Walsh. Lo tendría que haber pensado, me agarrás en frío... En casa voy a decir cómo no nombré a tal. Te digo los que me generaron marcas en la infancia, ese es el recorte. El cuento “La plapla” me voló la cabeza, me decía cómo una palabra viva, ese cuento me obsesionó a los cuatro años y me la paso buscando palabras vivas. Esa palabra que la tienen que meter en un cofrecito. Y la maestra no vuelve a abrir el cofre. ¿Y qué más tiene adentro? ¿Cuántas son? Se juntan, discuten entre ellas, se quieren escapar de ahí. ¿Y qué pasa con eso?. De ahí pasé a leer sola Dalian Kifki y fue un logro mayúsculo para mí. La leí a los seis años. No somos irrompibles, de Elsa Bonernam. El diario de Ana Frank, que lo leí a los 11 años. Mi mamá me lo regaló para mi cumpleaños. Los cuentos de Horacio Quiroga para chicos ya un poco más grandes. En primer año en la secundaria, yo fui al Nacional de Buenos Aires, me dieron un cuento de Edgar Allan Poe y volví a mi casa y estaba “No sabés mamá, no sabés”. Y volviendo a esto de tener una buena biblioteca en la casa, ella me dijo que teníamos los Cuentos completos de Poe. Y así empezar otros descubrimientos, porque volví a Quiroga, a Poe. Empecé a agarrar libros de esa biblioteca y leí Lovecraft. Eso está bueno, fomentar la consulta en las bibliotecas; vagar por la biblioteca, ya sea áulica o de la escuela y que vaguen por ahí los chicos. El lector inquieto, el lector que desestructura, el lector disruptivo, hay que ponerlo en valor.
—Creo que dijiste afecto al principio sobre las lecturas, pero se trata de los encuentros
—En los encuentros se pone en juego el afecto. Vos me proponías hablar de alfabetización, o del hábito de la lectura y ahí se pone en juego mi afecto por la lectura. Porque el libro es lo que nos está nucleando. Las ganas de que un otro de otra generación cuide también ese acervo cultural.
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