Cómo ventilar la casa en invierno sin que pierda calor

Permitir el ingreso de aire fresco, elegir materiales naturales y controlar la humedad son acciones recomendadas por especialistas para mantener ambientes saludables durante la temporada fría

Primer plano de dos antebrazos y manos abriendo una ventana blanca. Se ven un picaporte, un anillo, una pulsera, cortinas claras y vegetación exterior
Ventilar la casa en invierno ayuda a reducir el aire viciado, los alérgenos y los contaminantes que agravan el asma y la bronquitis (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La contaminación del aire en el interior de los hogares es un problema que pasa con frecuencia desapercibido. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los niveles de contaminación dentro de una vivienda pueden ser entre dos y cinco veces más altos que los del exterior, lo que convierte al hogar en un espacio de riesgo para la salud respiratoria, especialmente durante los meses de invierno, cuando las ventanas permanecen cerradas por más tiempo.

El frío lleva a muchas personas a sellar sus casas para conservar el calor, pero esa decisión tiene un costo: el aire viciado se acumula y los contaminantes no tienen salida. El resultado es un ambiente interior que puede afectar la salud de los habitantes.

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Los espacios interiores deben recibir aire exterior de forma continua y suficiente, ya sea a través de ventilación natural o de sistemas mecánicos. La clave está en encontrar métodos que permitan renovar el aire sin generar pérdidas de temperatura significativas.

Ventana abierta en una sala de estar con cortina blanca ondeando, una planta en maceta, un sofá gris y una mesa de centro de madera.
Ventilar la casa en invierno con aperturas breves de ventanas y puertas dos o tres veces al día permite renovar el aire sin perder calor de forma drástica (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cómo ventilar la casa en invierno sin que pierda calor

La solución más directa y accesible es abrir ventanas y puertas al menos dos o tres veces al día. Aunque parezca contradictorio en pleno invierno, aperturas breves y estratégicas permiten un flujo de aire suficiente sin que la temperatura interior caiga de forma drástica. La mala ventilación favorece que los contaminantes permanezcan suspendidos en el ambiente, por lo que incluso unos pocos minutos de circulación de aire marcan una diferencia.

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Otra alternativa que los especialistas recomiendan es la incorporación de plantas de interior. Estas actúan como purificadores naturales del aire y representan una opción económica para mejorar la calidad del ambiente. La condición es mantenerlas en buen estado: una planta enferma o descuidada puede liberar contaminantes biológicos en lugar de absorberlos.

La elección de los materiales textiles del hogar también incide en la calidad del aire. Lo recomendable es optar por fibras naturales como el algodón y el lino en alfombras, cortinas y ropa de cama, y evitar los tejidos sintéticos. Algunos de estos materiales, derivados del petróleo, liberan compuestos químicos con el tiempo que alteran la atmósfera interior.

El control de la humedad es otro factor determinante. La acumulación de humedad en paredes y techos puede derivar en problemas respiratorios y cutáneos. El uso de deshumidificadores, combinado con una ventilación periódica, es el método preventivo más eficaz para evitar que la humedad se instale en la vivienda.

Cinco plantas de interior en macetas modernas: sansevieria, pothos, cactus, zamioculca y espatifilo, en un rincón de sala con luz natural cálida y fondo neutro.
Las plantas de interior pueden mejorar la calidad del aire como purificadores naturales, aunque requieren cuidado para no liberar contaminantes biológicos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por qué es necesario ventilar la casa en invierno

Más allá del confort, la ventilación tiene un efecto directo sobre la salud. Según la OMS, la renovación del aire interior puede prevenir dolores de cabeza, resfríos, alergias, infecciones respiratorias e irritaciones de piel. Del Águila precisó que una buena circulación de aire “previene que se desarrollen enfermedades estacionales propias del invierno”.

Uno de los factores que más deteriora la calidad del aire en interiores es el humo del tabaco. Fumar dentro del hogar eleva la concentración de partículas nocivas en el ambiente, con mayor impacto en los espacios con escasa ventilación. La exposición al humo de segunda mano incrementa el riesgo de enfermedades respiratorias graves para todos los habitantes de la vivienda, no solo para quien fuma.

La suma de estos factores —humedad, materiales sintéticos, falta de circulación y humo— construye un entorno interior que, sin intervención, se vuelve progresivamente más dañino. La ventilación no es solo una cuestión de temperatura o frescura, sino una práctica de prevención con respaldo médico y científico.

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