Invitada a Mi Cielo, Pamela David ya es como de la familia para muchos. Desde la pantalla de América, cada mañana, con su Desayuno Americano, se convirtió en ese personaje que entra a casa como si lo conocieramos desde siempre...
Tras años de presencia constante y versátil en distintos formatos, la conductora retomó el magazine que consolidó su perfil cercano y su capacidad para conectar con la audiencia, mientras proyecta nuevos desafíos profesionales.
Nacida en Córdoba el seis de octubre de 1978, Pamela David vivió su infancia en Santiago del Estero antes de mudarse a la ciudad de Buenos Aires, donde comenzó a forjar su carrera en el mundo del espectáculo. Sus primeros pasos estuvieron ligados al modelaje, pero fue en los medios de comunicación donde encontró su verdadera vocación y construyó una identidad propia.
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El salto a la popularidad llegó con su participación en programas emblemáticos como El Bar TV, que la posicionaron como una figura emergente en la televisión argentina. En 2003, Pamela incursionó en el teatro de revista bajo la dirección de Gerardo Sofovich, participando en obras como Coronados de risa y Diferente, lo que le permitió ganar reconocimiento entre el público y la crítica. Ese mismo año, su aparición en la revista Playboy representó un hito en su carrera, ampliando su visibilidad y consolidando su imagen en el ambiente artístico.
La conducción de Pamela Sex en 2004, un programa de contenido erótico, marcó una etapa más audaz en su recorrido profesional. Sin embargo, fue en el formato de magazine televisivo donde Pamela encontró el espacio ideal para desplegar su estilo. Con Desayuno Americano en América TV, logró construir una relación de cercanía con los televidentes, afianzando su lugar como conductora.
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El equilibrio entre la vida profesional y personal ha sido una constante en la vida de Pamela David. Es madre de Felipe, fruto de su relación con el exjugador de básquet Bruno Lábaque, y de Lola, su hija con el empresario Daniel Vila, uno de los propietarios del Grupo América. La pareja, que lleva más de diez años unida y está casada desde 2016, ha sido un pilar fundamental en la búsqueda de armonía entre los compromisos laborales y la vida familiar.
De eso, justamente, trata esta charla confesional, con especial énfasis en el dolor por la muerte de su hermano Franco, de 22 años, ocurrida en junio de 2020 en Santiago del Estero.
Acá, los momentos más destacados de la charla:
—Hola, Pamela David, ¡qué hermosa, por favor! ¡Parece una actriz norteamericana, Lynda Carter! Se lo deben haber dicho mil veces... Te explico, acá estás como en un espacio atemporal del Edén. Esto sería una antesala al infinito, una frontera invisible al más allá. Acá hacemos, en lugar de la VTV, como a los autos, la VTA Verificación Técnica del Alma. ¿Algún sueño frustrado de la infancia? Acá te lo cumplimos...
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—¿De la infancia tiene que ser? Yo quería ser actriz de telenovela al mediodía.
—En tu vida, ¿cuál fue la decisión clave que tomaste que te hizo ser Pamela David?
—Venirme a vivir a Buenos Aires, que no era fácil, porque no es que tenía las posibilidades económicas como la mayoría de los estudiantes que los padres le alquilan el departamento. Era como venir con una mano atrás y otra adelante, literal, a laburar y a vivir de lo que me saliera en ese momento. De hecho, vivía en Colegiales en la habitación de una chica que le alquilaba. Y el primer mes, mes y medio, dos meses, fue durísimo porque trabajaba como promotora en una agencia y vos cobrás recién a los 45 días. Y cuando te decían cuánto gana por hora una promotora, yo no lo podía creer. ¡En Santiago del Estéreo tenía que trabajar dos meses para ganar eso! O sea, de verdad me hacía mis cuentitas. Siempre fui muy laburante y de ahorrar y de ganar.
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—Arriba vas a tener una pantallota con el segundo a segundo de tu vida, todo On demand... ¿Cuál sería el primer casete al que le pones play?
—Sí, me pondría de bebé... porque no me acuerdo, obviamente. Porque con las fotos que uno tiene puede ir acordándose, pero de bebé no tengo ese registro. Tengo como muy pocas fotos y me gustaría ver cómo era mi relación con mi hermana, que somos muy muy seguidas las dos.
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—¿Otro momento?
—Bueno, me gustaría compartir más con mi mamá, que comparto de grande. De chiquita era muy, muy papera. Ibamos juntos a taekwondo. Entonces, tengo recuerdos de ir con él a taekwondo, de ir con él a la cancha. Yo era como el varón hasta que después vino el varón. Pero no tengo tanto registro con mi mamá.
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—¿Qué verdad con respecto a tu propia historia te gustaría conocer, rever, en cámara lenta lo ponés, lo volvés a ver?
—A mí me intriga mucho todo mi árbol genealógico... Por ejemplo, la mamá biológica de mi papá se muere después del parto, ellos son mellizos, y al segundo día se desangra. Entonces, somos criados por mi abuela tía, en realidad. También me hubiera encantado saber dónde está mi tío, un tío que se fue de la casa cuando eramos chiquitos... También me gustaría conocer a mi abuela biológica y qué tengo de ella, porque para mí tengo mucho de ella.
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—¿Qué pregunta que nunca te animaste a hacer te gustaría saber?

—Quiero ir a mi parto, a mi nacimiento... Aparte tengo un tema con la maternidad, como que lo tengo que sanar.
—¿Por qué decís eso?
—Lo estoy descubriendo con vos. Mi abuela, que se murió en el parto de mi viejo. O mis hijos, que también tuvieron partos complicados. Y en cuanto a mi parto, hay una discusión con mis viejos: mi mamá dice que era nueve mesina pero mi viejo me asegura y perjura que era ocho mesina, y que él estaba de viaje, aunque según mi madre estaba de joda (risas). Tema de ellos. Pero sí, me gustaría saber si fue ocho mesina, porque no es poca cosa.
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—Ahí ponés play y tenés la posibilidad de cambiar algún evento de tu vida, ¿qué elegirías?
—Acompañar más a mi hermano (pausa larga, piensa, se quiebra). Fue duro para toda la familia. Y no...
—¿Por qué siempre decís eso, que no lo acompañaste tanto?
—No, acompañarlo fue duro. Pero es que el final es cuando perdés, ¡perdimos la batalla!, ¿entendés? No alcanzó. Es decir, ¿cuál es el secreto? Cagarlo a pedos, más límites, acompañarlo, darle libertad. Hicimos todo lo que estaba al alcance, todo, todo... Hoy, digo, había muy poca información con el tema de la salud mental también. Porque no es solo la adicción. Antes no se hablaba de eso. Entonces, decís “¡Pucha madre!“. ¿Se podría haber evitado? Porque él tuvo muchos intentos de quitarse la vida... hasta que lo concretó. Y la pandemia lo potenció. Pero no lo relaciono solo con las adicciones. Antes no estábamos tan informados.
—Cuando vos llegues al cielo y te pregunten “¿por qué llegaste?“, ¿qué decís?
—Que hice lo correcto, hice el bien. Y no me importa quedar como una creída, pero soy buena hermana, buena madre, buena hija, buena esposa. Y agradezco el plato de comida, agradezco la ducha tibia, mi techo, mi frazada, agradezco poder dormir en una cama cómoda. Agradezco un montón y a mis hijos los crío así.
—Cuando bajes, vas a tener el don y el poder de sacarle un dolor muy profundo a alguien, ¿a quién elegís?
—No tengo dudas: a mi viejo y a la mamá de Franco. Vuelvo con el mismo tema, pero (vuelve a llorar) es un dolor que no lo podría resistir, ese dolor de perder un hijo. Se lo sacaría a ellos dos, sí, sí, porque no hay día que no le duela.
—Vas a bajar y te vas a poder traer a uno de arriba dos horas...
—Esta entrevista la hicimos para Franco. Yo tengo que bajar a Franquito. Porque tiene un hijo, Gianfranco, que él no supo.
—¿En serio me decís?
—Estaba embarazada su novia, y me gustaría. Si tengo que elegir uno, elijo a Franco para que se junte con su hijo.
—Y de los grandes tuyos que tenés arriba, ¿a quién bajarías primero que nadie?
—A mi abuela.
—¿Cuál?
—A mi abuela Chichí, porque a Azulina no la conocí.
—¿Azulina de tu mamá...?
—No, Azulina es de mi papá, la que falleció cuando nacieron mi papá y mi tío. La tengo como energía divina a ella, no la tengo materializada en persona. Más allá que hay cuadros...
—¿Hay alguna foto?
—Sí, hay.
—Pero a Chichí...
—...a Chichí la abrazaría un rato más, dos horas más la abrazaría. Yo me dormía abrazada con ella, miraba tele abrazada.
—¿Con la abuela?
—Sí... Tengo la forma del cuerpo.
—¿Qué edad tenía cuando se fue?
—No, de grande. Yo vivía en Buenos Aires. Y se murió el otro día de mi cumpleaños.

—¿Te vio exitosa...?
—Sí, pero ella cuando yo era chiquita me decía: “Cuando vayas al programa de Mirtha Legrand, mandame saludos”. Ella me clavó el mandato de “Vos vas a ser famosa y te vas a sentar con Mirtha”. Me dijo: “Vos, cuando vayas, mandame saludos”. Obviamente, cuando me senté ella no estaba, pero bueno, me lo dijo: “Lo vas a hacer”. Y yo le creí.
—Hermosa tu Verificación Técnica del Alma, Pamela. Cuando bajes no te vas a acordar nada, ¿eh?
—Sí, me voy a acordar. Me encantó.
Fotos: Maximiliano Luna
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