Ariel Tarico con una mezcla de orgullo y vulnerabilidad, confiesa: “Estoy estrenando un poco mi voz”. El humorista, locutor e imitador que durante años se escondió detrás de personajes como Nelson Castro, Moyano o Cristina Fernández de Kirchner, ahora se sube al escenario también como él mismo. “Me empecé a despojar de los personajes y a reírme de cosas mías particulares, de cosas que me pasaron, como fracasos que he tenido”.
En esta nueva etapa, Tarico lleva a escena un espectáculo que es tanto un recorrido histórico como una biografía emocional. “Vamos a hacer este mes de abril provincia de Buenos Aires. Vamos a ir a Valentín Alsina, La Plata, Banfield, 25 de Mayo, Chivilcoy… recorremos los teatros que nos faltaron el año pasado. Y hay mucha gente que nos sigue hace años y quiere vernos”, relata a Teleshow con entusiasmo.

Acompañado por David Rotemberg, su compañero de escena y música, Ariel propone un show que mezcla sátira política, recuerdos personales y guiños a la historia argentina reciente: “Arranca como siempre Nelson como maestro de ceremonia mostrando el salón de los bustos de Casa Rosada… están todos los presidentes desde el 83 hasta la actualidad. Es una recorrida por estos 41 años de democracia”.
El espectáculo, que nació como una puesta sencilla con guiones de radio en el teatro Politeama, fue evolucionando con el impulso creativo de Juan José Campanella. “Cuando debutamos en 2023 teníamos solo dos atriles y una escenografía prestada. Después Campanella dijo ‘los quiero ayudar con tecnología’. Y ahí empezó otro camino”, cuenta Ariel. Un camino en el que finalmente se permitió hablar como sí mismo: “Quiero empezar a hablar un poco yo. Ya sé hacer personajes, ahora quiero contar lo que me pasa”.
Una gira por la historia y las emociones
La gira que Ariel Tarico y David Rotemberg, “Tarico on the Rotemberg”, están realizando por la provincia de Buenos Aires no es solo una sucesión de funciones teatrales: es una experiencia escénica que cruza política, memoria, música y humor.
Para crear un “salón de los bustos”, contaron con el aporte técnico de Mundo Loco, el estudio de animación de Juan José Campanella, que trabajó en películas como Metegol. “Hicimos todos los bustos de los presidentes desde el 83 hasta la actualidad. Están todos juntos: Alfonsín, Menem, De la Rúa, Duhalde, Adolfo Rodríguez Saá, Puerta, Camaño, Kirchner, Cristina, Macri... incluso los vivos están ahí”, enumera Tarico, con una mezcla de ironía y fascinación.
Pero el espectáculo no se queda en la sátira política. Es también un viaje personal, casi íntimo, por las trayectorias de sus protagonistas. “Después vienen los recuerdos personales de cada uno. Las influencias musicales que tuvo David cuando empezó en los 80, y también mi historia de cómo me inicié en la radio en Santa Fe”, cuenta Ariel a Teleshow.

El show va y viene entre décadas, medios y formatos: “Recordamos programas de televisión que hicieron historia o que nos marcaron a nosotros, y que queremos contarles a las nuevas generaciones. Hablamos también de lo que nos pasa con las redes sociales”.
El resultado es una obra que no teme mostrarse vulnerable, que se permite mezclar lo político con lo sentimental. “Es como una especie de montaña rusa emocional”, resume Tarico.
Salir del personaje y mostrarse como Ariel
Durante años, Ariel Tarico fue sinónimo de voces ajenas. En la radio, en televisión y sobre el escenario, su arte se construía desde la imitación, el disfraz y la transformación. Pero en este nuevo espectáculo, por primera vez, el humorista se permite también ser él mismo.
Esa evolución lo llevó a correrse del lugar seguro del personaje. “Ahí yo dije: David tiene que tocar tanto el piano como la guitarra en vivo, y yo también empecé a despojarme de los personajes”, dice Tarico. Empezó a hablar de sus fracasos, de las temporadas en que no le fue bien, de las expectativas truncas. “Con el tiempo, viste que el humor siempre te dicen que es tragedia más tiempo. Esas anécdotas que fueron duras o dramáticas se transforman en graciosas, contadas así para la gente”.
Mostrarse como Ariel también implicó abandonar la coraza que durante años lo protegía. “Al principio me daba mucho pudor presentarme como Ariel, siempre arrancaba caracterizado, con una máscara o disfrazado”, reconoce. Fue un proceso de años: pasar de cambiarse detrás del escenario a hacerlo frente al público, hasta llegar al punto de integrar sus experiencias personales al show. “Me gusta mostrar esa habilidad de construir el personaje en el momento. Pero también ya quiero empezar a hablar un poco yo”.
Y es que para Tarico, este movimiento tiene que ver con un crecimiento profesional pero también vital. “En el teatro es un camino largo y todavía no encuentro un techo. Me faltan muchas cosas por hacer”, afirma. Esa apertura lo llevó incluso a hacer algo inédito: reírse de sí mismo sin intermediarios, sin máscaras. En ese gesto, tal vez, esté su transformación más honesta.
Fracasos que enseñan
Pocos artistas se animan a hablar con tanta franqueza sobre sus derrotas. Ariel Tarico lo hace sin rodeos y con una mirada madura que transforma el tropiezo en relato compartido. Entre sus recuerdos más duros, menciona una temporada que marcó un antes y un después en su carrera: la explosión de Stravaganza en Carlos Paz.
“Fue una temporada que nos marcó a todos”, recuerda. El año en que Flavio Mendoza desembarcó con su show de gran producción y capturó toda la atención del público, muchos otros espectáculos quedaron en la sombra. “Todo el mundo fue con una expectativa de decir ‘la vamos a romper’ y todo el mundo quiso ver a Flavio Mendoza nada más... el resto la tuvo que remar”.

Para Tarico, aquella experiencia no fue solo una cachetada de realidad, sino también un punto de inflexión. “En su momento fueron situaciones traumáticas... momentos donde vos apostás y no viene el público. Donde decís ‘esto va a funcionar’ y no funciona”, confiesa. Sin embargo, lejos de quedarse en la frustración, encontró en el fracaso una oportunidad de aprendizaje: “Obligó a elevar la vara. A decir: para competir hay que invertir, hay que esforzarse, hay que mejorar los teatros”.
Esa temporada dejó una marca en toda la escena teatral. “Fue un antes y un después. Sirvió para mucha gente. Todo el mundo se acuerda de ese verano”, asegura. Años después, Tarico la recuerda como un hito formativo, no solo en lo artístico sino en la manera de pensar su vínculo con el público y con el oficio.

En su show actual, esas anécdotas reaparecen resignificadas. “Con el tiempo esas situaciones se transforman en graciosas. Me río de eso arriba del escenario”, dice. Y así, lo que fue angustia se vuelve material humorístico, lo que fue derrota se convierte en puente con el espectador. La clave, tal vez, esté en esa frase que repite como mantra: “el humor es tragedia más tiempo”.
El impacto de la pandemia y el auge del humor en vivo
La pandemia modificó el paisaje del entretenimiento en todo el mundo, y Ariel Tarico lo vivió desde adentro. Para él, no solo cambió la forma de producir contenido, sino también la manera en que el público se vincula con el humor. “Lo que vino post pandemia fue como una explosión de los shows, sobre todo los de humor”, afirma. Después del encierro, la necesidad de reír fue urgente y colectiva.
“La gente dice: ’quiero ir a cagarme de risa, pero no a olvidarme de los problemas, sino a ver cómo proceso esos problemas a través del humor‘”, explica. Esa función terapéutica del humor, ese mecanismo de digestión emocional, es el corazón de su propuesta actual. No se trata solo de hacer reír, sino de resignificar lo vivido. “Cómo abordo la vida con humor. Por eso se han multiplicado los shows de stand up y de comedia todo el tiempo”.

Desde su perspectiva, los años de encierro también impulsaron nuevas formas de producir y consumir contenidos. “La pandemia produjo esto: mucha gente estaba todo el tiempo delante de una pantalla y muchos se inventaron un streaming o un programa de radio mezclado con televisión”, señala. Ese híbrido de formatos —entre lo casero y lo profesional, lo íntimo y lo viral— fue una de las características del período.
Sin embargo, Tarico distingue claramente entre la experiencia digital y la experiencia escénica. “Con el tema del show en vivo, de vivir la sensación, la experiencia de estar en un recital o en un espectáculo de humor... eso va a seguir estando eternamente”, sostiene. A diferencia del cine o las series, que ya se consumen pensando en qué plataforma se van a estrenar, el teatro mantiene su esencia: la conexión directa con el público.
Orígenes en la radio: de Santa Fe a Mitre
La historia de Ariel Tarico con la radio comenzó temprano, casi de forma instintiva, cuando apenas tenía 14 años. “Estaba en la secundaria”, recuerda, “y era un mundo de grandes que a mí me fascinaba estar”. Ese primer acercamiento ocurrió en su Santa Fe natal, y desde el inicio su interés estaba en hacer reír a través de las voces ajenas. “Hacía muchos personajes locales: periodistas y políticos de Santa Fe, el presidente del Club Unión, el de Colón, Jorge Obeid, Reutemann…”.
Desde chico imitaba, y con la influencia de figuras como Carlitos Russo, Rolo Villar o Freddy Villarreal, empezó a crear un repertorio nacional que incluía a Aldo Rico, Fernando de la Rúa, Menem, la Bolocco y Hugo Moyano, personaje que aún hoy forma parte de sus shows. “Este país es como una calesita: hay clásicos que siguen estando”, dice con humor.
Su salto a Radio Mitre consolidó su estilo y lo obligó a perfeccionarse. “Empecé como humorista y productor. Salía por teléfono desde la producción del programa porque el estudio era sagrado. Era muy difícil que te dejen estar frente a un micrófono, además era muy chico”. Pero esa limitación técnica se convirtió en una herramienta creativa. “Los personajes salían más creíbles por teléfono”, explica. Y en eso tuvo un aliado fundamental: Néstor Ibarra.

“En Radio Mitre, Ibarra decía que se imaginaba mejor una conversación con Aníbal Fernández por teléfono que si yo estaba cara a cara”, cuenta. Ese recurso potenciaba la ilusión. “Por teléfono, el tipo imaginaba que estaba hablando con el Aníbal de verdad. Me hacía preguntas en serio y me obligaba a estar informado y a contestarle medio en serio, medio en joda”, recuerda Ariel de su dupla con Ibarra.
Esa formación autodidacta, desde la trastienda, lo obligó a observar, estudiar y perfeccionar cada voz, cada latiguillo, cada giro discursivo. Y aunque su carrera después lo llevaría al teatro, al streaming y a las redes, la radio sigue siendo su casa de origen. “Nunca me sentí un bicho de televisión, por ejemplo”, reconoce. Su identidad se forjó en el sonido, en el anonimato de la voz, en esa mezcla de juego e imitación que hoy continúa reinventando sobre el escenario.
A los 40: elegir, disfrutar y soltar
Cumplir 40 años marcó un punto de inflexión para Ariel Tarico, no solo en su vida personal, sino también en su forma de pararse frente al trabajo, el escenario y el tiempo. “Recién ahora que cumplí 40, que pasé la edad en la que murió mi viejo, estoy disfrutando y también eligiendo”, cuenta con honestidad. Ese cruce entre madurez y memoria lo llevó a repensar su carrera con otra conciencia: la de saber decir que no.
“Estoy diciendo a qué cosas no, qué cosas no me gustan. Lugares donde siento que ya no puedo aportar más nada, digo ‘no puedo estar más acá‘. Me voy a aburrir, la voy a pasar mal y la van a pasar mal ustedes, mis compañeros”, afirma Ariel Tarico.

Ese disfrute encuentra un símbolo especial en el teatro, donde recientemente fue premiado con el Estrella de Mar en Mar del Plata. “Fueron momentos de mucho disfrute”, recuerda. Pero lo más valioso parece estar detrás de escena: “Viene mi hijo, se queda tras bambalinas, juega con los disfraces, le gusta estar presente”. La vida familiar se entrelaza con la artística, y eso le da otra dimensión a la gira.
Ese tipo de historias, como la suya, están cargadas de pasión, locura y amor por el oficio. Hoy, Tarico las mira desde otro lugar: con más pausa, con menos urgencia, pero con la misma vocación intacta. Porque si algo dejó claro en esta etapa es que el arte, como la vida, también necesita de decisiones conscientes: elegir, disfrutar, y saber cuándo correrse.