Lorenzo de Zuani entró a la casa de Gran Hermano casi sin darse cuenta. Una amiga lo inscribió y le insistió durante días para que mandara el video al casting. Y cuando recibió el llamado pensó que era mentira. Fue un sacudón para la tranquilidad cotidiana en su Salta natal, pero no tuvo que pensarlo demasiado y se animó a la aventura.
“Pasó todo tan rápido que recién ahora estoy tomando dimensión de todo”, dice el estudiante de Diseño Industrial en los estudios de Infobae. Durante la charla, va a quedar claro que Lorenzo ama su ciudad, su tranquilidad, su gente, su tono de voz, pero que se siente cada vez más a gusto en esta nueva vida. “Salta es mi zona de confort, pero me gusta el desafío de probar cosas nuevas. Y por ahora me encanta”, asegura, antes de analizar su breve estadía en la casa con una frase que lo acerca a su personalidad sin medias tintas: “Yo no veía Gran Hermano, no sabía nada del programa”.
—Pero cuando tu amiga te dijo de grabar el video, un poco de noción tenías...
—Empecé a tener noción cuando pasé el primer casting y le puse un poco de onda. Después no vi nada hasta que me dijeron que entraba. Preferí ir con poca información porque también meto mucho la pata y corría el riesgo de hablar de más.
—¿Qué crees que vio tu amiga en vos para decirte que tenías que entrar sí o sí?
—Te juro, yo no soy de darme cuenta qué es lo que ven. No es la primera persona que me lo dijo. Ella fue la que forzó la situación, pero todavía no sé qué vio la producción.
—Leí que tu mamá dijo que fue muy shockeante, que de un momento a otro te fuiste. ¿Cómo fue para vos separarte de tu familia?
—Yo todavía vivo con mis papás. Si bien no nos veíamos tanto porque cada uno trabaja en horarios diferentes, sí fue chocante porque a ella no le gusta la exposición y a mi papá tampoco. Ellos estaban totalmente en contra, los dos me dijeron que no me metiera ahí. “Es complicado, mirá lo que pasó con Furia, imaginate si entra una chica igual”, me decían esas cosas. Y fue muy loco, porque después entró Furia y me acordé de todo esto.

—Un poco te rebelaste con tu familia al decidir entrar.
—Sí. Di un salto que, si no lo daba ahora, capaz no lo daba nunca.
—¿Cómo es la sociedad de Salta, en el sentido de que alguien pase directamente a un reconocimiento masivo?
—La verdad que lo estoy viviendo ahora. No sé muy bien cómo es, pero experimentarlo es muy loco. Por ahí Salta es un poco más cerrado. Lo que valoro mucho de estar acá, que es mucho más libre. Si bien va a haber hate, es muy distinto a Salta, donde te tiran abajo más rápido.
—¿Por qué?
—Porque la mente es un poco más cerrada. Con el tiempo se va abriendo, pero lo que es tendencia acá tarda un poco en ser tendencia allá. Suele pasar eso.
—¿No creés que es un poco negativo tener una mente más cerrada?
—Actualmente sí, pero con el tiempo se va abriendo más. Yo estudié Diseño Industrial y estamos al margen de la novedad siempre. Y hay muchas veces que, por lo menos en el ambiente de lo que me gusta, uno trata de exponer algo y la gente no lo entiende todavía. Y el público aquí sí lo entiende. Por eso la mayoría elegimos venir acá.
—¿Hay mucho prejuicio?
—Puede ser. Creo que en todos lados juzgan mucho, no podría decirte que en Salta juzgan mucho y acá no. Para mí es como que si estás haciendo algo, si te estás moviendo, te van a juzgar y significa que vas bien.
—¿En qué cosas ves más que la sociedad te juzga?
—Lo del diseño me molesta personalmente, porque uno busca el progreso y la gente no lo entiende. Y una vez que lo entiende ya es tarde. Entonces eso es lo malo. No te sabría decir puntualmente qué se juzga en Salta, pero por ahí es que los temas que son novedad acá, tardan en ser novedad allá.
—¿Qué cosas ves en Buenos Aires que son más libres que en Salta?
—En todo. En cómo hablás, cómo te vestís, cómo te expresas. Acá la gente tiene más interés en uno y menos interés en el resto, en la crítica, le dan menos atención a cosas que realmente no interesan. Y eso es un poco lo que me cuesta, porque yo soy una persona que le da interés a todo. Y hay que empezar a tener la mente que tienen acá, que te soltás mucho más y que no te importe nada.

—¿Alguna vez te sentiste juzgado por otros?
—Sí, todo el tiempo. Creo que es una pelea interna, en realidad. No sé ni qué es lo que se piensa. Pero uno solo se siente juzgado muchas veces por lo que hace, por lo que dice. Puede tener que ver con mi personalidad, que soy muy tranquilo y nada más el hecho de que me lo recuerden me saca un poco la libertad de ser cómo soy realmente. Por ejemplo, dentro de la casa siempre fui tranquilo y no terminé de liberar un montón de personalidades justamente porque me sentía sesgado con eso. Porque con mis amigos soy totalmente libre, y de los que más se manda mocos. Calculo que con el tiempo me iré soltando más.
—¿Y te juzgás a vos mismo?
—Sí, bastante.
—¿Es parte de la inseguridad?
—Sí, pero hay que aprender a lidiar con esas inseguridades, porque uno termina siendo su propio enemigo.Es complicado entrar conociendo poca gente y salir a una exposición tan grande donde te conoce todo el mundo. Es complicado manejar muchas sensaciones que no se las puede decir como si nada porque uno las toma con otra seriedad. Desde afuera se lo ve mucho más sencillo, como que tenemos la vida resuelta o un montón de puertas que se abren, pero hay cosas muy difíciles de manejar.
—¿Te pesa la mirada de los demás?
—Todavía sí, un poco. Creo que perdí tiempo en caerle bien a muchos y no me estaba cayendo bien a mí, y en un punto me sentía mi propio enemigo, creo que subo los niveles de exigencia a un punto en el que no los manejo. Soy una persona que, si tiene cinco proyectos por hacer, quiere hacer los cinco al mismo tiempo. Soy muy relajado, pero me encanta estar bajo situaciones que me estresen mucho. Paso muchas noches sin dormir por tener muchos proyectos listos. Me pasa en la facultad trabajando y en emprendimientos en los que todo se me sale de control. Me abrumo por todo lo que tengo que hacer. Pero cuando pasa todo, lo disfruto un montón.
—¿Te gusta la adrenalina?
—Mucho. Estar bajo situaciones de mucha presión creo que libera cosas que normalmente no te pasa.
—Son dos caras de una misma moneda, porque en un lado sos tranquilo y después te gusta estar siempre al límite.
—Claro. Y trato de manejar todas las situaciones con mucha templanza. Si bien muchas veces se me sale la cadena por todos lados y estoy muy estresado y contesto mal a todos, los problemas son solamente conmigo.

—¿Esto te generó algún tipo de problemas?
—Es que le contesto mal a personas que después puedo disculparme. Me pasa en mi casa, me preguntan qué voy a comer y contesto mal, cuando me están haciendo un favor. Todos están de mi lado, soy yo el que está enojado con todos. Pero me gustan las situaciones límite, después la paso bien cuando todo se termina.
—¿Con qué otras cosas te estresás además de con los proyectos?
—Con muchas cosas. Por ejemplo, ahora el estrés que tengo es con moverme de un stream a otro, de un canal a otro. Me organizo bastante mal.
—¿Y qué pasa cuando te frustrás?
—Me destruyo cuando estoy frustrado por algo que no me sale. Pero es un periodo en el que me tiro abajo y después se me pasa. A veces soy poco tolerante a la frustración, sobre todo en cosas como las que me están pasando ahora. Manejo mejor la situación en relación al diseño, dondesoy mucho más tolerante a la frustración porque es algo que entiendo más. Este es un ambiente que no lo conozco y estoy expuesto a muchas miradas y opiniones que no me identifico con ninguna. Por ahí todos en el mundo mediático buscan el salto a la fama y yo, en cambio, digo que quiero ser diseñador industrial.
—Me dijiste recién que antes de entrar no sabías nada de los medios. ¿Cuál es tu visión ahora?
—La verdad es estoy fanatizado con lo que veo: cómo se mueven, cómo se manejan, cómo hablan, todo lo que pasa detrás de cámara. Estoy impresionado. Me parece una locura y creo que hasta ahora tuve muy buenos tratos con todos. O sea, me gusta cómo se ven los medios, pero no sé si me encanta ser el protagonista.
—Sos medio tímido.
—Sí, bastante, pero después me suelto. Todo pasa por la confianza. Creo que rompe el hielo el decir que soy tímido y que tardo en soltarme, porque el hecho de manejar esas situaciones con más humor hace que todo fluya. Todas las situaciones que me generan incomodidad las digo, entonces se rompe ese hielo y dejo de estar incómodo. Y también me doy cuenta que no soy el único en la tele con esos miedos.
—Me parece increíble que digas que tenés miedo de la tele y al mismo tiempo te anotaste a un reality que lo ve todo el mundo y encima sin querer entrar.
—No, después sí quería entrear, cuando empecé a ver un poco me parecía buenísimo. Igual tampoco entendía la dinámica del programa, cómo se peleaban por cosas tan básicas. Y después, estando adentro, esas cosas básicas me generaban bronca. O sea, los únicos conflictos que podés llegar a tener son esos. Son cosas muy sencillas que uno las exagera mucho, pero no por estar en un reality, sino porque realmente te pesan.
—Leí una descripción que hizo tu mamá, que me parece muy linda y me gustaría que me digas si esto es verdad. Dice que sos muy sensible, que te gusta ver los atardeceres, andar en bicicleta y estar al aire libre. ¿Te ves así?
—Sí, soy así, tal cual. Entre muchas de mis personalidades, una de ellas disfruta de eso. Otra disfruta salir de joda. Otra, estar bajo estrés. Me puedo subdividir en muchas cosas. Pero disfruto mucho de la soledad. Ver un atardecer en un momento que me caigo muy bien a mí mismo y puedo estar bien conmigo, lo hago muy seguido. En Salta hay muchos cerros y los atardeceres son muy lindos. Suena como gracioso o cliché, pero posta, me gusta mucho.
—Me llamó la atención esto de que tenés muchas facetas ¿En qué sentido?
—Lo que me pasa es que me identifico con tantas personalidades, me gustan tantas cosas distintas, que a veces me olvido quién soy o qué es lo que me gusta. Hay veces que me gusta más una cosa y hay veces que me gusta más otra. Yo siento que lo divido en personalidades, pero vos me lo explicaste de otra manera, como que son múltiples facetas. Y puede ser que así sea más yo.

—¿Te cuesta encontrar tu verdadero yo?
—Por ahora sí. Últimamente me está costando un poco.
—Y ahora se suma la faceta de famoso también.
—Exacto. Me cuesta conectar la faceta de famoso con quién soy realmente yo. Pero creo que le doy mucha más importancia de la que debería; por ahí relajarme, soltarme y fluir sería mucho más sencillo.
—¿Crees que fue un problema no encontrar tu verdadero ser?
—Sí, creo que siempre es un problema eso. Pero todavía no le di la importancia que merece. Antes de entrar quise dedicarle mucho tiempo a conocerme mejor para manejar diferentes situaciones y no le dediqué nada de tiempo al programa porque me parecía más importante saber quién era la persona que iba a entrar a esa casa.
—¿Qué descubriste ahí?
—La sensibilidad. En algún sentido, nunca me había pasado de ver una foto de mis papás, de mi hermano que no la había visto hace un mes y sentir ganas de llorar y de abrazarlos. Para mí fue muchísimo y había estado un mes y una semana afuera. No fue tanto, pero se potencian tanto las emociones que no sé. También siempre sentí que fui muy frío y en realidad dentro de la casa tenía muchas ganas de estar con gente, de abrazarme, como que siempre estaba dando cariño.
—¿Te sirvió analizarte antes de entrar para descubrir nuevas facetas que antes no conocías?
—No descubrí nada, pero lo estaba haciendo solo. Creo que si me hubiesen ayudado y me hubiesen dado un par de cachetadas para decirme por dónde ir, hubiese sido más fácil.
—¿Creés que eso es lo que te falta para encontrar tu verdadero ser?
—Sí, por lo menos ahora, que vengo en un periodo de bajones en el que tenemos que sonreír mucho y eso me cuesta un poco. En realidad soy una persona que se ríe de todo y disfruto mucho de estar en cualquier lugar, pero ahora no estoy pasando por muchas buenas.
—Es medio falso.
—Puede ser que a veces tenga que tomar decisiones que no quiero o estar en lugares que no tengo muchas ganas, y ahí extraño estar en mi ambiente cómodo de Salta. No digo que esté mal todo lo que está pasando, tengo que acostumbrarme a este ritmo, porque es muy nuevo. Soy muy dramático y catastrófico con todo lo que me pasa, a veces estoy rodeado de situaciones muy buenas y no veo ninguna, entonces me nublo en pensamientos que solamente tengo yo y que no me dejan avanzar.
—Y fuera de lo que me está pasando ahora, ¿tenés esa persona que te hace ver las cosas buenas?
—Sí, mi mejor amiga es mi confidente, sabe todo de mí, y es la persona que me da la respuesta que necesito, que me dice lo que quiero escuchar. Porque entre miles de voces que te dicen lo que todo el mundo repite, siempre hay algo que quieres escuchar que no sabes qué es. Hasta que alguien te lo dice.
Fotos: Candela Teicheira