Marcelo Carro entró a Gran Hermano dispuesto a hacer un cambio radical en su vida. A sus 35 años, ya había quedado lejos en el tiempo aquella adolescencia de sacrificios, ayudando a su padre en su trabajo mientras moldeaba el sueño de ser futbolista profesional. Cuando le faltaba poco para llegar a primera, se dio cuenta que no le alcanzaba y pegó un volantazo. Se formó en Planificación Logística, consiguió un trabajo estable e ingresó en la a veces peligrosa zona de confort.
Gran Hermano fue la huida hacia adelante que encontró para sortear la monotonía. Había estado cerca en el casting para la edición que consagró a Marcos Ginocchio y volvió a intentarlo en la siguiente, aunque tuvo menos suerte. La tercera fue la vencida y entró al repechaje en un salto sin red. Renunció a su empleo como quien quema las naves, dispuesto a tomarse la aventura muy en serio.
En su visita a Infobae, Marcelo repasa sus días en el reality y analiza su estrategia planteada para convertirse en el malo de la película. Pero también abre la puerta a su intimidad hasta ahora desconocida. La eterna gratitud con sus padres, la cultura del trabajo como lema y la frustración que sintió vio que su carrera como futbolista se desmoronaba antes de empezar.

—¿Cómo fue tu experiencia jugando al fútbol?
—Empecé de muy chico, en clubes de barrio de Lanús. Después jugué en inferiores en varios clubes hasta que llegué a reserva en Barracas Central. Tenía 20 años cuando me di cuenta que no iba a llegar a primera, y decidí encarar la vida para el otro lado.
—Leí que te sentías un futbolista frustrado.
—Sí, los que amamos el fútbol tenemos ese sueño de trabajar de lo que uno ama; creo que lo más lindo es hacer algo que a uno le gusta y poder vivir de eso. Pero en mi caso, obviamente no se cumplió.
—¿Cómo te sentiste cuando te diste cuenta que no ibas a poder cumplir ese sueño?
—Uno se pone mal, pero tiene que tratar de cerrar el capítulo, porque la vida sigue y hay otras cosas que no pueden esperar. Uno se va dando cuenta que en el fútbol si no llegás a ser profesional de muy joven, es como que ya está.
—Lo decís todo muy rápido, pero imagino que esos cambios habrán sido bastante difíciles.
—Sí, demasiado. Terminé el colegio, ayudaba a mi papá en el trabajo, y cuando las cosas no te salen, uno se frustra y la mochila se hace muy pesada. Parece rápido porque ves la película hacia atrás, pero si me transporto a esos momentos, fue complicado.

—¿Y cómo se sale de esa frustración?
—Trabajando día a día, apoyándose en la familia, en la gente que uno quiere, en los amigos. Y también pensando en que lo que pasa, pasa por algo. Por lo menos esa es mi manera de ver y siempre traté de ir para adelante y haciendo las cosas bien, porque al final siempre va a haber recompensa.
—¿A qué se dedican tus papás?
—Hoy en día ya son jubilados. Mi papá en su momento tenía un reparto, él no llegó a terminar el colegio, siempre tuvo trabajos forzosos y yo lo ayudaba. Y mamá siempre fue ama de casa. Ahora están jubilados, obviamente con la mínima y es un tema complicado. Yo los ayudo con alegría, porque les debo todo. Uno de mis sueños era poder tener una exposición, y ganar Gran Hermano para poder ayudarlos con el premio.
—¿Ayudaste a tus papás desde chiquito?
—Sí, cuando empecé a trabajar mi viejo y después con otros laburos míos, siempre la idea era ayudarlos a ellos, porque había veces que no les alcanzaba. Además, mi papá tiene un tema de salud.
—¿Se puede saber qué tiene?
—Él es asmático desde que nació y tiene que andar siempre con medicamentos, por lo que con mi hermana tratamos de estarle atrás y ayudarlo para que esté mejor posible.

—¿Él hacía trabajos de fuerza?
—Sí, muchas horas de trabajo, siempre levantarse a las 2 o 3 de la mañana, acostarse a las 10 de la noche. Llegó a tener tres trabajos para que no nos falte nada. Y nunca nos faltó, aunque no pudimos pegar un salto ni ser clase media o alta. Siempre se preocuparon para que nos podamos desarrollar y por eso trato de devolverles un poco de lo que hicieron.
—¿Qué edad tenías cuando empezaste a ayudarlo?
—13 años. Nunca dejé el colegioe, pero en todos los veranos era fijo trabajar con él y durante el año los fines de semana, o cuando no tenía clases. A los 18 o 19 me fui a trabajar para una empresa de manera independiente, que me generaba más y los podía ayudar mejor. A medida que pasaba el tiempo, veía que trabajaba muy bien, y todos me decían que me faltaba la parte profesional. Entonces empecé a estudiar Licenciatura en Planificación Logística, una carrera medianamente nueva con buena salida laboral. Me recibí después de siete años y estudié un máster internacional que todavía tengo que ir a buscar.
—¿Te gustaba acompañar a tu papá y ayudarlo desde tan chico?
—Al principio lo veía como una aventura, era divertido. Pero a medida que vas creciendo te empieza a molestar un poco levantarte muy temprano, hacer trabajos de mucha fuerza. Yo igual siempre trataba de meterle una cuota de cabeza, de llevar un análisis y un registro. Y también a veces es difícil trabajar todo el día con tu familiar.
—¿Te dabas cuenta que estabas trabajando para ayudarlo o lo veías de otra manera?
—Me daba cuenta porque en mi familia somos todos de clase trabajadora. Y lo tomaba como una formación, porque te da mucha experiencia estar en la calle, tratar con otras personas y sabía que así estaba formando herramientas para el futuro.

—Pasemos a otro tema. Dijiste que estás soltero. ¿Cuántos años tenés?
—35.
—¿Te pesa un poco la edad?
—No, para nada. Así como trabajé desde muy chico, también salí a bailar mucho y para mí la edad es un número, depende cómo se siente cada uno. No tengo ni apuro ni estoy cerrado a conocer a alguien, estoy tranquilo. Yo renuncié a mi trabajo anterior para entrar a Gran Hermano, así que con esto de la exposición y las puertas que se abren, estoy muy enfocado en lo laboral. No estoy desesperado en salir de joda, porque tuve una vida en la que la pasé bien y no me puedo quejar.
—¿Cómo era tu trabajo?
—De jefe de logística en un hospital. La verdad que estaba bien, la empresa es diez puntos y no puedo decir nada. Pero sentía que con el tipo de exposición que iba a tener en Gran Hermano, no iba a poder volver a trabajar ahí, porque es una empresa muy seria. Y también lo tomé como un desafío de salir de la zona de confort y hacer un reseteo de vida. Si existía alguna posibilidad de volver, sabía que acá no lo iba a dar todo, como que tenía un salvavidas. Al hacerlo bajo presión, le tengo que dedicar el 100%.
—¿Ya venías con esa idea de resetear tu vida?
—Yo estuve muy cerca de entrar al Gran Hermano que ganó Marcos. Entonces me planteé que si en algún momento se daba, iba a hacer un reseteo. Tengo 35 años, trabajo desde los 13 siempre con el mismo estilo de vida, muy estructurado, y tenía ganas de probar otra cosa. Llegó el momento, fue complicado y sabía que corría riesgos al entrar a la mitad del juego. Pero por algo se dio y lo aprovecho a full.

—¿Por qué pensás que te eligieron esta vez?
—En el primer casting avancé bastante, pero creo que al no venir del ambiente, y no tener contactos, capaz pensaron que no era el ideal y cuando tuvieron que elegir me ganaron por muy poco. El Gran Hermano siguiente fue mucho más explosivo, de enfrentamiento, y en mi caso soy más de estrategia, de juego, un actor intelectual y creo que iba mejor para esta edición.
—Contaste que te propusiste entrar como un villano. ¿Te ves como villano?
—No, villano siempre en el sentido de juego. Yo me considero buena persona y me lo dicen todo el tiempo. A mí me apasiona Gran Hermano y lo que intenté hacer, que creo que lo logré aunque no sé si se vio mucho, era siempre como sembrar una semillita, una duda, una pregunta para que los otros se peleen. Entonces eso siempre hace ver a uno como un villano, pero de una historia bien contada, al revés de lo que se dice siempre.
—¿Cuesta mostrar el verdadero ser adentro de la casa?
—Sí, cuesta. El entrar y vos capaz tenés pensado algo y ves a una persona. Lo demás después te lleva a otra cosa. Porque hay una cuestión obvia que es la piel y la energía que tenés con la persona. Y vos podés decir “yo con este no me quiero juntar”, pero la verdad que te llevás excelente, entonces es muy difícil. Y cada actitud o lo que va pasando te va llevando a otra cosa, te maquinás la cabeza todo el tiempo y es muy difícil ser uno mismo.
—¿Cómo se tomaron tus papás cuando dijiste que ibas a entrar a Gran Hermano?
—Ellos más o menos lo venían amasando, pero mucho no les gustó. O sea, toda mi familia y amigos en general, son muy de perfil bajo, no les gusta la exposición ni ese tipo de reality. Pero después me entendieron, obviamente lo que no quieren es que uno sufra o que la pase mal, y no sabían que estaba preparado mentalmente para resistir lo que venga.
—¿Tuviste dudas?
—Dudas más que nada por la etapa del juego en la que ingresaba. Ni bien entré me pregunté qué estaba haciendo ahí, porque es muy complicado, pero en líneas generales estaba seguro.

—Es increíble que venís pensando desde hace un montón. Entrar, ingresar y de golpe tener que renunciar a tu trabajo, cambiar tu vida y cambiar también la de tu círculo.
—Absolutamente todo eso, porque una vez que se decide el ingreso tenés poco tiempo para hacer todo. Y yo, por lo general, siempre quiero hacer las cosas lo más prolijo posible. O sea, quise renunciar con tiempo a mi trabajo, dejar las cuentas claras. La verdad que es muy loco y todos te lo dicen, pero el que no arriesga no gana.
—Dijiste que estás soltero. ¿Recibiste propuestas afuera de la casa?
—Sí, la verdad es que sí, recibí muchas propuestas. Algunas de personas conocidas, otras no tanto. No sé en qué va a terminar, pero la realidad es que también es muy difícil porque yo analizo mucho y hay que ver si la persona que se acerca es porque ahora sos "Marce de Gran Hermano", entre comillas, porque yo no me siento tampoco un conocido o un famoso. Entonces también es un tema cómo conocerse y ver si la persona está interesada realmente en uno o solo porque es un poco conocido.
—¿Crees que pesa bastante eso?
—No, yo creo que con el tiempo te das cuenta qué es lo que busca la persona. Solamente es tener cuidado, porque capaz gente que me tenía en las redes sociales y nunca me daba bola, ahora me escribe. Y obviamente están los que no te conocían y ahora te hablan, pero eso tiene más lógica. Hay de todo.
—Dijiste que se te acercaron personas conocidas... ¿Querés darme un nombre?
—Algunas chicas importantes del rubro de chimentos... Es muy loco, porque uno jamás piensa que va a poder a llegar a esos niveles, pero por ahora son charlas y no hay nada concreto. Después prometo que les diré si pasa algo.
—¿Te emociona este cambio de vida?
—Sí, es pura adrenalina porque no sé en qué va a terminar. O sea, me pasa que vamos organizando ahora los días, los programas, las marcas que se interesan en uno y no sé qué va a pasar mañana, qué proyecto se va a cerrar, cuál no. Entonces uno más o menos apunta a lo que hizo en su vida o lo que trata de hacer. Yo estudié modelaje, y ahora tengo un desfile importante, entonces ahí ya tengo una ventaja, pero me gustaría hacer teatro. También me encanta hablar, hacer streaming, pero la verdad no sé cómo puede terminar todo esto.