Un error frecuente entre usuarios de iPhone puede estar perjudicando la batería de sus dispositivos sin que lo noten. La costumbre de desactivar el WiFi mediante el acceso rápido del Centro de Control parece suficiente para reducir el consumo energético, pero esta acción no apaga completamente el módulo inalámbrico.
El teléfono sigue trabajando en segundo plano, lo que puede repercutir notablemente en la autonomía, sobre todo en equipos con baterías ya degradadas. Desde la llegada de iOS 11, la forma en que los iPhone gestionan las conexiones inalámbricas cambió. Tocar el ícono del WiFi desde el Centro de Control solo desconecta al dispositivo de la red actual, pero no apaga el módulo.
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Así, el sistema continúa utilizando energía para buscar redes, administrar conexiones conocidas y ejecutar funciones como AirDrop o mejorar la precisión de la ubicación.
Cuál es el impacto de dejar el WiFi activo en iPhone
Aunque el usuario crea que al desconectar el WiFi desde el acceso rápido logra un ahorro de batería, en realidad el consumo se mantiene, aunque sea bajo y constante. El teléfono sigue buscando redes disponibles y ejecutando tareas asociadas al módulo inalámbrico. En jornadas largas o en dispositivos con batería desgastada, este gasto acumulado puede traducirse en menos horas de uso.
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El sistema de accesos rápidos implementa una desconexión temporal. Si no se apaga desde el menú de Ajustes, el WiFi permanece en un estado intermedio: no conecta automáticamente a redes, pero sigue activo internamente. Solo desactivándolo completamente desde Ajustes se detiene del todo el consumo asociado.
Este comportamiento no representa un gasto energético elevado de forma aislada, pero sí persistente. Al sumar otros factores como brillo alto, aplicaciones en segundo plano, servicios de ubicación, Bluetooth o malas condiciones de señal, el resultado puede ser una batería que se agota más rápido que lo esperado.
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El iPhone mantiene activo el módulo WiFi aunque el usuario lo desconecte desde el Centro de Control, lo que implica que el dispositivo sigue realizando procesos de búsqueda y gestión de redes, afectando la duración de la batería, especialmente cuando ya presenta desgaste.
Cómo desactivar correctamente el WiFi para proteger la batería
Para evitar este consumo innecesario, el usuario debe realizar un paso adicional: ingresar en el menú de Ajustes y apagar el WiFi desde allí. Aunque parezca una diferencia menor, solo así se apaga completamente la interfaz inalámbrica y se eliminan los procesos de fondo que pueden drenar la batería.
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Muchos usuarios omiten este paso por comodidad o desconocimiento, confiando en el acceso rápido. Sin embargo, esa práctica deja el dispositivo en una situación de consumo constante, aunque no esté conectado a ninguna red.
Otra alternativa es automatizar el encendido y apagado del WiFi para no depender de recordatorios manuales. La propia app Atajos del sistema permite crear rutinas personalizadas que activan o desactivan el WiFi según la ubicación o el horario. Así, es posible configurar el iPhone para que encienda el WiFi al llegar a casa o al trabajo, y lo apague automáticamente al salir.
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El estado de la batería y otros factores clave
El impacto de estas configuraciones depende directamente del estado de la batería. Las de ion de litio pierden capacidad máxima y eficiencia con el tiempo, lo que reduce la autonomía diaria. Los usuarios pueden consultar la salud de la batería en el apartado correspondiente de Ajustes, que indica el porcentaje de capacidad máxima respecto a cuando era nueva.
Si el valor cae por debajo del 80%, suele ser necesario cargar el dispositivo más de una vez al día, incluso con un uso moderado.
Además del WiFi, otros factores inciden en el consumo energético del iPhone. El brillo de la pantalla, sobre todo cuando se encuentra en niveles altos, es el componente que más energía demanda. Las aplicaciones que operan en segundo plano, el uso constante del Bluetooth, la localización activa y la conectividad móvil en zonas de baja señal también contribuyen a reducir la autonomía.
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Las funciones automáticas del sistema, como la actualización de aplicaciones o la sincronización en la nube, pueden operar sin que el usuario lo perciba, generando un consumo adicional. Por eso, es recomendable revisar qué aplicaciones tienen permitido actualizarse en segundo plano y limitar la localización solo a las apps necesarias.
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