
En el último año, la órbita baja terrestre ha experimentado una transformación sin precedentes, marcada por el crecimiento vertiginoso de la constelación de satélites Starlink y los desafíos asociados a la gestión del tráfico espacial.
Ante incidentes recientes y riesgos crecientes, SpaceX, la empresa detrás de Starlink, ha tomado la decisión de modificar la altitud de miles de sus satélites, buscando reducir la congestión orbital y evitar escenarios de colisiones en cadena.
Qué está pasando en el espacio con la saturación de satélites
La órbita baja terrestre, comprendida entre los 200 y 2.000 kilómetros sobre el nivel del mar, se encuentra hoy en niveles de ocupación sin precedentes. Actualmente, existen más de 14.000 satélites en esta región, de los cuales más de 9.000 pertenecen al sistema Starlink, según cifras divulgadas por la propia compañía.
Los planes de SpaceX prevén incrementar esta cifra hasta superar los 40.000 satélites en los próximos años, consolidando a la red como la infraestructura de telecomunicaciones espaciales más extensa del planeta.
Esta densidad ha traído consigo nuevos retos. En las últimas semanas, se registraron dos incidentes críticos: la explosión de un satélite Starlink, que generó fragmentos de basura espacial, y un acercamiento extremo de solo 200 metros entre un satélite Starlink y uno chino recientemente lanzado.
Este último episodio puso en evidencia la fragilidad de la coordinación internacional en el espacio, con SpaceX acusando a la contraparte china de falta de comunicación en la logística de lanzamientos.
Las empresas del sector identifican en estos hechos señales preocupantes de un fenómeno conocido como Síndrome Kessler. Este concepto describe una posible reacción en cadena donde la colisión de objetos en órbita genera más escombros, elevando drásticamente la probabilidad de nuevos impactos y volviendo inhabitables ciertas franjas orbitales. El temor a que una simple colisión derive en una catástrofe mayor ha impulsado a SpaceX a anticipar medidas contundentes.
Cuál es el plan de Starlink para reducir la altura orbital de sus satélites
Frente a este panorama, Starlink ha anunciado un plan de reconfiguración sin precedentes: reducirá la altura orbital de 4.400 de sus satélites operativos, que pasarán de los 550 kilómetros actuales a una nueva cota de 480 kilómetros. La maniobra, programada para ejecutarse a lo largo de 2026, responde a una estrategia de seguridad preventiva, estrechamente coordinada con el Comando Espacial de Estados Unidos (USSPACECOM) y otros reguladores internacionales.

Michael Nicolls, vicepresidente de ingeniería de SpaceX, explicó en la red social X que esta reconfiguración busca “aumentar la seguridad espacial de diversas maneras”.
Entre los argumentos técnicos destaca el efecto inminente del denominado Mínimo Solar, una fase del ciclo de once años del Sol caracterizada por bajos niveles de actividad magnética y radiación. Durante este periodo, previsto para intensificarse hacia el final de la década, la atmósfera terrestre se enfría y se contrae, disminuyendo su densidad en las capas superiores.
Esto reduce el llamado “drag” o fricción atmosférica, una condición que prolonga drásticamente la permanencia de satélites muertos y escombros en órbita, pues tardan mucho más en frenar y reingresar a la atmósfera para desintegrarse.
Starlink busca contrarrestar este efecto mediante el descenso de su flota. Según los cálculos de la compañía, bajar la altitud de operación permitirá que el tiempo de decaimiento balístico se reduzca en más de un 80 % durante el Mínimo Solar.

Un satélite inactivo a 550 kilómetros podría permanecer como residuo peligroso durante más de cuatro años; a 480 kilómetros, ese mismo objeto se desintegraría en apenas unos meses. Así, la compañía espera limpiar el entorno orbital de forma mucho más eficiente.
La elección de la nueva altitud responde además a un análisis estratégico del tráfico espacial. Por debajo de los 500 kilómetros, la cantidad de constelaciones planificadas y de escombros catalogados es considerablemente menor que en cotas superiores. Esta menor densidad supone una reducción relevante de la probabilidad total de colisión, favoreciendo la seguridad de los activos espaciales y de la infraestructura global de telecomunicaciones.
Un contexto que demuestra lo que pasará con Starlink en 2026. La constelación ya supera los 9.000 satélites plenamente funcionales, y la empresa reporta solo dos unidades inoperativas en toda su flota, lo que evidencia un nivel de fiabilidad notorio. No obstante, la compañía reconoce que, ante cualquier falla, el objetivo prioritario es que los satélites muertos abandonen la órbita lo antes posible.
“Estas medidas mejorarán aún más la seguridad de la constelación, especialmente ante riesgos difíciles de controlar, como maniobras descoordinadas y lanzamientos de otros operadores de satélites”, aseguró Michael Nicolls.
La colaboración con organismos regulatorios y la transparencia en las maniobras refuerzan el compromiso de SpaceX con una gestión responsable del espacio ultraterrestre.
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