
Por inofensivos que parezcan, los cargadores de dispositivos móviles, especialmente aquellos que imitan ser originales sin serlo, pueden representar un problema en términos de eficiencia energética y seguridad para los usuarios.
A pesar de que muchos de estos accesorios presentan el logotipo del fabricante, su funcionamiento no siempre se ajusta a los estándares definidos por las marcas oficiales. Esto puede derivar en un consumo energético mayor al necesario, incluso cuando no se está cargando ningún dispositivo.
Un cargador está compuesto por una fuente de alimentación que transforma la corriente alterna del suministro eléctrico en corriente continua, adecuada para alimentar teléfonos, tabletas u otros dispositivos electrónicos. Sin embargo, cuando un cargador no original carece de componentes adecuados o certificados, el proceso de conversión puede resultar ineficiente.

Esto significa que parte de la energía que se toma de la red eléctrica se desperdicia en forma de calor o se utiliza sin necesidad cuando el dispositivo no está conectado.
Cómo saber si un cargador está consumiendo más energía de lo normal
Una de las señales más evidentes de que un cargador podría estar consumiendo energía de manera innecesaria es el calentamiento sin uso. Si al tocar el cargador se percibe calor, aun cuando no hay un dispositivo conectado, es probable que esté absorbiendo energía de la red.
En condiciones normales, un cargador original y certificado debería registrar un consumo mínimo o nulo cuando no está en funcionamiento activo.

Otro indicador clave es el tiempo de carga. Un cargador de baja calidad puede tardar más en completar la carga de un dispositivo o no lograrlo de forma estable, lo que obliga a mantenerlo conectado durante más tiempo.
Este comportamiento también implica un mayor consumo energético, ya que el sistema trabaja por más tiempo para cumplir una función que un cargador eficiente resolvería en menor periodo.
El etiquetado es otro elemento importante para detectar cargadores de alto consumo. Los cargadores originales suelen especificar claramente el voltaje y el amperaje de salida (por ejemplo, 5V – 2A). Si esta información está ausente, borrosa o mal impresa, existe la posibilidad de que se trate de un producto no certificado.

Además, algunos cargadores falsificados simulan estas especificaciones sin cumplirlas, lo que puede observarse si se compara su rendimiento con el de un cargador verificado.
En este sentido, los medidores de consumo eléctrico permiten observar cuánta energía está consumiendo el cargador en tiempo real. Estos instrumentos ofrecen una lectura del gasto en vatios, lo cual facilita identificar si hay consumo cuando no se debería.
En pruebas domésticas, un cargador original certificado suele registrar un consumo inferior a 0,1 vatios en reposo, mientras que algunos cargadores no oficiales superan los 0,5 vatios en las mismas condiciones.

Otro aspecto relevante es el uso de materiales. Cargadores no originales pueden incorporar transformadores de baja calidad, lo que incrementa las pérdidas por calentamiento y reduce la vida útil tanto del cargador como del dispositivo que se conecta.
También es común que no cuenten con mecanismos de protección contra cortocircuitos o sobrecargas, lo que agrava el riesgo eléctrico.
En América Latina, la ausencia de normativas estrictas sobre comercialización de accesorios electrónicos facilita la circulación de cargadores que imitan a los originales sin cumplir los requisitos técnicos mínimos. Si bien algunos países han avanzado en regulaciones, el control efectivo de estos productos sigue siendo limitado, lo que traslada al usuario la responsabilidad de verificar su procedencia y funcionamiento.

Identificar si un cargador consume más energía de la necesaria implica observar su comportamiento en reposo, verificar la información técnica impresa y, si es posible, usar herramientas de medición. La diferencia entre un cargador certificado y uno no oficial no siempre es visible a simple vista, pero puede tener consecuencias tanto en el consumo eléctrico como en la seguridad del usuario.
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