Vigilia en San Andrés de Giles: la imagen de los hijos de veteranos, 649 antorchas y el espíritu de Malvinas a flor de piel

La de anoche fue la edición 28 de la vigilia que organiza un grupo de ex combatientes del conflicto de 1982. Hubo desfiles, bandas, exposiciones y los protagonistas de la velada: los veteranos de guerra

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Los rostros del futuro. Hijos
Los rostros del futuro. Hijos de veteranos con la histórica bandera de "Malvinas Volveremos"

Emocionaba contemplar el palco levantado en la esquina de Urquiza y Rivadavia, en la plaza Julio Saraví, en San Andrés de Giles. Un nutrido grupo de jóvenes y niños sostenían una larga bandera con la leyenda “Malvinas Volveremos”.

Ellos no son niños elegidos al azar: son hijos de veteranos de Malvinas. Este año se cumplen 43 años del conflicto y los organizadores sostienen un argumento lógico: que los veteranos se están yendo y son sus hijos y nietos los que deben tomar la posta para mantener viva la llama de la verdad, la memoria y la soberanía argentina de las islas.

En el izamiento de la
En el izamiento de la bandera, se ve a la imagen de la Virgen de Fátima, que estuvo acompañando a los soldados en Malvinas

Con la sola iluminación de 649 antorchas que simbolizaban a cada uno de los caídos, a las cero hora del 2, el himno entonado a capela –”como lo cantamos allá cuando pisamos las islas”- fue el momento culminante de la edición 28 del acto que una incansable comisión de veteranos y organizaciones intermedias organizan la vigilia “Malvinas, San Andrés de Giles te canta”.

Desde las primeras horas de la tarde del 1, la plaza se transformó en una exposición donde Malvinas es el denominador común: un veterano que se dedica a hacer réplicas de armamento, exposición de vehículos militares, stands donde se venden libros, calcomanías, un artista plástico pinta un mural y hasta un veterano llamado Carlos Ferrón que lanzó una marca de vino al que llamó “Los Caídos. Muchos dimos algo. Otros lo dieron todo”. En un colegio cercano hay una exposición de elementos, efectos personales de veteranos y muchas fotografías de la guerra y de las islas.

Francisco José Luna, soldado que combatió como artillero en Darwin, desde fines de la guerra lo convocaron a dar charlas en las escuelas. Como les costaba explicarles a los chicos cuestiones básicas de la guerra, entendió que mostrando uniformes, armamentos, comprenderían mejor la historia. Hace ya treinta años que empezó a armar lo que hoy es una sorprendente colección de cascos, equipos, armamento, equipos de radio y publicaciones, algunas que le donaron y otras que compró -como el caso de las increíbles réplicas del Crucero General Belgrano, el portaaviones 25 de Mayo y el Monsumen, una pequeña nave usada como transporte en las islas, que conforman lo que él bautizó como el Museo Itinerante Héctor Bordón, uno de los primeros caídos cuando los británicos comenzaron a bombardear las posiciones argentinas el 1 de mayo.

El veterano Francisco Luna, frente
El veterano Francisco Luna, frente al material que recoletó durante treinta años y con el que formó un museo itinerante

Luna confesó que para él “Malvinas es todo”, y sus hijos Juan Manuel y Facundo tienen el encargo que, cuando muera, deben llevar sus cenizas a Pradera del Ganso, y está seguro de que lo harán.

Los veteranos se reconocían, se saludaban, se reencontraban en interminables abrazos. Entre ellos el correntino Ernesto Peluffo, quien combatió como subteniente en el Regimiento de Infantería 12, que vio morir al teniente Roberto Estévez, que estaba a su lado y él mismo salvó milagrosamente su vida cuando un proyectil rozó su casco y solo le afectó el cuero cabelludo y su oreja derecha. Recordó al soldado Juan Silva, quien fue quien lo asistió. “No se preocupe, mi subteniente, es cuero nomás”, lo tranquilizó al ver la herida.

Los veteranos desfilaron hacia el
Los veteranos desfilaron hacia el palco, y recibieron el afecto y el reconocimiento de la gente

A Peluffo le gusta escribir. Tiene una zamba que tituló “Infante malvinero” y durante la vigilia recitó su poesía “Heroico soldado de Malvinas”. Dice que es su forma de rendir homenaje a los caídos y el camino que eligió para mantener viva la memoria.

En la confitería de la esquina, Infobae compartió una mesa con Víctor Hugo “Chuly” Rodríguez, que al momento de la guerra era un experimentado teniente primero de 32 años y que implementó una instrucción exprés a la sección de cuarenta soldados con los que combatió en Malvinas, a los que no conocía, porque había llegado pocos días antes al Regimiento de Infantería 3.

Lluvia de papelitos celestes y
Lluvia de papelitos celestes y blancos. Fue en el cierre del acto, en los primeros minutos del 2 de abril

Rodríguez los concientizó sobre la guerra, y admitió que era muy duro cuando les hablaba. Siempre se reúnen, son amigos, tienen un grupo de WhatsApp. Las anécdotas se sucedían entre Ernesto “Mono” Paz, Julio Benítez y Donato Faretta, quien su papá se enfermó cuando se enteró que su hijo iba a la guerra. Es que el hombre sabía lo que se trataba: él también era veterano de guerra. Rodríguez se ríe cuando escucha cuando alguno de sus antiguos soldados le sigue diciendo “mi teniente primero”.

En otra punta de la plaza, que al atardecer era un hervidero de gente, José Campos, que él mismo se describe como “el soldado muralista”, desde que terminó la guerra se dedica a la pintura. Explicó que en sus obras el soldado argentino siempre está de pie, en posición de combate, y explicó que pinta hechos de la guerra porque “duele recordar, pero más duele olvidar”.

Del tradicional izamiento de la bandera participaron cuatro hijos de caídos: Santiago Martella, cuyo padre, el teniente Luis Carlos Martella; Leandro de la Colina, hijo de Rodolfo de la Colina, piloto del Escuadrón Fénix; Ezequiel Martel, hijo del capitán Rubén Héctor Martel, piloto de Hércules y Carlos Pereyra, cuyo papá fue Carlos Misael Pereyra, comando del Escuadrón Alacrán, de Gendarmería.

Los veteranos marchando en medio
Los veteranos marchando en medio de las antorchas, que simbolizan a los caídos en la guerra

Antes había hecho su ingreso un grupo de jóvenes, nucleados en Nuestra Señora de la Cristiandad, que habían salido por la mañana de la Basílica de Luján y que en procesión llegaron caminando a San Andrés de Giles, llevando la imagen del Sagrado Corazón.

También presidió la ceremonia la imagen de la Virgen de Fátima, quien estuvo en las islas acompañando a los soldados, y que hace un año que fue localizada y, desde entonces, también preside junto a la imagen de la Virgen de Luján, de los actos conmemorativos.

A minutos de la medianoche, los veteranos marcharon hacia el palco. Luego del tradicional toque de silencio, en homenaje a los murieron en las islas, los veteranos Marcelo Alvarado, Manuel Villegas y Emilio Samyn Ducó participaron de la reafirmación de la jura de la bandera.

El de San Andrés de Giles es el puntapié inicial tradicional de los actos que durante el 2 de abril se suceden en todo el país. A las 17 horas se celebrará la histórica misa que organiza hace más de 30 años la Comisión De Familiares de caídos en Malvinas e islas del Atlántico Sur, en la catedral metropolitana, y luego marcharán desde la catedral hasta el Cenotafio de Retiro, acompañados por la banda del Patricios.

Asimismo, en el Museo Nacional Malvinas e Islas del Atlántico Sur, Calzadilla 1301, CABA, hoy a partir de las 11:30 horas habrá actividades conmemorativas.

Al final de la vigilia, hubo entregas de estatuillas que personifica al soldado Jorge Alfredo Maciel, oriundo de Giles, que fue voluntario a la guerra y que cayó la noche del 11 de junio. Fue condecorado con la medalla de la Nación Argentina a la Heroica Muerte en Combate. Infobae fue distinguido con una estatuilla por la difusión de las historias relacionadas a Malvinas.

En el cierre Alberto Puglielli, veterano del Regimiento 6, alma mater de la vigilia, agradeció la presencia de los veteranos y de todos los presentes.

Hay hijos, y también nietos
Hay hijos, y también nietos que acompañaron a padres y abuelos que combatieron en las islas

También se afirmó que “el hoy es el mañana q ayer soñamos nosotros”. Todas las miradas confluyeron en el palco, donde los hijos de los veteranos asumían el compromiso de mantener viva la llama de Malvinas, un sentimiento nacional.