
Según el código penal existe el robo con fuerza y el robo con intimidación. Cuando no hay uso de la fuerza ni intimidación es apenas un hurto. Pero qué pasa cuando lo importante no es cómo se lo lleva sino lo que se lleva el delincuente. Esto le sucedió al médico infectólogo Tomás Orduna cuando el viernes por la tarde le sacaron un maletín de su auto. Para los ladrones solo se llevaron una computadora, para el médico se llevaron “su cerebro”. En la computadora tenía documentación, archivos de trabajo, investigaciones e información de pacientes entre otros contenidos, todos importantes.
El hurto ocurrió el viernes por la tarde en Callao y Tucumán cuando le sacaron el maletín que estaba en el auto, un Meriva del año 2005 sin alarma. “Eran las tres de la tarde y bajé unos minutos para darle algo a mi hija. Volví hice, unos metros y me di cuenta que se habían llevado el maletín”. Su desesperación fue mayúscula no por el valor económico de lo hurtado sino por el valor profesional. “Se llevaron una computadora viejita, una Asus del año 2016, modelo 515 sin valor comercial, pero también documentación, la billetera con las tarjetas, la matrícula médica y carpetas con información de pacientes”. Para Orduna lo más importante es recuperar la notebook. “Mis últimos seis meses de trabajo están ahí. Las clases que doy en la UBA, USAL y otras universidades, investigaciones que realizo en el hospital y hasta chats con pacientes”, detalla con una mezcla de impotencia y desesperación. “Si bien tengo un backup de algunos trabajos, en la computadora están los archivos activos de todo lo que estoy realizando ahora” dice y concluye con una frase demoledora “no solo son documentos, papeles y una computadora lo que se llevaron. Es como mi cerebro”.

Impotente por lo sucedido, Orduna decidió ofrecer una recompensa en caso de que alguien le devuelve sus pertenencias. Lo hizo mediante un audio que pronto se viralizó entre grupos de trabajo, chats de mamis, de alumnos y gente solidaria, algo que “en medio de la bronca me conmueve. Quedé golpeado”. El médico pide que si alguien sabe de su computadora la deje en la guardia del Hospital Muñiz donde fue y es uno de los médicos que salvó vidas en pandemia. “Si no quieren dejarla en el hospital, que la lleven a algún canal o a cualquier medio de comunicación. Solo quiero recuperar la notebook”.
El médico no fue la única víctima en la zona. Mientras hacía la denuncia en la comisaría otro hombre entró para denunciar que le habían sustraído computadora y celular. “Uno quisiera volver a esos tiempos que salías de tu casa solo con la billetera y las manos en los bolsillos. Pero ahora necesitamos más cosas que resultan imprescindibles en las tareas que realizamos. Entonces aparece un ladrón que te roba la computadora y quizá la revende por unos pocos pesos sin saber las horas de trabajo y la importancia de todo lo que se guarda ahí”.
Lejos de alguna teoría conspirativa por su papel como asesor durante la pandemia, Orduna asegura que fue un robo “al voleo”. “Pasó alguien con ganas de robar y me enganchó”, se lamenta y asegura que el tránsito en la zona favorece este tipo de delitos. Reconoce que se descuidó. Maneja un auto de hace 16 años sin alarma y su computadora tampoco cuenta con localizador. “Me descuidé, con tantas cosas estaba seguro de haber metido el maletín en el baúl. Estaba regalado”, se lamenta y no, no estaba regalado porque el problema no es si el médico se descuidó o no sino que alguien se llevó lo que no era suyo. Porque si encima que lo robaron se va a sentir culpable hay algo que anda muy mal en esta sociedad.
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