
Una familia dejó su vehículo a dos cuadras de la playa y puso los pies en la arena ingresando mediante un parador, en el cual no proyectan consumir. “Quizás el agua para el mate o alguna gaseosa, pero nada más", dice Omar Fernández, rosarino, quien arrastraba dos reposeras con su mano izquierda y la manija de una conservadora color azul con la opuesta, con la ayuda de su hijo más grande, quien aminoraba el esfuerzo de su padre.
El reloj indica que desde hace algunos minutos son las 11 de la mañana. Los Fernández, cuatro en total, vienen cargados: traen la sombrilla, la pelota, dos toallones, dos paquetes de galletitas, algunos juguetes para el más pequeño, bebidas y el almuerzo para toda la familia. “Vinimos una semana y todos los mediodías traemos la comida. Lo hacemos por dos motivos: primero para no cortar el día y tener que regresar a la tarde. Segundo para economizar al menos una comida ya que somos cuatro. Hoy trajimos un pedazo de vacío que hice ayer a la parrilla y está riquísimo”, contó el hombre de 47 años.
La imagen se volvió una constante en todo Pinamar, desde el Norte hasta Cariló, en donde las playas y sus contextos cambian pero persiste un gran porcentaje que, por comodidad y ahorro, no almuerza en los paradores y sí prepara de antemano lo que será un almuerzo “low cost”, a la sombra o al sol pero frente al mar.

“¿Querés un pedacito, amor?”, gritó un hombre desde un iglú clavado estratégicamente cerca de la orilla, a menos de 30 metros del muelle de Pinamar. Infobae es testigo de una escena repetida: el hombre saca un recipiente de metal, le quita la bolsa y le exhibe a su pareja porciones de tarta que guardó hasta hace un instante en su mochila. Desde la orilla, la mujer rechazó la oferta.
La tendencia responde a un escenario que los empresarios y comerciantes de Pinamar advirtieron desde el inicio de la temporada: “La gente vino, llenó los hoteles, pagó los alquileres y quizá algunas veces por semana sale a comer. Pero en lo que puedan van a ahorrar. Por eso salí a hacer promociones para captar a ese público”, sostuvo Gustavo Palmer, empresario bolichero, a Infobae. Guillermo, dueño de la hamburguesería Surfer, coincidió con Palmer: “La billetera está flaca y si hay un billete, se lo gasta poco”.
En el inicio de la quincena, Infobae realizó un relevamiento en donde fueron consultados algunos balnearios como El Atlántico, El Dorado, La Posta, Posta sur y Posta norte. En esos lugares, cada comensal gastaría -en promedio- un almuerzo, sin postre y sin alcohol, entre $ 700 y $ 900, dado que una hamburguesa cuesta entre 400 y 500 pesos, una gaseosa, $ 100, y un café puede comprarse a cambio de 90 pesos o incluso 95. La carpa, entre $1.800 y $2.500 a diario.

“No nos gusta venir y estar mirando cuánto gastamos o si en la cena consumimos dos gaseosas de más. No las consideramos vacaciones. Que traigamos el almuerzo a la playa responde a la simple acción de no desperdiciar la comida que compramos anoche y sí quizás ahí entra el concepto del despilfarro. O el ahorro en el buen sentido. ¿Para qué ir a comer cuatro hamburguesas si podemos traernos unos sanguchitos de milanesa y no irnos de la playa?”, explicó Rodolfo Núñez, empresario de La Plata, a Infobae.
Y si bien los comerciantes trazaron un acuerdo previo al desembarco turístico de vender a precios razonables, algunos paradores más “top” elevan los montos de sus opciones gastronómicas a raíz del público que los visita año tras años. En CR -meca de los políticos y empresarios en los 90- Terrazas del Alba o Marbella, se distingue esta variable.
En CR el día de carpa está 2.900 pesos y una minuta popular y sencilla como la milanesa de ternera con papas fritas, $ 600, más 100 de la bebida y 45 pesos del cubierto. En Terrazas del Alba, la carpa está 3.500 y comprar un licuado en su bar sale $ 220.

La opción que más se observa, la cual alimenta el concepto “low cost”, es la del pan lactal y el fiambre en variedades como jamón y queso, a veces tomate en rodajas, con mayonesa, ketchup y mostaza. La ronda se genera en pocos segundos, una conservadora puede servir como mesa y la familia completa abre los sobres, toma de a dos los panes y comienza el armado.
La Secretaría de Turismo del municipio informó que durante la primera semana de 2020 los números superan ampliamente los de 2019, con una variación que alcanza hasta a un 28% más de ocupación hotelera y alquileres en Pinamar, Cariló, Valeria del Mar y Ostende.
En cuanto al consumo, Juan Ibarguren, secretario de Turismo de Infobae, indicó que “los dueños de los comercios gastronómicos están felices porque tuvieron una gran semana”. Sin embargo, la cifra que comparará sólo el ítem de consumo en bares y restaurantes (respecto a 2019) se conocerá la próxima semana, con el primer corte turístico de temporada.
Fotos: Diego Medina
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