
Un equipo de investigadores identificó que la Tierra no solo mantiene una simetría entre los hemisferios norte y sur en la cantidad de luz solar que refleja: también presenta una división este-oeste en la que ambas mitades devuelven al espacio la misma radiación, un hallazgo que podría obligar a revisar modelos climáticos porque esa reflectividad influye de forma directa en el calentamiento global, según informó el portal especializado Phys.org
El trabajo, publicado en la revista científica Nature, analizó 25 años de datos —entre 2001 y 2025— obtenidos por los satélites CERES de la NASA, que miden cuánta energía solar regresa al espacio. A partir de esa base, los investigadores descompusieron el albedo —la fracción de luz solar que la Tierra devuelve al espacio sin absorberla— en categorías como la fracción de luz reflejada por océanos sin hielo y por masas continentales.
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La investigación reveló que una línea no advertida hasta ahora divide la Tierra en dos hemisferios este-oeste con reflectividad equivalente, aunque el mecanismo detrás de ese equilibrio aún no se comprende por completo. El equipo detectó esa línea de simetría a lo largo de los meridianos 27° este y 153° oeste, una división que atraviesa Europa y África y separa al planeta en dos mitades igualmente reflectantes.
Este fenómeno es estadísticamente improbable: según la publicación original, menos del 3% de las divisiones hemisféricas posibles logran una simetría de reflexión tan precisa como la observada en el meridiano 27° este.

Océanos y nubes, claves de la nueva simetría terrestre
Para alcanzar el resultado, el equipo, liderado por Jianhao Zhang de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos, comparó las categorías del albedo con ocho de los principales modelos climáticos y luego dividió digitalmente la Tierra en distintas secciones según la longitud para observar cómo cambiaba la luz reflejada a medida que se avanzaba por el planeta.
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La diferencia con la simetría norte-sur es que, en la nueva partición este-oeste, ambas mitades contienen fracciones casi idénticas de océano sin hielo. También muestran patrones similares de cobertura nubosa y de luz solar reflejada en cielos despejados.
Los investigadores describieron que esta “simetría hemisférica este-oeste de cielo completo coincide con simetrías cercanas en la fracción oceánica, el efecto radiativo de las nubes [su capacidad de bloquear o dejar pasar la radiación solar] y la reflexión en cielo despejado". Esa combinación da lugar a una “triple simetría” distinta de la ya conocida entre norte y sur.
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De acuerdo con la publicación, la simetría este-oeste surge de dos mecanismos de compensación. En el primero, el hemisferio oriental está dominado por nubes altas, mientras que el occidental lo está por nubes bajas, y la mayor reflexión que generan las primeras equilibra la que producen las segundas.
En el segundo, el hemisferio oriental concentra regiones oceánicas y cubiertas de hielo, más reflectantes por naturaleza, mientras que el occidental compensa con masas continentales sin hielo, cuya superficie devuelve una cantidad equivalente de radiación. Los componentes son distintos en cada mitad, pero la cantidad total de luz devuelta al espacio es la misma.
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El hallazgo amplía un enigma previo: los hemisferios norte y sur reflejan cantidades iguales de luz solar pese a tener masas continentales y patrones meteorológicos diferentes, en especial en la distribución de nubes. La existencia de una segunda línea de equilibrio refuerza la idea de que el sistema climático global organiza su reflectividad con reglas que todavía no se comprenden por completo.

El albedo y su impacto en el calentamiento global
El albedo terrestre refleja cerca del 29% de la radiación solar entrante, y esa proporción condiciona cuánta energía queda disponible para calentar el planeta. Comprender qué sostiene ese equilibrio reflectivo tiene implicancias directas sobre las proyecciones de calentamiento global.
Los autores también detectaron que la línea de simetría este-oeste cambia ligeramente de un año a otro y que esa variación está vinculada al ciclo de El Niño-Oscilación del Sur, el fenómeno que altera periódicamente las temperaturas del océano Pacífico y la circulación atmosférica. Esa conexión sugiere que la simetría no es fija, sino que responde a cambios en los patrones meteorológicos globales.
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La comparación con los modelos climáticos reveló que muchos de los actuales no reproducen la simetría este-oeste observada en los datos reales. Por eso, el equipo propuso que las próximas versiones incorporen esta característica para mejorar sus predicciones.
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